El voto oculto, único salvavidas de Pedro Sánchez

03 de mayo de 2016 (19:51 CET)

La última encuesta del CIS, hecha pública este martes, no da demasiadas pistas. El trabajo de campo está realizado entre enero y marzo de este año. Todavía había dudas sobre la convocatoria de elecciones. Tampoco facilita intención de voto. Pero da algunos datos reveladores.

Según manifestaban los encuestados en esas fechas, el 78% votaría lo mismo que el 20 de diciembre. Un escenario que no aclara mucho, pero que indicaría la firmeza de algunos de los votos emitidos entonces.

Confirma que el voto más asentado es el del PP, puesto que solo un 1,4% de sus votantes, de haber sabido lo que ocurrió durante las negociaciones, hubiera cambiado su voto.

Quizá el dato más sorprendente, que revela la validez y eficacia de toda campaña electoral, es que el 27% de los consultados decidió su papeleta la última semana de la campaña electoral.

Es probable que en la semana del 20 de junio, cuando se percibirán como lejanas las semanas que hemos vivido tratando de formar gobierno, muchos electores reflexionarán sobre su voto sin prestar demasiada atención a los posibles culpables de quienes han forzado una repetición electoral.

A priori, hay dos partidos que están más perjudicados por la percepción general, basada en encuestas y otros indicios, para las elecciones de junio. El PSOE y Ciudadanos. No obstante, el hecho de que el PP ya haya lanzado la consigna de que Ciudadanos es un partido de izquierda, revela que la pugna entre los dos partidos será sangrienta.

Si se confirmara que el PP resiste o mejora levemente y que la fusión o alianza de Podemos con Izquierda Unida suma más escaños que los que consiguieron las dos formaciones por separado, el peligro de que se consume el sorpasso de la suma de estos partidos sobre el PSOE es evidente.

El PSOE no facilita las cosas a sus potenciales electores. La sensación de que Pedro Sánchez se encuentra en liderazgo precario y condicional, no es la mejor forma de encabezar una campaña electoral. "¿Si no le respetan los líderes regionales de su partido, está en posición de liderar España?", es una legítima pregunta que se están haciendo muchos electores.

Nadie podrá acusar a la prensa o a otros partidos de una conspiración contra el partido socialista. Es desde el interior desde donde se filtra que a Sánchez solo le sirve ganar para salvarse. Otra vez una sensación angustiosa de que al líder del PSOE se le acaba el tiempo. Y no hay nada peor para un político que parecer que actúa pensando primero en su interés particular.

La estigmatización del PSOE a raíz de la última presidencia de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es una penosa carga. Ha cuajado la estigmatización que hizo el PP de la herencia recibida. Los descensos electorales han sido continuos, solo disimulados por las alcaldías y comunidades autónomas arrebatadas al PP por medio de alianzas o pactos de gobierno.

El PSOE alcanzó su mejor resultado en 1982, con 202 diputados, una holgadísima mayoría absoluta, la primera de otras dos en 1986 y 1989. En las elecciones de diciembre obtuvo el peor resultado de su historia, noventa escaños.

Es evidente que el mapa político ha cambiado, pero si consideramos que el PP, también dentro de este nuevo escenario fragmentado, ha logrado ganar al PSOE a pesar de sus mayúsculos escándalos de corrupción, quedan pocas dudas sobre las horas bajas en que se encuentra el socialismo español.

Ahora la amenaza no es solo perder más votos, sino ser superado por Podemos, sus confluencias y sus alianzas. Y ya sabemos, por la experiencia de Izquierda Unida, que la cuesta por la que se desliza el tercer partido en España puede ser muy empinada.

En la sede socialista de Ferraz hacen, discretamente, varias reflexiones al respecto.

Primera. Quienes están agazapados en el interior del partido esperando y deseando el relevo de Pedro Sánchez no pueden poner muchos obstáculos y tendrán que remar a favor de las siglas. El sorpasso significa un declive difícilmente reversible, por lo que la tarea para quien suceda al actual secretario general será ciclópea.

En segundo lugar, están convencidos de que la campaña tiene que centrase en la confrontación con Podemos, sacando a la luz todas las contradicciones y todo el desgaste que ha sufrido Pablo Iglesias durante el proceso negociador.

La apuesta clara, sin matices, de Podemos por los referéndums de autodeterminación, no solo en Cataluña, sino para todas las comunidades que lo soliciten, no facilitará el voto progresista a Podemos fuera de Cataluña, Euskadi y tal vez Galicia.

La confrontación de Podemos con la prensa, sus proyectos de control, materializados en proposiciones de ley, pueden facilitar la bandera del PSOE en defensa de la libertad de prensa y opinión. Están calibrando los beneficios y costes de presentar a Podemos como un partido de flojas convicciones democráticas.

En tercer lugar, la alianza de Podemos con Izquierda Unida despeja el espacio de izquierda. Solo hay dos opciones. PSOE y Podemos con Izquierda Unida. Esta situación obliga a la lucha del partido socialista por los votos menos proclives a votar esa fusión y que en boca de Llamazares avisan de que Izquierda Unida desaparecería para consagrar un partido populista.

En los próximos días se despejarán algunas incógnitas. ¿Logrará Pedro Sánchez el entusiasmo en la campaña de Eduardo Madina, conforme con su lugar en las listas? ¿Se va a sentir arropado por Susana Díaz? ¿Le permitirá la socialista andaluza a Pedro Sánchez una presencia importante en la campaña andaluza?

Si todas estas circunstancias se dan, hará falta un requisito añadido. Que haya voto oculto o vergonzante del PSOE en las encuestas que faciliten una recuperación de los votantes de Podemos que no estén conformes con la succión de este partido sobre Izquierda Unida y de quienes votaron a Podemos y se hayan podido arrepentir después de las actuaciones de Pablo Iglesias en los últimos meses. ¡Casi nada!
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