Joan Coscubiela durante su intervención en el Parlament, que ha sido el blanco del bloque independentista. EFE

El discurso y la dignidad de Joan Coscubiela

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Cuando se comete una injusticia, como constató Coscubiela, no se puede permanecer callado, se debe mantener la dignidad

Joaquim González Muntadas

Joan Coscubiela durante su intervención en el Parlament, que ha sido el blanco del bloque independentista. EFE

Barcelona, 12 de septiembre de 2017 (20:09 CET)

Al escuchar el discurso de Joan Coscubiela del día 7 de septiembre en el Parlament de Cataluña, y ver las caras de susto de los miembros del Govern de la Generalitat, empezando por su President sentado en primera fila, pensé en una imagen. Un discurso que se ha convertido en una pieza para la historia del Parlament de Catalunya y que ha provocado la reacción inmediata de amplios sectores y notables líderes del mundo del independentismo con duros ataques y la descalificación inmediata, cuando no el insulto hacia el portavoz parlamentario de Catalunya Sí que es Pot

Un discurso, y una escena en el Parlament, que me recordaron una historia sobre el valor de las leyes y la democracia que hace un par de años colgó en su muro una amistad de Facebook. Una historia, que como el discurso de Joan Coscubiela, nos advierte del riesgo de no respetar las reglas y el abuso de poder y, por ello, de la importancia de defenderlas como base de la convivencia democrática.

La historia dice así:

El primer día de clase, un profesor de “Introducción al Derecho” entró en el aula y preguntó el nombre del estudiante que estaba sentado en la primera fila:

- ¿Cuál es su nombre?.

- Mi nombre es Nelson, señor.

-¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! – Gritó el maestro desagradablemente.

Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió de la habitación.

Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.

-¡Muy bien! – Vamos a empezar, dijo el profesor.

-¿Para qué sirven las leyes? preguntó el maestro – los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:

-Para tener un orden en nuestra sociedad.

No! Respondió el profesor.

-Para cumplirlas.

No!

-Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.

No!

-¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta!

Una muchacha habló con timidez:- para que se haga justicia

¡Por fin! Es decir, por la justicia.

-Y ahora, ¿qué es la justicia?

Todos empezaron a molestarse por la actitud tan vil del profesor, pero sin embargo, continuaron respondiendo:

-A fin de salvaguardar los derechos humanos

-Bien, ¿qué más ? – preguntó el maestro.

-Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien…

Ok, no está mal, pero respondan a esta pregunta:

-¿Actué correctamente al expulsar a Nelson del aula?”

Todos estaban en silencio, nadie respondió.

- ¡Quiero una respuesta por unanimidad!

- ¡No! – Todos contestaron con una sola voz.

- ¿Se podría decir que he cometido una injusticia?

--¡Sí!

-¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson – dijo. Después de todo, él es el maestro, yo soy un estudiante de otro período. Aprendan que cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada.

Cuando escuché las palabras de Joan Coscubiela, advirtiendo al President del Govern y a la Presidenta del Parlament de que "es muy grave cogerle el gusto a la antidemocracia y al autoritarismo", sentí un orgullo profundo por haber compartido con Joan muchos años de militancia sindical y política, y me recordó al profesor que preguntó a sus alumnos: ¿Para qué queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Y les recuerda que cada uno de nosotros tenemos la obligación de hablar cuando somos testigos de una injusticia.

Así que Joan, como dice la ranchera, "no te arrugues cuero viejo, que te queremos de tambor"

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