El último dardo de Mas, ¿candidato en las generales?  

15 de octubre de 2015 (00:00 CET)

La situación ha llegado hasta tal punto en Cataluña que el representante de los "amigos de los negocios", como él mismo se definió cuando accedió a la Generalitat en 2010, se ha quedado sin salida. Es complicado que Artur Mas pueda rectificar, aunque sería lo conveniente. Tiene la posibilidad de aparcar el proceso soberanista y buscar otro socio en el Parlament, y dejar a la CUP como última fuerza parlamentaria. Pero el margen de maniobra es muy estrecho.

Este jueves es su gran día. Prestará declaración ante el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya. Tendrá el apoyo de 400 alcaldes, y de espontáneos que no lo serán tanto, con la todavía engrasada maquinaria de Convergència alentando a la llamada sociedad civil, que tampoco es tan civil.

Previamente, Mas protagoniza la ofrenda floral ante el monumento a Companys, y ante la tumba del president de la Generalitat, en el Castell de Montjuic. Por la tarde, y, después de comprobar las reacciones tras su declaración, en su condición de imputado por la consulta del 9N, Mas preside otro acto de gran carga simbólica: se trata del día nacional en memoria de las víctimas de la guerra civil, en el Palau de la Generalitat. Y, a última hora, estará presente en el acto de entrega del Premio Planeta.

La efervescencia independentista será grande, y puede condicionar los próximos meses. Uno de los objetivos, el principal, del bloque independentista oficial, por distinguirlo del otro, es que la CUP acabe entendiendo que no puede hacer otra cosa que facilitar la investidura de Artur Mas. Este jueves se volverá a comprobar la capacidad de presión de la candidatura Junts pel Sí.

Pero en los últimos días se ha lanzado, en ambientes nacionalistas, un mensaje provocador, pero también efectivo: que Mas sea el candidato de Junts pel Sí en las elecciones generales, para lidiar con los principales dirigentes de la política española: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. De esa forma, como hizo el líder de ERC en 2004, Josep Lluis Carod-Rovira, Mas podría situar en el centro del debate español el llamado problema catalán.

Con esa opción, la CUP también comprobaría que Junts pel Sí, con Mas a la cabeza, está dispuesto a todo, a poner en marcha un proceso de ruptura hacia la independencia con todas las consecuencias. Está por ver si Mas lo podría llevar a cabo, mientras espera su investidura, o, si, por el contrario, algún candidato de Junts pel Sí, como Neus Munté, pudiera ser elegida presidenta de la Generalitat, reservando a Mas ese papel en Madrid como un último servicio.

Pero por ahora todo está en el aire. Convergència Democràtica tiene a su candidato para las generales, Francesc Homs, mientras negocia si repite o no la candidatura con ERC, e independientes, de Junts pel Sí a la Moncloa. Mientras, ERC juega con la posibilidad de recuperar sus siglas, y hacerse fuerte en Madrid.

Son demasiadas incógnitas, que demuestran el callejón sin salida en el que está inmerso Artur Mas. Sólo hay una razonable en estos momentos: que la CUP le pueda investir, y que Mas trate de negociar con el nuevo Gobierno español que salga de las urnas tras el 20 de diciembre. Mas es el problema, pero también es parte de la solución, y eso es algo que la cúpula del PP y también del PSOE no acaban de entender.

Y que quede constancia que hemos calificado de "razonable" un acuerdo de Junts pel Sí con la CUP. Pero esa es la situación. 

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