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Las dos partes, desde la ceguera política de Rajoy a la falta de cordura del soberanismo, pueden provocar el 'España se rompe', aunque Cataluña también

Jordi García-Soler

España se rompe, pero Cataluña también, por el proceso soberanista. Imagen de la manifestación convocada por Societat Civil Catalana el domingo en Barcelona. Foto: EFE/

Barcelona, 09 de octubre de 2017 (13:20 CET)

De tanto repetir aquello de “España se rompe”, al fin están a punto de lograrlo. Hoy España es ya una sociedad seriamente fracturada. Pero esta fractura tiene su correlato en Cataluña, que si no está rota ya puede quedar también profundamente escindida. Unos y otros han conducido a esta grave situación. Por el mismo precio han conseguido una doble ruptura institucional, política, económica y, lo que sin duda es más importante, social.

Aquí solo hay unos claros vencedores: los antisistema, que parecen ser bastantes más de lo que creíamos los ingenuos como yo. Todos los demás hemos perdido ya. Nuestra derrota puede ser todavía mucho mayor si, como es de temer, el próximo martes, o cualquier otro día, el Parlamento de Cataluña procede a votar y a aprobar la tan anunciada DIU, esto es la tan famosa declaración unilateral de independencia. Digo que es de temer que tal cosa ocurra, pero de hecho sería lo más lógico, si es que todavía existe algo lógico en este tan raro proceso secesionista.

Políticamente ciego y sordo, Rajoy podría hacer realidad el tan repetido 'España se rompe'

Porque Junts pel Sí, la coalición gobernante en Cataluña en la actualidad, llevaba ya la DUI en su programa electoral –en el que, por cierto, no había ninguna mención a un supuesto referéndum de autodeterminación-, y también porque en las leyes aprobadas por la cámara catalana en las infaustas sesiones de los pasados días 6 y 7 de septiembre quedó establecido.

Políticamente ciego, sordo y mudo, Mariano Rajoy, con su indolencia y su desdén, puede acabar haciendo realidad aquello del tan repetido “España se rompe”. Para evitarlo solo le quedará el recurso extremo de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, con todo cuanto ello supondrá de radicalización de las posiciones tanto en Cataluña como en el conjunto de España, y sin duda con consecuencias nada positivas no solo para la convivencia social sino también para nuestra economía y nuestra proyección internacional.

Suceda lo que suceda, no se podrá olvidar a los responsables de esta doble ruptura

Si en el secesionismo catalán queda una mínima dosis de cordura, deberían evitar dar este fatal e irreversible paso al abismo y volver a la senda del Estado democrático de derecho, regresar al camino de la ley que jamás debieron abandonar. La incesante sucesión de acontecimientos preocupantes de esta última semana -desde los traslados de las sedes sociales de casi todas las grandes empresas y entidades financieras catalanas a otras comunidades autónomas hasta la multitudinaria manifestación anti-independentista celebrada este domingo en Barcelona, pasando por las grandes concentraciones que a favor del diálogo han tenido lugar también en más de medio centenar de ciudades españolas y en gran número de municipios catalanes, hasta los pronunciamientos inequívocos que contra la DUI han hecho, en Cataluña y en el resto de España, tanto los grandes medios de comunicación privados como todo tipo de instituciones, entidades y dirigentes empresariales, sindicales, culturales y sociales, que tanto han tardado en atreverse a enfrentarse de forma pública con el secesionismo- debería de hacerles recapacitar y llevarles a rectificar.

Por mucho que les cueste hacerlo, por mucho que si lo hacen decepcionen a algunos de sus seguidores más radicales, todavía están a tiempo de evitar una catástrofe de consecuencias irreversibles.

Suceda lo que finalmente suceda, nunca podremos olvidar ni perdonar a los responsables políticos de esta doble ruptura, a los bomberos pirómanos que, a un lado y al otro del Ebro, han atizado el fuego de la división social.   

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