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El 1 de octubre se dirime una cuestión catalana, pero a partir del 2 de octubre llega el problema español, que se deberá dirimir con todas sus consecuencias

Fèlix Riera

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta. EFE

Barcelona, 20 de julio de 2017 (08:00 CET)

Mientras que el día 1 de octubre cerrará momentáneamente el problema catalán, el día 2 de octubre abrirá el problema español.

Estos últimos días hemos visto como Mariano Rajoy desde el País Vasco, y Pedro Sánchez desde Cataluña, han empezado a fijar una agenda catalana en busca de una solución. Este es, sin duda, el gran triunfo de la sociedad catalana que quiere una nueva relación con España. El día después se basará en una de las máximas que Lord Chesterfield trasladara a su hijo: “solamente los locos intentan lo imposible; pero si algo es posible, siempre existe una manera de lograrlo”.

La España bipartidista ha llegado a la conclusión de que es necesario tomar en consideración que la sociedad catalana no está loca sino que está esperando que se tomen las riendas de la política española en lo que afecta a Cataluña. El 1 de octubre expresa algo imposible pero también supone el compromiso de una gran parte de la sociedad catalana por mostrar que, sin una honda reflexión sobre el papel de España sobre su modelo territorial, habrá, más temprano que tarde, nuevos 1 de octubre.

La iniciativa del PSOE debe ser entendida como un inicio, y no como un final, como cree el soberanismo

La iniciativa de PSOE, al mostrarse dispuesto a abrir el debate de la constitución y el papel del federalismo dentro de la misma, muestra una sensibilidad que debe ser valorada como el principio de un proceso y no su final, como sugiere el independentismo. Las declaraciones de Rajoy alabando la vía vasca de acuerdos frente a la vía del gobierno catalán implican que el PP se vea positivamente arrastrado por la lógica del PSOE, basada en intentar aclarar y arreglar el problema catalán. Hoy todos los partidos españoles han puesto sobre la mesa una vía catalana que, se quiera o no se quiera, afectará al conjunto de España.

La lógica independentista basada en que “uno no vale en este mundo sino lo que quiere hacerse valer”, como advirtió el moralista francés La Bruyére, parece llegar a su fin. Y lo hace de la manera más paradójica posible: apelando al alto valor de las demandas catalanas pero disminuyéndolas, al concretarlas en un referéndum que divide, trocea y desorienta a una buena parte de la sociedad.

El 2 de octubre puede ser el inicio de un proceso de regeneración de España

El Gobierno español, bien conocedor de que el exceso de sentencias llegadas desde Cataluña sólo son actos de imprudencia, otea en el horizonte una salida que permita avanzar en una solución. Y esta salida la ha encontrado en la actitud activa del PSOE, que los lleva a contemplar el horizonte español de forma distinta a como lo habían estado haciendo. La alta apuesta sugerida desde el Gobierno catalán está siendo respondida; lo que indica que las reglas del juego están a punto de cambiar y que la iniciativa del cambio de estatus catalán también se establecerá desde el estado español.

El 2 de octubre, el octubre español, es la respuesta de España al referéndum del gobierno catalán, cada vez más inclinado a la nostalgia del 11 de septiembre del 2012 que dispuesto a alcanzar el éxito el 1 de octubre. El octubre español deberá huir de la táctica del electoralismo, de la satisfacción por la victoria y rebelarse como el inicio de un proceso de regeneración para España, no para cerrar el conflicto catalán, sino para aprovechar su fuerza para que pueda, una vez más, cambiar España y vencer a la voluntad refractaria a todo cambio.      

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