Pintadas en Granollers contra el PSC, en una muestra de que se quiere aplicar una democracia de primera y una de segunda.

Democracia de primera o de segunda

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El proceso soberanista ha dividido a la sociedad en buenos y malos, como si hubiera una democracia de primera y otra de segunda, en un juego peligroso

César Alcalá

Pintadas en Granollers contra el PSC, en una muestra de que se quiere aplicar una democracia de primera y una de segunda.

Barcelona, 20 de junio de 2017 (18:30 CET)

Últimamente está muy de moda un término que nació en el siglo V a.C. Ocurre que algunos lo han descubierto hace poco y se consideran los dueños y señores de esta forma política. Me estoy refiriendo al término democracia. Por definición democracia es el gobierno del pueblo.

Esta definición generalista nos sirve para centrar nuestra historia. Si el gobierno es del pueblo, todo el pueblo es demócrata, no unos pocos.

La realidad es otra, al menos en Cataluña. Una realidad denunciable porque está subyugando la paz. O dicho de otra manera, está dividiendo a los ciudadanos en buenos y malos. Y la sociedad no se divide así. Ciertos personajes de la izquierda más rancia han iniciado una campaña para marcar a los buenos y a los malos. Esto me recuerda ciertos procederes de antaño que son muy peligrosos y devastadores para la convivencia.

Hay una campaña para marcar a los buenos y a los malos en Cataluña, y eso puede ser devastador

En Cataluña se está intentando estructurar la sociedad en ciudadanos de primera y de segunda. Los de primera son los que están a favor del procés, del referéndum y de la independencia. Los de segunda son todos aquellos que no piensan como los primeros.

En libertad, en democracia, este pensamiento sería aceptable, siempre entre comillas, si no pasara de aquí. ¿A qué me refiero? Es como ser del Barça o del Español. Si la discusión no supera los límites marcados o establecidos por las normas de buena conducta, el problema se reduce y se queda en la pura anécdota. El problema surge cuando pasamos de la anécdota a la acción. Y es que ahora hemos llegado a un grado de agresividad peligroso y nada beneficioso para los ciudadanos de Cataluña.

En un reciente libro publicado sobre Josep Tarradellas leo la autodefinición que Joan Baptista Cendrós, el señor Floïd, se hizo asimismo en 1966. Decía que era un nazi catalán que piensa que todo el que se haga para matar a los castellanos está bien. Es una definición muy peligrosa y que nos debe hacer reflexionar. Hubo una época n la cual la Kristallnacht se aplaudió porque todo lo que fuera acabar con los judíos estaba bien. Y esto no solo es preocupante, sino peligroso. Pues no podemos incitar a la violencia. Hemos luchado mucho para conseguir lo que tenemos para ahora echarlo a la basura por un calentón. No lo podemos permitir.

El PSC es atacado ahora porque está en contra del referéndum y más aún de la independencia

Hace pocos días se ha atacado la sede del PSC en Granollers. No hace falta explicar los ataques a las sedes del PP y Cs. La curiosidad hace que hablemos de esta. Y es que la historia se repite. Ahora el PSC es el malo de la película porque no está a favor del referéndum y menos de la independencia. En sus paredes pintaron el siguiente slogan: “PSC traidor desobedecer es de izquierdas”. Y colgaron carteles donde se podía leer: “Sin desobediencia no hay independencia”.

No estamos hablando de buenos y malos. Estamos hablando de un proceso muy marcado políticamente. Cuando las cosas salen de sus ámbitos. Cuando algunos intentan demostrar su sinrazón por encima de todo ocurren cosas como las que estamos viviendo. Hay que frenar hechos como el ocurrido en Granollers o en otros sitios de nuestra geografía. La violencia no lleva a ninguna parte y, por mucho que algunos quieran imponer unos principios o unas ideas a la fuerza, estas no se consolidarán. Nunca ha pasado y tenemos ejemplos en un pasado bastante cercano.

La única solución a la que se llegará es la negociación, al margen del nerviosismo

Estamos en una situación de de calma y de bastante nerviosismo. Algunos piensan que la fuerza y la amenaza puede desencadenar en una victoria. Se equivocan. Estos dos aspectos alejan la razón y el ser. La única solución, a la que se llegará, más temprano que tarde, es a la negociación. Hemos pasado por circunstancias mucho peores y se ha pactado y la razón ha sobresalido por encima de todo. Nos costará más o menos, pero al final se llegará a un acuerdo entre el Gobierno y Cataluña.

Este acuerdo tal vez no satisfaga a algunos. Es probable y entra dentro de una lógica que así ocurra. Un acuerdo nunca debe dejar satisfechas a las dos partes, pues de pasar no es un buen acuerdo. Sin embargo, todos nuestros esfuerzos han de ir encaminados al diálogo, a la negociación y al acuerdo final.

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