Deciden las encuestas

06 de abril de 2016 (19:30 CET)

El 94% de los españoles considera que la situación política es mala, frente al 100% de los políticos que, léanse las últimas declaraciones, consideran estar haciendo lo correcto para alcanzar un nuevo gobierno.

En un momento en el que las encuestas definen la política, y la política sólo actúa en relación a las encuestas, aparecen datos que amplifican la diferencia entre la percepción ciudadana y la clase política. En el pasado, después de la Segunda Guerra Mundial, afloraron un sinfín de informes que identificaban el desastre de la guerra y mostraban hasta qué punto el ser humano era capaz de producir dolor por tener razón. Los datos se daban después del conflicto.

Ahora todo ha cambiado hasta el punto de que, antes de iniciarse  las hostilidades en un conflicto, éste ya se decide en relación a los últimos datos y, si estos sugieren posponer la contienda, son ellos los que mandan.

Pues bien, nuestra política española y también la catalana se mueven o se moverán en función de las encuestas. Si, como todas  las encuestas apuntan, los más perjudicados son PSOE y Podemos, no es de extrañar que hagan lo posible por evitarlas.

La dictadura de las encuestas propicia la creación de simulacros de realidad que ofusca la capacidad de decisión a los líderes políticos. Algo parecido a lo que ocurre en la industria editorial, donde los responsables de marketing tienen más poder de decisión en la estrategia del libro que el propio editor.

Lo mismo que le ocurre a Luis Enrique, que dirige los partidos según la mirada estadística de Juan Carlos Unzué, el segundo entrenador. La industria de la televisión también actúa de la misma forma.

La audiencia y sus estudios determinan la suerte de un formato televisivo. No es de extrañar que las encuestas, que desplazan la democracia anticipando escenarios antes que pasen, sean la nueva realidad.  

La situación de Podemos y el PSOE es mala, no porque tengan una crisis interna en relación a la estrategia a seguir, sino porque las encuestas lo dicen. Resulta paradójico que el PSOE, que ha sido el único partido que ha decidido mostrar sus cartas de gobierno, sea más castigado que el PP que, desde el primer día, dijo que quería jugar con las mismas cartas, pero ahora en parejas. 

La crisis de liderazgo de Iglesias ha dejado de ser un tabú para convertirse en el día a día de su acción política. Hasta el punto de que para sus dirigentes políticos no hay crisis de liderazgo sino debate.  

La actuación de los políticos ahora la deciden las encuestas, como en la antigüedad la decidían los oráculos, las vestales, los magos o mirando las constelaciones. Es como si la política hubiera decidido renunciar a las consecuencias de sus acciones a cambio de no hacer nada, dado que las encuestas los disuaden a decidir, hasta las próximas encuestas y gracias a ellas.

Es como si un padre y una madre desearan más ver a su hijo a través de las ecografías que viéndolo en la realidad por temor a constatar que su destino no está en sus manos.
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