El caso Lula y Brasil

El expresidente de Brasil Lula da Silva fue condenado a nueve años de prisión por corrupción. EFE

El caso Lula y Brasil

Lula es el político mejor valorado de Brasil a pesar de la condena que arrastra por corrupción

Luis Inácio Lula da Silva es ahora el político más popular en el Brasil. Si las elecciones fueran hoy no hay duda que sería nuevamente presidente. Lula fue un gran presidente: sacó a 50 millones de brasileños de la pobreza, una verdadera proeza, pero eso no le da patente de nada. Cumplió con su deber. Y hoy, ¡paradoja!, Lula tiene problemas con la Justicia de Brasil y está más cerca de la cárcel que del sillón presidencial.

Sin embargo, en Brasil las cosas no son tan lineales y tanto la popularidad de los políticos, como la Justicia de ese país son cosas relativas. Por lo que no está todo dicho. Y si Lula no puede ser candidato este episodio ha fortalecido a su Partido de los Trabajadores (PT) como una potente oposición que podrá bloquear cualquier otro gobierno. Un dato nada menor.

En estos días, un tribunal judicial de segunda instancia confirmó y aumentó la condena por corrupción impuesta por el juez del caso Petrobras, Sérgio Moro y así, a pesar de encabezar las encuestas, de ser el político más popular de Brasil, la sentencia supone su teórica inhabilitación para postularse a las elecciones de octubre, aunque la última palabra la va a tener el Tribunal Superior Electoral.

Lula está más cerca de la cárcel que del sillón presidencial

Moro había condenado al expresidente a nueve años y medio de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero por recibir como soborno un apartamento tríplex en la playa paulista de Guarujá valorado en 750 mil dólares por parte de la constructora OAS, a cambio de conseguirle contratos con la petrolera estatal, Petrobras. Los defensores de Lula y el propio expresidente dicen que no hay pruebas, es decir, documentos escritos del “regalo”, pero también es cierto que en ningún país, ni siquiera en Brasil, se documentan las coimas. Es ridículo sostener eso.

Hay una cosa indesmentible y que alienta que efectivamente había colusión entre la empresa y Lula. La constructora OAS le organizaba al expresidente viajes a países de la región para que se interesara en sus proyectos, de acuerdo a mensajes interceptados por la policía federal. En el año 2013, Lula vino a Uruguay a una reunión con empresarios y y lo hizo en un avión de la compañía OAS. En Uruguay OAS tenía a su cargo la construcción de una planta regasificadora.

Mala tos le siento al gato

Además de las escuchas telefónicas, los jueces se han basado en la confesión del presidente de OAS, José Adelmário Pinheiro Filho, más conocido como Léo Pinheiro, hoy preso y condenado a 12 años de prisión quien reveló que el mismo le entregó a Lula las llaves del triplex.

El PT sigue apostando por Lula, cosa que el propio expresidente ratificó ante miles de seguidores en un mitin en Sao Paulo, poco después de hacerse pública la sentencia. “La provocación es tan grande que ahora quiero ser candidato a presidente”.

Es curioso que a pesar de la condena y de las otras causas Lula sea el político mejor valorado de Brasil, mucho más que el propio presidente Michel Temer, quien de aliado de Lula y Dilma Rousseff, pasó a ser el enemigo número uno. Ahora, el hecho de que Temer siga siendo el presidente en funciones y diga que “las instituciones brasileñas están funcionando”, parece una suerte de burla.

Que el presidente en funciones diga que las instituciones funcionan parece una burla

Temer, como vicepresidente de Dilma Rousseff, al mejor estilo de Francis Underwood, gobernó con el PT hasta que se abanderó con el impeachment contra la mandataria y llegó a la presidencia. Y Temer, a quien se lo ha querido destituir por varios hechos de corrupción sigue en el Palacio Planalto. Temer ha eludido la cárcel a fuerza de repartir cargos y billetes.

La corrupción es un problema obvio que siempre tiene que ser combatido y las revelaciones que han surgido en el contexto de la Lava Jato alimentan el descrédito hacia el sistema político de Brasil. La democracia brasileña está estropeada, está corroída por los excesos de sus propios representantes.

Quizás hay entonces un problema más de fondo, que tiene que ver con el propio sistema de partidos políticos de Brasil, atravesado por una extendida red de corrupción y de una debilidad institucional alarmante.

Los dos principales partidos y ex socios ahora, el PT y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD), fueron fundados en 1980 y el otro gran partido, la otra gran organización, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), fue fundado en 1988, como se ve tienen poca historia y ya están manchados.

A la corrupción política se le debe sumar la que existe en otras estructuras del poder, ni que hablar en el ámbito empresarial; el caso Odebrecht es paradigmático dado que cruza a todo el entramado político empresarial de Brasil y que se extiende a por tres continentes: América latina, África y Europa.

En suma, Brasil es un país grande, pero no un gran país, hace falta moral y ética entre sus gobernantes y empresarios para serlo.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Antonio Ladra

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