Miembros de una mesa electoral en el recuento de votos de las elecciones catalanas del 21-D. | EFE

¿Plebiscito o elecciones autonómicas?

Las frases bonitas de la campaña ya no sirven; ahora debemos volver a la realidad catalana a trabajar y dialogar para volver a la estabilidad

Plebiscito. Este sería el resumen de las elecciones celebradas el 21-D. Una lectura pormenorizada de lo vivido ese día nos lleva a una conclusión: no se supo leer las elecciones. Y los constitucionalistas no lo supimos hacer porque se pusieron sobre la mesa una serie de planteamientos ajenos a la realidad. Si para los constitucionalistas esos planteamientos eran reales, para los amigos del “procés” no lo eran. Por parte de ellos se buscó una repetición del 1-O, esta vez legal. Y la realidad es que perdieron el plebiscito. A nivel de votos no ganaron, aunque si en escaños. Esta es la clave de la situación y la parte positiva del tema: el independentismo perdió las elecciones.

¿Por qué digo plebiscito? Por parte de los amigos del “procés” sólo ha habido unos inputs repetidos hasta la saciedad: los políticos en la cárcel, los de Bélgica, el 155 y la restauración de la legalidad. A día de hoy nadie sabe lo que ponía en sus programas electorales, porque no había programas. Sólo habían mensajes y slogans repetidos hasta la saciedad. Por su parte los constitucionalistas han elaborado programas que de poco han servido. Estos partidos se enfrentaron a unas elecciones autonómicas, por eso han perdido. Ellos han sido serios y, al pertenecer a partidos implantados a nivel nacional han tenido un factor en contra: no han convencido a nadie.

Si uno repasa la publicidad en los diferentes medios de comunicación se da cuenta de esta realidad. En primer lugar ha habido poca. Es cierto que los partidos se han gastado dinero, pero de poco ha servido. Los constitucionalistas han sacado slogans “normales”. De votar, de cambiar, de restituir, de volver a la normalidad... Los amigos del “procés” no hicieron nada de todo esto. ERC montó una rueda de prensa en la cárcel de Estremera y ese fue su final de campaña. Sencillo final, pero efectivo. No ha habido multitudinarios actos. No han necesitado grandes oradores, han ido cambiando de candidatos en los debates. ¿Por qué? No se estaban jugando quién sería el president de la Generalitat. Este ya lo tenían. Lo único que necesitaban era poder repetir hasta la saciedad lo dicho anteriormente: exilio, presos, 155, libertad, legalidad. Y con estos inputs cualquiera podía presentarse ante un debate y salir victorioso. El victimismo ha sido su arma secreta y le han sabido sacar partido.

Luego está lo del “voto útil”. Otra mala lectura de los constitucionalistas. Se ha buscado a la desesperada este voto y ha habido un ganador y dos perdedores. El problema interno de los tres partidos –yo diría el mal rollo entre ellos– ha supuesto que el llamado “útil” se haya convertido en “inútil”. Porque, como se ha visto, no estábamos hablando de eso. La movilización de los “amigos del procés” era para darle forma o legalidad a algo que no puedo llevarse a cabo el 1-O. Esa es la realidad. Su pensamiento: “no nos dejasteis hacer un referéndum legal, pues lo haremos ahora”. Y vuelvo a repetir: lo han perdido.

Si bien ha habido grandes derrotas, son efímeras

¿A partir de ahora las cosas vuelven al principio? Rotundamente no. El procés, como tal, está muerto. La forma y su establecimiento ya ha caducado y han visto los resultados. Estamos así porque una serie de personas dieron un golpe de estado contra su propio país y deberán ser juzgados. También está muerto a nivel internacional. El pensamiento de la UE no ha cambiado un ápice. Es más, han visto y analizado estas elecciones a nivel interno de España. Como las elecciones internas de Francia, Alemania o Italia, por poner varios ejemplos. Los amigos del “procés” no han conseguido nada. No han podido mover ficha y siguen tan aislados como antes del 21-D. Saben perfectamente que no podrán hacer nada y que deben cambiar su concepto si quieren hacer algo. Dicho de otra manera: debemos salir del bucle. Sólo así volveremos a una normalidad.

Lo que sí se ha demostrado es que no han perdido apoyos. La gente se preguntaba que, teniendo en cuenta todo lo pasado, ¿por qué los han seguido votando? Ya lo he dicho, para cerrar una etapa. Ahora se ha puesto un resultado legal a un referéndum ilegal. De ahí el apoyo. A partir de ahora estos amigos del “procés” deben demostrar que sirven para hacer alguna cosa. Hablar es muy fácil, pero gobernar es muy difícil. Todas aquellas expectativas deben plasmarse. Ya no sirven las frases bonitas. Ya no sirve seguir con mentiras que nadie cree. Ya no sirve nada de lo utilizado durante la campaña. Ahora hay que volver a la realidad catalana y empezar a trabajar y a dialogar para tender puentes y volver a una estabilidad y ruptura perdida hace tiempo.

Por lo que respecta a los partidos constitucionalistas, su misión es seguir trabajando como hasta el momento presente. Al ganador de nada le servirá su victoria. El otro bloque es sólido. Y si estos hubieran ido en bloque quizás estaríamos haciendo un análisis muy diferente. Pero la realidad es la que es. Por eso digo que si bien ha habido grandes derrotas, son efímeras. Hay que seguir trabajando como hasta ahora y a nivel nacional se sabe cómo actuar. Aparcar inputs y slogans. Aparcar muchas cosas. Volver a aquella reconciliación que decía Azaña. No hemos vuelto a la casilla de salida. Pero sí debemos salir de ella para solucionar esta crisis social, económica y política que sufre Cataluña desde que Artur Mas se inventó este surrealista sainete.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

César Alcalá

Historiador

César Alcalá es historiador, articulista, editor y político. Especializado en las guerras carlistas y la guerra civil española. Es autor, entre otros libros, de Checas de Barcelona. Regidor en activo, está vinculado a la Fundación Aucal como profesor.

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