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Mariano Rajoy ha logrado el apoyo de Pedro Sánchez para hacer frente al referéndum, con lo que el constitucionalismo se blinda frente a Puigdemont

Cesar Alcalá

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, flanquedado por 'duros' como Jordi Turull, y el líder de ERC, Oriol Junqueras. EFE

Barcelona, 31 de mayo de 2017 (09:55 CET)

La llamada del pasado lunes de Pedro Sánchez al presidente Mariano Rajoy, más allá de la anécdota de que vuelven a hablarse, tiene una connotación muy importante. Reafirma los principios del PSOE sobre el tema catalán e implica un cambio de actitud o madurez política del nuevo líder socialista.

En estos momentos el Pdecat está pasando por una situación muy complicada por dos factores, ambos en la misma sintonía y con idéntica importancia. Por un lado tenemos una coyuntura política de la que todos quieren salir y no saben cómo. Me refiero al tema del referéndum. En la reunión del pasado lunes se vio claramente que les gusta peinar la muñeca. Mucha expectativa, pero muy poco resolutiva. A bombo y platillo se dijo que esa reunión debería marca la fecha y la pregunta. Que era la reunión de las reuniones. Al acabar salieron como habían entrado. Esto es, albergando una esperanza y lanzando puentes de diálogo. Y es que pocos ven claro el referéndum y ven más oscuro cómo no hacerlo para no cabrear a su ciudadanía.

El Pdecat busca cómo sacar la cabeza para que no le pase lo mismo que a la UCD

Por otro lado tenemos la caída libre del Pdecat. Está a punto de pasarle lo mismo que a la UCD de Adolfo Suárez. Desaparecer de la faz política. Y esto no se lo puede permitir este partido –por mucha corrupción que haya habido y por muy mal que hayan gestionado la vida política en los últimos tiempos- ni Cataluña. Todos necesitamos tener un partido de derecha o centro derecha catalanista.

Por mucho que digan o se empeñen en decir que el próximo presidente de la Generalitat será Junqueras, los del Pdecat no quieren ni oír hablar de esto. Ellos no quieren ni pueden perder una hegemonía política nacida en la transición.

Por eso es significativo e importante el gesto de Pedro Sánchez. Los tres grandes partidos constitucionalistas españoles están de acuerdo en que no se haga el referéndum. Eso algunos ya lo sabían, pero no se podía decir sin antes tener un nuevo secretario general al frente del PSOE. Ahora que ya lo tienen –aunque deba ratificarse- sus palabras toman un significado más elocuente.

Se cuenta que desde hace tiempo, en conversaciones secretas, se ha tejido un discurso para salir de este embrollo. Un plan de ruta aprobado por ambas partes. Esto es, Rajoy y Puigdemont. El segundo tiene una prisa momentánea porque puede aguantar la farsa hasta el 11 de septiembre. El primero esperaba la elección del secretario general socialista. Ahora con todos los personajes sobre el tablero las cosas son más fáciles.

Los partidos constitucionalistas podrían ofrecer a Puigdemont una salida honrosa, más de la que se merece

En Cataluña no se celebrará ningún referéndum. Los tres partidos constitucionalistas le darán una salida honrosa a Puigdemont, más de la que se merece. Se firmaran una serie de acuerdos relacionados con temas económicos y de competencias. Se pactará olvidarse del procés y de la independencia. Con toda probabilidad se pactará una fecha para convocar unas elecciones. Y, mientras tanto, los del Pdecat trabajaran para reflotar su partido. La abstención del otro día en el caso Palau, para que CDC no pidiera explicaciones, no fue un acto aislado. Era el prefacio de las negociaciones. Se quiso demostrar que el nuevo Pdecat es tan de fiar como la vieja Convergència y que el PP o el próximo partido que gobierne España puede contar con ellos.

Así pues, con una mayoría de tres cuartas partes, el gobierno de Rajoy –ayudado por PSOE y C's- puede trabajar sin ataduras para finiquitar de una vez por todas este mal sueño independentista que inició hace cinco años Artur Mas, para ocultar su incapacidad como gobernante.

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