Cinco razones por las que son estratégicas las elecciones andaluzas  

22 de marzo de 2015 (00:00 CET)

En la larga agenda de este año con múltiples citas electorales, la primera en el calendario es Andalucía y la renovación de su cámara autonómica. Para muchos, se trata simplemente de unos comicios locales, cuya trascendencia no va más allá de las fronteras geográficas de esa comunidad, pues, se arguye, cada elección tiene sus propios y distintivos rasgos y cualquier extrapolación es demasiado aventurada.

Pero en este caso, confluyen una serie de factores que podrían contradecir ese argumento, desde la proximidad con las otras convocatorias hasta el perfil de las diferentes apuestas políticas que compiten. Desde mi punto de vista, los resultados de este domingo marcarán con toda probabilidad el calendario español de los próximos meses. A mi modo de ver, éstas son las cinco razones por las que las votaciones andaluzas van a ser claves en el devenir de la política española.

En primer lugar, Andalucía es de largo la comunidad autónoma más poblada con sus casi ocho millones y medio de habitantes, un millón más que Cataluña y dos más que la de Madrid. Más allá de la importancia de este dato en sí, su peso por consiguiente en las futuras Cortes españolas es superior al de otras comunidades. Su protagonismo se extiende a otros campos menos amables: más allá de los macrocasos de corrupción que instruye la juez Alaya, el 20 por ciento de sus municipios está afectados por esa lacra. Por debajo de Murcia, pero la cifra es llamativa.

En segundo lugar, si las encuestas aciertan, Andalucía va ser el primer lugar donde empiece a conformarse el nuevo mapa político español, un escenario distinto caracterizado por la ruptura del bipartidismo y la aparición con fuerza de nuevos grupos emergentes, especialmente Podemos y Ciudadanos. De los resultados de este domingo, vamos a tener más información para inferir sobre el futuro de formaciones aparentemente hoy en crisis como Izquierda Unida y UPyD.

Tercero, sobre el PP.  En un momento en el que se predicen profundos cambios en el comportamiento electoral, cambios de los que apenas tenemos un referente y muy poco actual como son los resultados de las últimas elecciones al parlamento europeo, las expectativas que les otorgan los diferentes sondeos se convierten en la marca que batir. Las encuestas vaticinan al PP un sonoro batacazo en Andalucía donde pasaría de ser la fuerza más votada en las últimas autonómicas donde consiguió 50 escaños a los más o menos 30 que le dan los más recientes escrutinios.

Un PP por debajo de ese franja tendría muy difícil explicar lo que no podría llamarse sino un rotundo fracaso. Con un agravante para el actual líder de los populares, Mariano Rajoy, y es que "Juanma" Moreno es una apuesta personal suya. Con un resultado así, la sensación entre el electorado de centro derecha de que el PP es una etiqueta gastada se acentuaría y el margen de apenas dos meses para rectificar ante las siguientes elecciones no sería seguramente suficiente. Especulando, tras dos malos resultados, Rajoy llevaría plomo en las alas para las generales y la desconfianza entre sus propias huestes de que el mensaje de la recuperación económica bastaría para mantenerles en La Moncloa perdería credibilidad.

Cuarto. Los sondeos dan a la candidata socialista andaluza una victoria en el entorno de los 50 diputados, con varias opciones para seguir gobernando: una minoría cómoda, una reedición del pacto con IU, un acuerdo con Ciudadanos… Este resultado, sin duda, la confirmaría como una líder sólida en el campo socialista y validaría su apuesta por el adelanto electoral, pues habría derrotado claramente al PP recuperando la primera plaza y con apoyos parlamentarios más a su medida. Su capacidad de influencia en la política nacional aumentaría, obligando a Pedro Sánchez a contar con ella.

Y en quinto lugar, los resultados que consigan Podemos y Ciudadanos. Como decíamos antes, no hay unas referencias electorales claras de estos dos partidos y por tanto juegan contra las expectativas que los sondeos les están dando. Parece lógico que de no alcanzar los resultados que les predicen los diferentes estudios de opinión, la ola que les viene empujando de unos meses a esta fuerza perdería fuerza y ganarían peso los que creen que se trata de un fenómeno más o menos pasajero que no acabará con el status quo político reinante aunque lo matizará. Si, por el contrario, cumplen holgadamente con las perspectivas que les ofrecen los sondeos, su papel como alternativas podría consolidarse definitivamente.     

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