Del 6 de septiembre al 2 de octubre

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El 6 de septiembre, como el 6 de octubre de 1934, abre todos los escenarios, incluso los más negativos y contrarios a los intereses de los catalanes

Fèlix Riera

El soberanismo se pone a prueba de nuevo en la Diada, y se conjura para la insurrección hasta 1-O, con la determinación de Puigdemont para poner las urnas, pase lo que pase.
El soberanismo se pone a prueba de nuevo en la Diada, y se conjura para la insurrección hasta 1-O, con la determinación de Puigdemont para poner las urnas, pase lo que pase.

Barcelona, 06 de septiembre de 2017 (19:18 CET)

Esta semana el cálculo político, la ambigüedad, las tácticas y el ahora sí, ahora no del gobierno de la Generalitat han quedado atrás para aprobar la convocatoria del Referéndum ilegal del 1 de octubre y, por extensión, determinar las bases para la futura aprobación de la ley de transitoriedad que dibujará los primeros pasos de la República catalana. Llegar hasta aquí implica el fracaso de todos: los independentistas, los constitucionalistas y la tercera vía.

Nos hallamos ante el inicio de un proceso y no ante el final, en la medida de que ya no valdrán más las palabras sino que habrá que buscar una solución con la acción política. El Gobierno español, sabedor del error político que implica que un gobierno autonómico decida impulsar un proceso de ruptura con la legalidad española sin respetar el estado de derecho, se ha dedicado, por intereses electorales, a alimentar las diferencias e incluso a fortalecerlas. Sin embargo, la razón legal y política que los asiste choca con una sólida demanda, fundamentada y verificable, de una buena parte de la sociedad catalana que ha constatado que la relación entre Cataluña y España no puede ser la misma desde que el Tribunal Constitucional limitara el estatuto de Cataluña votado favorablemente por los catalanes en un referéndum.

La actual situación es el resultado del fracaso de todos, de independentistas, pero también de constitucionalistas y de la tercera vía

Quién hubiera imaginado que una propuesta política, claramente basada en provocar la reacción del estado español, se pudiera llegar a materializar en el seno del parlamento catalán. Y quién hubiera imaginado que el estado español basara su política en esperar a ser provocados.

La dialéctica establecida entre ambos gobiernos, el estatal y el autonómico, olvida que los cisnes negros existen; son esos acontecimientos imprevistos, asombrosos e inesperados que cambian la dinámica de la Historia y que representan una constante en su devenir, como bien supo advertir el matemático Nassim Nicholas Taleb. Olvida que sólo la cultura es universal y perenne, mientras que no lo son las organizaciones territoriales, como son los estados, y las opciones políticas, como son los nacionalismos.

Dicho de otro modo, la aprobación de la convocatoria del referéndum y la aprobación de la ley de transitoriedad que se pretende poner en marcha es un desafío al estado español. Un desafío sin precedentes en toda nuestra historia democrática moderna y, lamentablemente, no tiene luces de acabar bien para nadie.

La gran novedad del desafío al Gobierno español es que incorpora a una base social moderada

Un 6 de septiembre que, como ya ocurrió en los hechos del 6 de octubre de 1934, abre todos los escenarios, incluso los más negativos y contrarios a los intereses de los catalanes. La novedad política más importante en relación a otros acontecimientos de la Historia que han marcado nuestra memoria política, es que, en el pasado, el deseo separatista estaba principalmente en manos de primordialistas, aquellos nacionalistas que se remontan a la antigüedad y a difusos orígenes para defender sus reivindicaciones, y en cambio hoy está en manos de primordialistas y pragmáticos, o, como diría Ernest Gellner, modernos.

La gran novedad del desafío del gobierno de la Generalitat al estado español es la incorporación de una base social moderada, pragmática y basada en intereses económicos, en el seno de aquellos que son favorables a realizar el referéndum para preguntar si Cataluña quiere separarse de España. De la misma forma en que Bofill i Mata criticó a Francesc Cambó en su libro L’altra concòrdia por querer impulsar la vía Iberista ya defendida en su libro Concordia como solución para Cataluña y España, de la misma forma las filas a favor del independentismo critican a la tercera vía considerándola una propuesta imposible para edificar una nueva relación con España.

El 6 de septiembre abre dos procesos, uno negativo y otro positivo. El negativo será que el contencioso del 1 de octubre se pueda extenderse como base política para la próxima legislatura en Cataluña. Es decir, un 1 de octubre loop, sin fin. El aspecto positivo es que alguna fuerza política pueda estar en condiciones de crear las bases para un nuevo espacio político capaz de integrar, de forma coyuntural, el amplio espectro del catalanismo moderado que hoy se encuentra huérfano, no tanto de propuestas políticas sino de espacios de acción política donde pueda defender una idea de Cataluña abierta a vías de solución que permitan redefinir la relación entre Cataluña y España

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