¿Es la hora de los monstruos?

12 de mayo de 2016 (20:30 CET)

La situación de entreguerras en Europa, provocada por el resultado de la I Guerra Mundial y de la crisis económica del 29, derivó en una crisis política en muchos países. Este fue el caldo de cultivo de una hegemonía del pensamiento irracional que concluyó con el surgimiento del fascismo, el nazismo y otras ideologías ultranacionalistas. En palabras muy descriptivas de Gramsci "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer, y en este claroscuro surgen los monstruos".

Actualmente los países occidentales parecen entrar en una nueva época de claroscuros. En la UE los partidos hegemónicos tradicionales han entrado en crisis, tanto los democratacristianos como los socialdemócratas están en declive, la izquierda alternativa todavía balbucea, y se está dando un crecimiento importante de las ultraderechas nacionalistas y xenófobas, que hacen del rechazo a la Unión Europea y de los extranjeros la solución de todos los males de la ciudadanía.

No hay duda que la crisis económica y especialmente las erróneas políticas austericidas de los dirigentes de la UE son las responsables de que se dé cada vez más una ruptura emocional de la ciudadanía hacia la idea de Europa, y un crecimiento irracional de los sentimientos nacionalistas hacia una salida imposible y trágica cómo sería el renacimiento de los nacionalismos excluyentes.

Europa ya ha vivido demasiados enfrentamientos entre naciones y la creación de la UE fue un intento de evitarlo, pero no hay duda que la negligencia de sus mediocres dirigentes actuales está potenciando el regreso de los nacionalismos irracionales.

Y a pesar de ver los efectos de sus políticas a los dirigentes políticos europeos, tanto democratacristianos cómo a los teóricamente socialdemócratas no se les ocurre nada más que plagiar medidas de la ultraderecha con lo cual no hacen más que dar reconocimiento a las propuestas de estos.

Lo han hecho Hollande y Valls en Francia, o la CDU-CSU en Alemania. El caso más claro ha sido la vergüenza europea en la resolución de la problemática de los refugiados.

El actual sistema económico de la globalización está profundizando en la crisis social a nivel mundial, y esto tiene una especial repercusión en el primer mundo. La ciudadanía cada vez más está insatisfecha e indignada con el actual estado de cosas.

El problema es que el actual sistema está en crisis, pero no se adivina todavía cuál será su salida. Es un momento en el que las soluciones más simplistas y populistas de la extrema derecha, a pesar de sean equivocadas, conectan con amplias capas de la ciudadanía y de las clases populares.

Sólo hace falta ver el caso francés donde el Frente Nacional es mayoritario hoy en zonas de clase trabajadora que en otros tiempos votaban a la izquierda, incluso donde el PCF era mayoritario.

Significativo es también el crecimiento de partidos extremistas en los países nórdicos, en otros tiempos ejemplo de la socialdemocracia más consecuente como era el caso de la Suecia de Palme. Y no hablemos de democracias poco consolidadas como Polonia, Hungría y otras de países del antiguo bloque del Este donde los ultraderechistas ya gobiernan.

Y volvamos a remarcar, todo esto sucede ante la inacción de los dirigentes del resto de países en el caso de la UE y de las mismas instituciones europeas. Eso sí, estos mismos dirigentes e instituciones se movilizan para frustrar cualquier gobierno que salga de la izquierda alternativa como fue el caso de Syriza en Grecia, a la que ahogaron, derrotaron y obligaron a claudicar.

Los mismos poderes que no hacen nada para cambiar sus políticas antisociales, para parar a los ultraderechistas eurófobos, xenófobos y ultranacionalistas, consideran inaceptable y se movilizan ante cualquier intento de la izquierda alternativa para gobernar.

Los "monstruos" de los nuevos fascismos actualizados son ya una realidad emergente en Europa. Se hace imprescindible para salvar Europa una amplia movilización unitaria de las fuerzas de progreso. Una amplia movilización unitaria, social y política dentro de cada país. Pero una alianza que vaya más allá de cada país en concreto.

Hay que volver a los clásicos más modernos del marxismo, hay que volver a Gramsci para resuicitar la necesidad de conquistar la "hegemonía" desde posiciones alternativas de izquierda y de progreso. Y hay que volver a Berlinguer para conquistar un "compromiso histórico" que vaya más allá de la izquierda alternativa y permita agrupar a una socialdemocracia renovada e incluso abierta a otras fuerzas democráticas que permitan hacer surgir "el mundo nuevo y evitar que surjan los monstruos".

Se trata de conseguir un resurgimiento del ideal de una nueva Europa más democrática y más unida políticamente y social que deje atrás los monstruos y los fantasmas. Y hay que recordar que estos monstruos salen del fracaso de un viejo sistema dominado por el capitalismo financiero y especulativo. Hay que poner a la ciudadanía, el trabajo digno, la solidaridad y el bienestar social al frente del nuevo paradigma político europeo.

En este contexto en cuanto al Estado español, sería positiva la existencia de una amplia, plural y democrática confluencia de las fuerzas alternativas, sin sectarismos ni predominios. Un eje que  ofrezca una propuesta de pacto de gobierno al actual PSOE socioliberal que a la vez lo ayude a su propia regeneración como partido de progreso.

Como uno de los cuatro estados más grandes de la UE sería de gran importancia conseguir un gobierno de progreso, no sólo por el cambio interno en el estado sino por las repercusiones en el conjunto de la UE.

Sabemos que es una utopía, pero hay que intentarlo, a pesar de la dificultad inmensa de regenerar al PSOE así como por las dificultades que se pueden dar en la confluencia alternativa en cuanto a personalismos y posiciones diversas, donde habría que priorizar una actitud cooperativa de todos y la renuncia al sectarismo y a la hegemonía interna dentro de la diversidad.
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