El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, este viernes en el parlamento catalán, lo que invita a la reflexión sobre el suicidio en Cataluña.. EFE/Alberto Estévez

Cataluña: El principado de las hadas

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Cataluña es un país, un principado, en el que muchos de sus habitantes han llegado a creer en un mundo imaginario y mágico

Joaquim González Muntadas

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, este viernes en el parlamento catalán, lo que invita a la reflexión sobre el suicidio en Cataluña.. EFE/Alberto Estévez

Barcelona, 27 de octubre de 2017 (09:07 CET)

En el famosísimo libro de Pascal Bruckner La tentación de la inocencia, que analiza el infantilismo y el victimismo de la sociedad occidental, encontramos un breve cuento de E.T. Hoffmann que dice:

"En un pequeño principado de clima suave, vivían numerosas hadas que llevaban a cabo los prodigios más agradables en aldeas y bosques.

Un día, el nuevo soberano decide instaurar la Ilustración, manda talar los bosques, canalizar el río para volverlo navegable, cultivar patatas, construir carreteras y vacunar contra la viruela.

Para acompañar estas medidas, su primer ministro le aconseja limpiar el Estado de todas las personas que hacen oídos sordos a la voz de la razón, y particularmente de las hadas enemigas de la Ilustración que no dudan en propagar, con el nombre de poesía, un veneno secreto que hace que las personas se vuelvan inútiles para el servicio de la Ilustración.

La policía irrumpe en el palacio, expulsa a las hadas, confisca sus caballos alados y los transforma en animales útiles cortándoles las alas. Pero las hadas, por descontado, siguen hechizando al principado y enfrentándose con su encanto y su fantasía a la Ilustración".

Un cuento que bien podría hacernos sospechar que E.T. Hoffmann (escritor, dibujante y músico del siglo XVIII) ha vivido entre nosotros en Catalunya estos últimos años. Vista la realidad, bien podría haberle puesto el nombre de nuestro país a ese anónimo principado, de clima suave y lleno de fantasía... Catalunya es un país donde también muchos de sus habitantes, llenos de inocencia y de buena fe, han llegado a creer en un mundo imaginario y mágico, que algunos sus políticos y gobernantes independentistas, como esas hadas del bosque, les han descrito.

Ha llegado la hora de mirar hacia atrás, reconocer errores y sacar conclusiones

Un mundo futuro lleno de fantasías e ilusión a través de un proceso hacia la independencia dulce y sin obstáculos insalvables. Un mensaje lleno de infantilismo por inconsciente y ciego a la desproporción de fuerzas.

Pero en estos días de octubre, estamos ya frente a la cruda realidad. Esa que nos revela, casi con crueldad, que las fábulas que contaban las hadas tenían muy poca consistencia. Que desmiente aquella hoja de ruta tan repetida de que “tenemos la independencia a tocar de los dedos”, “que Europa no dejará fuera a quien fue la cuna de la democracia”, etc. No era real, no tenía relación con esa realidad que obliga, por el bien común, a cortar las alas de los caballos alados para que estos puedan ser útiles y vuelvan a galopar por los caminos o arar la tierra.

Ha llegado  la hora de mirar hacia atrás, de analizar y afrontar el resultado y las consecuencias de lo hecho y vivido durante estos largos años. Ha llegado la hora de resolver la dirección a seguir. Ha llegado la hora de decidir cuál tomar entre dos caminos. Uno lleva a reconocer errores, y sacar conclusiones, para corregirlos. El otro, a seguir con el infantilismo de trasladar las culpas y las responsabilidades a un tercero.

Lo peor que puede ocurrir es que se incruste en la sociedad catalana la ideología victimista

El primer camino podría llevar a superar el fracaso y sobre todo a abrir una nueva etapa de convivencia, trazando nuevas vías. El otro significará insistir en el error y alimentar el victimismo, ese recurso que busca provocar la compasión, en lugar de afrontar la realidad de los hechos.

Lo peor que nos puede ocurrir es que se incruste en amplios sectores de la  sociedad catalana la ideología victimista, la teoría de la Mano Invisible, esa que siempre acaba explicando todo desde  la   maldad del enemigo imaginario con voluntad de herir y humillar a cada uno de nosotros y a nuestra comunidad. Dejando una sociedad muy movilizada, es verdad, pero llena de melancolía, empeñada en su  desgracia, triste, sectaria y dividida.

Estamos aún a tiempo, necesitamos volver al mundo real. Necesitamos dejar la épica para los libros de caballería y para los cuentos infantiles. Y ponernos a trabajar, mirar de frente el futuro  del  mundo real. Nos esperan muchos y graves problemas que resolver. Y como dejó escrito nuestro poeta: ‘Tot està per fer i tot és possible’.

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