El diálogo en la derecha

28 de julio de 2016 (01:00 CET)

Una parte de la opinión pública está sancionando, sobretodo en Cataluña, la política de diálogo y acuerdos entre el PP y PDC. Acuerdos canalizados para tener grupo parlamentario y para desencallar y refinanciar los 1.600 millones de la deuda que vence a la Generalitat en el mes de agosto.

Un dato positivo de esta nueva política es la autorización para suscribir deuda a corto plazo por 685 millones de euros. Esta nueva lógica política, a la que podríamos llamar independentismo de peix al cove, va a encontrar un excelente entorno cuando el PP y su futuro gobierno se vea obligado a plasmar la geometría variable derivada de los acuerdos parciales con todas las fuerzas políticas.

Creo que es un error estigmatizar el que se conduce dentro de los principios de legalidad, que marca compromisos al margen de sus ideales que no siempre son concretos y posibles de plasmar.

El sentido común nos lleva a situar el diálogo como factor básico y determinante para hacer posible la gobernabilidad de España. Esta nueva lógica no debe ser vista como renuncias por parte de nadie sino como un paso para dar sentido a lo posible y dejar fuera de juego lo imposible. Un planteamiento que, en la anterior legislatura, se invirtió a la inversa, apostando a favor de lo imposible.

Para explicar la actual situación, sirva este aforismo del arquitecto Siegfried Ebeling: "Si uno quiere bailar en la cuerda floja, antes debe tensarla". La forma de tensarla es con el inevitable diálogo. Cuando se habla de equilibrio inestable, de geometría variable, de diplomacia triangular, de lo que estamos hablando es de aceptar movernos de nuestra posición inicial para obtener parte de nuestros objetivos.

En esta misma dirección deberíamos pedir el mismo compromiso con los partidos de izquierdas. Se ha puesto en marcha el diálogo en la derecha.

La incapacidad de llegar a acuerdos por parte de la izquierda pone de manifiesto su aislamiento y da ventaja a los que han dado el paso al diálogo, para defender sus intereses al margen los esencialismos. El bloqueo político no permite avanzar ni concretar líneas políticas que favorezcan a los ciudadanos. La amenaza de unas terceras elecciones sólo se dará si seguimos premiando las posiciones inflexibles pretendiendo argumentar coherencia política. Si queremos seguir avanzando por la cuerda floja, antes deberemos seguir tensando la vía del diálogo
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