Conclusiones a vuelapluma sobre los resultados de Galicia y Euskadi

26 de septiembre de 2016 (01:00 CET)

Alguno lo diría en inglés para mitigar la dureza del significado: they did it again. Lo hicieron de nuevo. El PSOE ha sacado otra vez los "peores resultados de su historia", tanto en Galicia como en Euskadi.

En Galicia, por poco pero no evitan el sorpasso de la Marea: pierden cuatro escaños de los 18 que tenían. Lejos, muy lejos, de los 25 que sacaron en el 2009 y en el 2005. En el País Vasco, se dejan nada más y nada menos que 7 de los 16 escaños que disfrutaban. Muy lejos también de los 25 del 2009.

Supongo que Pedro Sánchez se escudará en el carácter local de ambos comicios, pero como secretario general de los socialistas alguna responsabilidad deberá asumir, ¿no?. Desde luego su estrategia de erosionar al PP se ha revelado un absoluto fracaso, al menos a tenor de los resultados.

Victoria sin paliativos de Alberto Núñez Feijóo en Galicia. Repite una clara mayoría absoluta y se postula como una alternativa de futuro para el liderazgo del PP nacional.

Victoria muy importante de Íñigo Urkullu en Euskadi. Con 29 escaños puede pactar la mayoría absoluta bien con populares o con socialistas. Y, por lo tanto, convierte a cada uno de ellos en irrelevantes. La cotización del PNV en España se dispara.

El éxito de Urkullu es a la vez una dura lección para sus hermanos de Galeuska y especialmente para la antigua Convergència, de nombre aún no definitivo hoy. El gradualismo del líder vasco y su moderación se han revelado como un factor de éxito. Puigdemont, Mas, Homs, y compañía, deberían tomar nota seriamente.

En clave soberanista, nadie puede sacar lecciones concluyentes. Todo es confuso. En Euskadi, no en Galicia. Y la lectura oportunista y falaz de Otegui de que ahora los partidarios del derecho a decidir suman una clara mayoría en el parlamento vasco no deja de ser un trampantojo interesado.

Pedro Sánchez, el Jeremy Corbyn español, sobre todo por su cabezonería, pues en cuanto a principios son mucho más sólidos los del inglés, debería reflexionar sobre el triste camino por el que está conduciendo él y sus posiciones al socialismo español. Pero no está claro que el líder de Ferraz esté por la labor, sobre todo mientras le sigan palmeando las gracias como hizo Miquel Iceta en la Fiesta de la Rosa este fin de semana.

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