La portavoz del grupo parlamentario de Junts pel sí, Marta Rovira y el portavoz de Ciudadanos, Carlos Carrizosa, en un debate en el Parlament, que evidencia que hay riesgo de que se rompa la convivencia. /EFE/Toni Albir

Catalunya, cuidado: hay riesgo de que se rompa la convivencia

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En Cataluña hay riesgo de que se rompa la convivencia, y si no ha pasado es gracias al silencio mantenido por los no independentistas

Joaquim González Muntadas

La portavoz del grupo parlamentario de Junts pel sí, Marta Rovira y el portavoz de Ciudadanos, Carlos Carrizosa, en un debate en el Parlament, que evidencia que hay riesgo de que se rompa la convivencia. /EFE/Toni Albir

Barcelona, 07 de septiembre de 2017 (13:42 CET)

En Catalunya vivimos tiempos de fuertes emociones, de toques de corneta, de estrategias y aventuras que nadie sabe, a ciencia cierta, cómo acabarán. Pero lo que sí sabemos ya es lo que estamos viendo estos días. Negarlo sería una irresponsabilidad. Se está sembrando el campo del virus del sectarismo que puede acabar generando una peligrosa división social.

Quien tenga dudas acerca de estos riesgos, o considere que son exageradas las afirmaciones de este primer párrafo, sólo tiene que repasar las muchas sandeces y las delirantes fábulas que se han dicho y escrito sobre confabulaciones y conspiraciones contra Catalunya y los catalanes durante el conflicto de los vigilantes de Eulen en el aeropuerto de El Prat de Barcelona. Y, más graves todavía, las muchas estupideces que se han vertido en relación con los atentados de las Ramblas de Barcelona y Cambrils, que deberían avergonzar sólo repetirlas. Unos comportamientos que indican que estamos demasiado cerca de una peligrosa y temeraria práctica como es la exhibición de superioridad moral y el desmesurado apasionamiento con "la causa”.

Empiezan a verse nubarrones que pueden amenazar la normal convivencia social. Es evidente que está terminando la “revolución de las sonrisas” cuando aparecen las sectarias respuestas y las descalificaciones que amplios sectores nacionalistas dedican a las personas y organizaciones que ahora, ya sin complejos, han empezado a romper su silencio y a expresar su oposición a la independencia de Catalunya, o incluso hacia aquellos, partidarios del derecho de autodeterminación pero que anuncian que no piensan participar en el 1 de Octubre, por entender que no tiene las garantías democráticas suficientes.

La revolución de las sonrisas finaliza con las sectarias respuestas y descalificaciones de amplios sectores nacionalistas

Es precisamente las muchas iniciativas que en estos días están surgiendo desde diferentes ámbitos en toda Catalunya, que rompen ese largo silencio que ha servido para disimular la discrepancia. Lo que provoca esas duras reacciones que marchitan ese "buen humor" del que tanto han venido alardeando los sectores independentistas durante estos años.

Quizás lo que de verdad se descubre en estos días es que en realidad lo que ha facilitado esa imagen de buen rollo y “germanor” ha sido precisamente el silencio mantenido durante estos largos años por parte del sector de catalanes y catalanas que no participan de la causa independentista. Quizás el mérito de esta ausencia de división social en Catalunya tenemos que buscarlo en el fair play de esa otra mitad de la ciudadanía catalana, no independentista, que se ha tragado en silencio y educadamente la incomodidad y anomalía que representa que las instituciones públicas en Catalunya les ignoren sistemáticamente.

Quizás es ese fair play el que ha garantizado la falta de crispación porque ha decido convivir, sin darle mayor importancia, con la invasión abusiva, por parte de las instituciones de mayoría independentista, de los espacios públicos que compartimos toda la ciudadanía - independentistas y no independentistas- como han hecho con sus banderas “esteladas” en ayuntamientos y rotondas, en muchos casos tan inmensas y ridículamente exageradas como la que ondea en la Plaza Colón de Madrid.

El fair play en Cataluña se debe a esa otra mitad de la ciudadanía que se ha tragado en silencio la propaganda soberanista

Quizás ha sido el silencio de esa otra mitad de la población lo que permite explicar la tranquila convivencia social de estos últimos años y el que ha permitido presentar una Catalunya irreal, obviando con ello la comprobación de que las dificultades del proyecto de secesión no están fuera de Catalunya. Porque están en la de propia sociedad catalana de la que al menos la mitad se niega a fracturarse y a ver la solución de sus problemas fuera de España y Europa.

Por todo ello no está de más advertirnos de que “cuidado que se está rompiendo la convivencia” cuando se rompen o se ignoran las reglas de juego compartidas. Ya que, como escribía el 21 de noviembre de 2000 en un breve artículo Rosa Montero en el diario El País,el sistema democrático no es más que un inmenso, hermoso, transparente castillo de naipes. Se sostiene en el aire de milagro, no apoyado en la fuerza bruta, sino en el respeto colectivo a la palabra dada; en la aceptación, libre y generosa, de las reglas del juego”, y continuaba diciendo: “Que no se nos olvide esa fragilidad en la joven España”.

Así que atención, porque estamos entrando en una dimensión desconocida.

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