Con Rajoy, hasta la derrota final

24 de febrero de 2016 (23:00 CET)

Hasta aquí hemos llegado. Ese podría ser el mensaje de Mariano Rajoy. Pero cuando el PP se vea en la oposición, no antes. La tela de araña del PSOE y de Ciudadanos se ha ido tejiendo alrededor de una idea: el centro es posible en España. Justo un día después del 23F, pero de 2016, las dos formaciones se aproximan al sueño de Adolfo Súarez: lograr un programa de gobierno que sea válido para el conjunto de los españoles, sin prejuicios, y con el objeto de superar las etiquetas que tanto daño han hecho al país. El PP, que ganó las elecciones, se ha quedado atrapado en esa envolvente de Pedro Sánchez y Albert Rivera, sin, por ahora, capacidad de reacción, a la espera de lo que decida Rajoy.

Una de las cuestiones que se destaca de Rajoy es que no tiene en cuenta las presiones de las grandes empresas. Que no le gusta rodearse de los empresarios que viven del BOE, y que, aunque le gusta el Real Madrid, los cónclaves del palco le incomodan. No se deja impresionar, y, por tanto, será ajeno a los consejos que le piden que lo mejor para su propio partido es que se vaya, y que el PP opte, con otro u otra dirigente, por la abstención en la investidura de Pedro Sánchez.

A eso juegan Sánchez y Rivera, a por la victoria del centro. Lo demuestra el acuerdo alcanzado. En materia laboral, que sigue siendo lo más importante que necesita España, se ha producido una simbiosis interesante entre el PSOE y Ciudadanos. Se debe recordar que en las negociaciones han participado Jordi Sevilla y Luis Garicano, los dos alfiles económicos en estos momentos de los dos partidos.

Y que Sevilla fue uno de los pioneros en apostar por el contrato único, que defiende ahora Ciudadanos. Finalmente se ha apostado por un acuerdo, gracias a la dedicación del gran muñidor, José Enrique Serrano, más cercano al programa del PSOE, pero con características del modelo de Ciudadanos. Serán tres modelos de contrato: formativo, temporal e indefinido. Pero en el temporal se permitirá la indemnización creciente, cercano al contrato único que defiende Garicano, inspirado en países como Austria o Dinamarca. ¿Es eso de derechas? ¿Es una apuesta izquierdista?

Rajoy debe decidir. Le aguardan días de pasión, los que transcurran, primero, entre el próximo jueves, fecha de la primera votación de la investidura de Pedro Sánchez en el Congreso, y el sábado, fecha de la segunda votación, y a partir de las siguientes semanas. En el PP sólo ha emergido la voz de Esperanza Aguirre reclamando que Rajoy dé un paso atrás, como ella lo ha dado al renunciar a la presidencia del PP de Madrid. Pero, por ahora, el silencio es la tónica.

El PP, sin embargo, sabe que con otro candidato tendría opciones serias de regresar al tablero y de reforzar ese centro en el que se han instalado Sánchez y Rivera. E, incluso, puede liderarlo, si se constata que Sánchez no podrá ser investido el sábado 5 de marzo. Pero las organizaciones son como son, tienen dinámicas propias, y Rajoy no puede irse todavía. El no del PP a la investidura de Sánchez es inapelable. Después, en la oposición, ya habrá cambios, ya se verá qué camino se puede recorrer y qué acuerdos se pueden trazar.
 
El centro que trató de impulsar Adolfo Suárez, con el CDS, tras el desplome de la UCD, renace en España, pero con tres fuerzas políticas, después de que Podemos se haya apartado de las negociaciones, aunque como medida teatral, sabiendo que no le interesa una nueva convocatoria electoral.

La cuestión es quién lo puede liderar. Y lo que se manifiesta es que Rajoy queda descartado. Pero todo apunta a que habrá investidura la próxima semana. 
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