El secesionismo catalán: fundamentalistas, oportunistas y replicantes

stop

El secesionismo ha impulsado diferentes corrientes de individuos en función de quién manda en la sociedad catalana

Miquel Porta Perales

La escuela catalana ha potenciado los valores del nacionalismo, y la ha convertido en una escuela catalana. EFE
La escuela catalana ha potenciado los valores del nacionalismo, y la ha convertido en una escuela catalana. EFE

Barcelona, 05 de septiembre de 2017 (13:30 CET)

¿Por qué hemos llegado a eso? ¿Por qué el nacionalismo catalán ha impulsado un proceso de secesión desleal, antidemocrático e ilegal que ha demolido el consenso constitucional en Cataluña, ha destruido el sistema de partidos catalán y ha dividido a la sociedad catalana? ¿Por qué el nacionalismo catalán promueve una secesión unilateral sin contar con el suficiente apoyo político, social, legal e internacional? ¿Por qué el secesionismo catalán ha logrado convencer a una parte importante de ciudadanos catalanes?

Muchas respuestas, al respecto: de la teoría de la competencia por los recursos de F. Barth y otros a la labilidad emocional de Pauling y Hoffer pasando por la explicación más prosaica de quienes hablan de la crisis económica como detonante del “proceso” o de una elite catalana que desea consolidar el poder y necesita zafarse de una historia reciente poco edificante. En cualquier caso –más allá de las hipótesis explicativas-, existen los sujetos agentes –también los pacientes- del “proceso” de secesión. De dichos sujetos agentes –fundamentalistas, oportunistas y replicante- se habla en las líneas que siguen.

Fundamentalistas

La causa primera del “proceso” es el fundamentalismo secesionista que abraza la idea de una Cataluña nación a la cual le correspondería –por ser lo que es: una cuestión ontológica- un Estado.

Un fundamentalismo iluminado y victimista que prescribe la realidad, que usa el nombre de la democracia en vano apelando a un inexistente derecho a decidir” del pueblo de Cataluña, que niega la legalidad constitucional, que afirma la legitimidad de una República catalana por llegar.

Un fundamentalismo que cree que el fin justifica los medios, que incumple sistemáticamente las resoluciones de los Altos Tribunales y hace caso omiso de los informes del Consejo de Garantías Estatutarias de Cataluña y de los Letrados del parlamento catalán, que burla el Estado de derecho e invita a burlar el Estado de derecho, que tergiversa a sabiendas la historia y el Derecho Internacional.

Un fundamentalismo que distingue lo propio catalán de lo impropio español, que diferencia entre afectos y desafectos de la causa, que apela a las emociones y las bajas pasiones, que moviliza sin solución de continuidad a una ciudadanía afecta que deviene la fiel infantería de la secesión.

El fundamentalismo secesionista tergiversa a sabiendas la historia y el Derecho Internacional

Un fundamentalismo que pervierte la idea de diálogo al no aceptar cualquier premisa distinta a la suya, que se obstina en convocar un referéndum de autodeterminación ilegal, que provoca constantemente al Estado para obtener una respuesta desproporcionada del mismo con el objeto de legitimarse y legalizarse.

Oportunistas

Un elemento coadyuvante del “proceso” –en este caso, el acompañante- es el oportunismo de determinados individuos o segmentos económicos, mediáticos y culturales que, por acción u omisión, voluntariamente o no, colaboran con el mismo. Las razones: “el qué dirán”, “el no sea que piensen que”, “el no vayan a creer que”, “el cómo voy llevar la contraria a esa gente”, “el para qué significarse”, “el qué voy a sacar de ello además de malentendidos, burlas y problemas”, “el quizá me perjudique si digo lo contario a la corrección nacionalista oficial”, “el no quiero que piensen que soy un españolista o unionista”, “el no voy a enemistarme con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo”.

Así las cosas, ¿qué puede hacer nuestro personaje? En síntesis: o calla, o disimula, o asume el papel de demócrata “procesista”, o de independentista indignado frente al Estado que le impide decidir su futuro, o –si se atreve- deviene tercerista moderado.

Y luego, cuando el “proceso” navegue, ya se encargará de hacer a saber a los cuatro vientos que “ya lo sabía yo” y que “nunca comulgué con las ruedas de molino del secesionismo”.

Y si nuestro personaje es autónomo o empresario, ¿qué puede hacer? Su respuesta: “no tengo madera de héroe ni de mártir”, “el trabajo es el trabajo y la empresa es la empresa”, “ya saben ustedes como son los políticos”, “yo contrato con la Administración”, “¿cómo voy a subsistir sin las subvenciones oficiales?”

 

Replicantes

La fiel infantería del “proceso” está constituida por decenas de miles de ciudadanos replicantes que comulgan con la Idea. Al respecto, remito al apartado que habla de los nacionalistas fundamentalistas. Con todo eso comulgan.

El replicante es el resultado de las opiniones inducidas, de la tendencia a escapar de la realidad a través de la ficción o la fantasía, de los sentimientos y querencias o de las diversas frustraciones cosechadas por del ser humano a lo largo de su vida.

El alto grado de sofisticación –la potencia de intervención psicológica- del conductismo independentista catalán queda patente cuando incluso algunos sujetos no nacionalistas manifiestan la respuesta inducida deseada.

El replicante, en el independentismo, es resultado de la tendencia a escapar de la realidad

Pero, cuando lo que debe suceder no sucede, suele aparecer la frustración. Más frustración. ¿Qué ocurre entonces? La frustración puede generar reacciones impulsivas que dañan las relaciones interpersonales y sociales.

 

Coda

El catalán es un nacionalismo totalizante que diseña un marco en donde pretende introducir a los ciudadanos. Un marco que el ciudadano debe asumir como natural, como un dato de la realidad existente. Un marco que intenta cambiar la percepción de la realidad de tal manera que la nueva visión de la realidad necesite el marco propuesto.

Lo ocurrido en la manifestación contra los atentados invita a pensar en la idiosincrasia política y moral del independentismo

Dentro del marco, todo tiene sentido y cobra sentido. Fuera del marco, nada tiene sentido ni cobra sentido. Dentro del marco, lo propio y lo natural. Fuera del marco, lo impropio y lo ajeno. El nacionalismo totalizante brinda un buen ejemplo –un mal ejemplo- de colonización interior.

P.S. La actitud del secesionismo catalán en la manifestación de rechazo del terrorismo del 26 de agosto de 2017 en la ciudad de Barcelona, invita a formular algunas hipótesis sobre la idiosincrasia y naturaleza política y moral del Movimiento Nacional en Cataluña. Se recomienda leer los ensayos de Theodor Adorno y sus colaboradores sobre la personalidad autoritaria.

 

Miquel Porta Perales es autor de Totalismo, de ED Libros. 

 

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad