De primarias, Podemos, la marina del Port Vell y Duran i Lleida

31 de mayo de 2014 (20:12 CET)

No creo en las primarias. O mejor, no creo en las primarias de acuerdo con la cultura política que reina en España y su estructura de partidos. Siempre pensé que eran una frivolidad más de nuestra clase política, una propuesta escapista que permitía poner bajo la alfombra otros problemas más acuciantes y graves que la acosaban.

Y si los políticos que las han defendido y los partidos que las han puesto en marcha en algún momento analizaran la experiencia deberían convenir conmigo en que generalmente han constituido un fiasco cuando no un puro camelo. Han servido, eso sí, lo reconozco para arañar minutos de radio y televisión y espacios no desdeñables en otros medios, algo que tal y como están las cosas parece su única obsesión.

Y es que sólo desde la superficialidad puede entenderse el debate en que ha entrado el PSOE tras su reciente debacle. Todo el partido parece dispuesto a zambullirse en peregrinas discusiones sobre el procedimiento mucho más que la falta de política que les está ahuyentando sectores importantes de su electorado. Usando una imagen de Santiago González, diría que se han quedado sin coche y están empecinados en contratar un chófer.

Da la sensación de que reconocen explícitamente que el partido y la manera en qué funciona, los órganos donde deberían debatir y elegir a sus dirigentes no valen un pimiento, ya que la elección más importante, la de su secretario general parecen decididos a hacerla plebiscitariamente, ahondando más si cabe en el caudillismo que viene caracterizando los liderazgos políticos.

Un secretario general, que creo que es tal la denominación exacta del cargo, elegido por militantes y simpatizantes, como se está proponiendo… ¿respondería ante alguna ejecutiva o cosa parecida cuando su autoridad le viene dada del conjunto de sus seguidores? Creo que muchos militantes están empezando a preguntarse de qué les han valido tantas horas de reuniones. El partido como intelectual orgánico, que decía Gramsci, ha muerto. Viva el circo.


Sobre Podemos

Decía Enric González, brillante periodista, que Podemos, la exitosa formación que lidera Pablo Iglesias, le generaba simpatía aunque no se creyera su programa. A mí me pasa algo parecido. Creo que debemos agradecerles su irrupción en la escena política, aunque a muchos, y muchos de mis amigos, les haya salido algún sarpullido.

Podemos era, es, una necesidad, salvo que alguien pensara que el 15-M, o las mareas verdes o blancas o del color que sea que han ido ocupando las calles de muchas ciudades españolas en los últimos tiempos eran un espejismo y que bastaba con cerrar los ojos o esconder la cabeza bajo el ala y contar despacio hasta tres.

Muchas de sus críticas a la vieja política son certeras, y por lo que se ve muy compartidas. Otra cosa son sus propuestas, pero para juzgar su actuación ya habrá tiempo. Podemos es una bocanada de aire fresco, liderada por jóvenes, algunos no tanto, suficientemente preparados profesional e intelectualmente. Nada que ver, por poner un ejemplo nada más, con Susana Díaz y Juan Manuel Moreno, los hace poco elegidos máximos dirigentes del PSOE y del PP andaluz.

Llevan poco tiempo saboreando las mieles del éxito, es verdad, pero ya han hecho cosas muy aplaudibles. Por ejemplo, han rechazado la subvención de 1,35 millones de euros que les correspondía y han anunciado que renunciarían al sueldo de 8.000 euros que les correspondía para fijárselo en 1.935, el triple del salario mínimo interprofesional.

Y unas gotas más de ensimismamiento y cinismo

Si alguien tiene alguna duda del ombliguismo y ensimismamiento en que vive una buena parte de nuestros políticos le invito a que recupere las intervenciones del concejal convergente Antoni Vives en el ayuntamiento de Barcelona a propósito del debate sobre la concesión de la marina del Port Vell y los fondos provenientes de paraísos fiscales con que se pagó la operación.

A las preguntas de por qué se autorizó, algo que la Oficina Antifraude investiga, Vives ofreció respuestas a la defensiva y afilados reproches: ¿por qué los socialistas permitieron en 2010 que fondos de igual procedencia compraran deuda de la Generalitat?

¿Hace falta decirles a todos ellos que nos importa bien poco si unos lo han hecho mal y otros peor, que sólo queremos saber por qué, si hay alguna responsabilidad y cómo asegurarnos de que se cumple la legalidad y la ética? Quizás no. Vives saldría del debate con palmaditas en la espaldas de sus correligionarios por el mandoble dado y aquí paz y después gloria. Al menos Vives tuvo que dar la cara. Del presidente del puerto, SixteCambra, nada se sabe. Él a lo suyo.

Y en cuanto a cinismo, no se pierdan por favor las declaraciones de Duran i Lleida en el foro empresarial de Sitges organizado por el Círculo de Economía: “la corrupción en los partidos políticos la ha habido y la habrá”. ¡Olé sus huevos! Desde luego, parece que sabe de qué habla.

Aún más: “Es inútil pensar que los partidos se pueden financiar por las cuotas de los militantes”. Y lo dice quién lleva años en el Congreso y gobernando en coalición en Cataluña muchos más años de los que muchos tienen y pareciera que ha tenido alguna obligación de hacer una ley de financiación de partidos políticos que no empujara a sus señorías a delinquir. No, si aún acabará proponiendo la canonización de Bárcenas.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad