Carles Puigdemont ha cesado al consejero Baiget, pese a tener el respaldo de Marta Pascal, la dirigente del Pdecat. / EFE-AE

El procesismo procesiona

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El independentismo vive una situación confusa, sin saber qué camino seguir después de varias operaciones frustradas y la experiencia de un Pdecat dividido

Jordi García-Soler

Carles Puigdemont ha cesado al consejero Baiget, pese a tener el respaldo de Marta Pascal, la dirigente del Pdecat. / EFE-AE

19 de abril de 2017 (14:07 CET)

Para el secesionismo catalán la pasada no fue precisamente ninguna Semana Santa.

Fue una auténtica Semana Infernal. O Diabólica. Todo venía de más atrás –a decir verdad, en Cataluña todo o casi todo viene ahora de muy atrás, en concreto del día en que aquel Gobierno de la Generalitat “business friendly” presidido por Artur Mas comprobó como su presidente se echaba de repente al monte y súbita e inesperadamente se declaraba secesionista, de ello hace ya cinco largos, interminables años.

Veníamos de un par de viajes a Estados Unidos hechos por el presidente Carles Puigdemont realizados con muy pocos días de diferencia, con unos resultados en ambos casos perfectamente descriptibles: una conferencia ante unos 90 estudiantes en Harvard, alguna entrevista periodística de escaso o nulo impacto y una reunión privada con el expresidente Jimmy Carter, de la que por no haber no hubo ni tan solo la siempre socorrida “photo oportunity” aunque sí hubo un claro desmentido sobre una supuesta intermediación de la Fundación Carter en el conflicto que el secesionismo catalán ha abierto con el Gobierno de España.

El soberanismo acumula varios y graves gazapos, tras una visita extraña de congresistas americanos

Y veníamos también de la sorprendente visita a Cataluña de una extraña pareja de congresistas estadounidenses al parecer más interesados en las diversiones nocturnas barcelonesas de todo tipo que en sus reuniones políticas, con el añadido de un enérgico comunicado oficial de la Embajada de Estados Unidos en Madrid en la que se recordaba que la posición de la Administración Trump es la misma de siempre, como lo fue la de Obama, considerando a España un aliado sólido y defendiendo la existencia de “una España fuerte y unida”.

Veníamos también de las cada vez más obvias disensiones internas no ya entre una ERC cada vez más segura y un Pdecat cada día más débil, sino en el mismísimo seno del Pdecat, con varios miembros del Gobierno de la Generalitat presidido por Carles Puigdemont que se resisten a inmolarse en el altar de la patria firmando órdenes que les podrían comportar condenas de inhabilitación para el ejercicio de cualquier cargo público –como les ha ocurrido ya a Artur Mas, Joana Ortega, Irene Rigau y Francesc Homs, todos ellos antiguos miembros de la ya difunta CiU- sino incluso con penas de prisión.

Y veníamos asimismo del lento pero implacable goteo de sondeos de opinión pública que constatan el “sorpasso” de ERC al Pdecat y, ojo al dato, tanto la pérdida de votos secesionistas en su conjunto –las CUP bajan y la mayoría absoluta separatista pende de un hilo- como la caída de los apoyos a cualquier unilateralidad en el proceso secesionista: solo el 28,8% de la ciudadanía catalana daría hoy su apoyo a la convocatoria unilateral de un referéndum, frente a un 66% que se opondría a ello.

Pero faltaba el “Manresagate”, es decir la filtración a algunos medios de comunicación de unas palabras dichas por uno de los inexpertos y jóvenes dirigentes del Pdecat, David Bonvehí, en una conversación privada que tuvo en un bar de la capital de la comarca del Bages con algunos militantes locales, cerca de donde estaban dos dirigentes de ERC de la ciudad.

El proceso ha "procesionado" y en las encuestas sólo el 5% cree que Cataluña será independiente

La filtración de dicha grabación, sin lugar a dudas de carácter ilegal, fue atribuida desde el principio por el propio David Bonvehí a ERC, anunció una denuncia ante la Fiscalía, pero al final se ha visto forzado a renunciar a dicha denuncia, aunque espera y desea que ERC asuma responsabilidades políticas.

Ampliamente superados ya los celebérrimos dieciocho meses con que se nos anunció la solemne proclamación de la independencia de Cataluña sin que nada se haya producido –ni tan siquiera el retorno del indómito Gabriel Rufián a la República de Cataluña, ni tan solo la desaparición del Estado español anunciada por el ahora inhabilitado Francesc Homs, premiado con un nuevo sueldo público-, la pasada no fue una Semana Santa para el secesionismo catalán, que como dirían los practicantes del neolenguaje “procesionó” constantemente, desde el mismo Viernes de los Dolores hasta más allá de una Pascua de Resurrección que no llegó ni llega, y que muchos aseveran que ya nunca llegará.

Por cierto, una reciente encuesta dice que únicamente el 5% de la ciudadanía catalana cree que Cataluña será algún día independiente. 

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