Torrent aplaza el pleno de investidura. Foto: EFE

Torrent y la nueva generación de la vieja política

Roger Torrent, el nuevo presidente del Parlament, es una figura más del 'procés' que retrata la incapacidad de los líderes independentistas

No ha sido ni el paso de los años ni los cambios internos en los partidos. Ha sido la acción de la Justicia y, en todo caso, la necesidad de camuflar la corrupción, lo que más ha acelerado la renovación de los rostros de la política catalana que simboliza la elección de Roger Torrent como presidente del Parlament. ¿Pero se ha renovado algo más que las caras?

Al proponer a Carles Puigdemont como candidato a president, Torrent incumple con su primera decisión el compromiso implícito en su discurso de aceptación de velar por los intereses de “todos” los catalanes. Y el propósito explícito de ERC de atender al criterio de los letrados de la Cámara. “No es una opinión vinculante; se trata de una decisión política”.

El independentismo descuenta toneladas de doctrina sobre legalidad y legitimidad con un sencillo argumento: es retrógrado (y “español”) que las leyes regulen el comportamiento de la sociedad y de las instituciones. Lo progresista es que la sociedad (el poble català) determine cómo deben ser las leyes. Ergo, el independentismo es progresista y todo lo demás es antiguo; facha, para entendernos. Y una imposición para cercenar la libertad de Cataluña.

El independentismo descuenta toneladas de doctrina sobre legalidad y legitimidad con un argumento: las leyes no regulan el comportamiento de la sociedad

En virtud de este silogismo, Puigdemont se despachó en Copenhague como siempre: todo lo que se le opone es “la larga sombra de Franco”. Torrent adelantó que la Mesa del Parlament, se saltará nuevamente el criterio de sus letrados y la legalidad, como en septiembre, porque es lo progresista, lo democrático y porque la legalidad no puede coartar la política. Y así la noria volverá a girar. ¿Hasta que se detenga dejando a Puigdemont colgado y se designe un nuevo candidato? ¿O seguirá dando vueltas hasta que convoquen nuevas elecciones para romper el impasse?

La vida útil de los políticos ya no es lo que era. Encarcelamientos, fugas, imputaciones y el paso a la retaguardia de las figuras más amortizadas. Las bajas del procés han propiciado el avance a primera línea de una nueva generación. Los partidos del cambioPodemos-Comuns, Ciudadanos— en poco se distinguen ya de los de siempre. Las gentes que incorporaron desde el mundo real se han contaminado más de los usos de la vieja política que lo que han sido capaces de renovarla. El resultado es que las nuevas caras de la vieja política, particularmente en Cataluña, perpetúan un sistema de circuito cerrado, cada vez más aislado de la vida real de la ciudadanía.

De hecho, cuanto más nuevos, más alejados: más profesionales de la política, sin otra experiencia que la obtenida en el partido ni otra ambición que hacer carrera en él; más funcionarios de partido, sin otra lealtad que la exigida por sus siglas. Y más orientados a obtener escaños, cargos y control sobre presupuestos, que en labrar consensos.

 Los partidos del cambio se han contaminado de los usos de la vieja política y no han sido capaces de renovarla

Carles Puigdemont (55) es el decano de esa supuesta renovación y, con el tiempo, se ha consagrado como su figura más surrealista. Es el Dalí de política, más charlatán que artista. La carambola que le colocó en la Generalitat en 2016 y, más recientemente, el artículo 155, le han dado un lienzo acorde al tamaño de su ambición.

El expresidente es todavía de los que ganó sus primeras pesetas en el mundo real, pero lleva dos décadas viviendo del erario público. Primero en medios de comunicación financiados por la Generalitat (la Agencia Catalana de Noticias y el Catalonia Today, que hoy dirige su mujer, Marcela Topor), y luego directamente en política como concejal y alcalde de Girona.

Roger Torrent (38), también es gironí, pero nunca ha tenido que probarse en el mercado. Tras licenciarse en Ciencias Políticas, ganó una plaza como técnico municipal y, en 1998, se afilió a ERC. Un año más tarde ya era concejal de su pueblo, Sarrià de Ter. Lo demás es historia: alcalde en 2007, portavoz en la Diputación y parlamentario catalán desde 2012.

Carles Puigdemont es la figura más surrealista del 'procés', el Dalí de política

Que no haya dependido de una nómina privada no debería invalidar a Torrent para la responsabilidad de velar por el fair play parlamentario, que ha puesto en duda con su primera decisión. Pero, más allá de lo político, le priva de una vivencia fundamental en la vida de la mayoría: el trabajo, su ausencia, la angustia de que su salario no llegue para las necesidades o de no saber cuándo lo puede perder. Es una característica que comparten gran parte de los nuevos miembros del Parlament. Y buena parte de los políticos veteranos. 

La otra nueva estrella del firmamento independentista es Elsa Artadi (40). La jefa de campaña de Junts per Catalunya se ha convertido en Mano del Rey de Puigdemont, por usar la jerarquía de Juego de Tronos. Triunfadora electoral, secretaria de facto del movimiento y plenipotenciaria del pretendiente. La referencia a los Stark y los Targaryen no es banal. En un giro del guión, Artadi podría acabar como primera presidenta de Cataluña si Puigdemont concluye que él no lo será.

El depuesto president se arroga la exclusiva de la legitimidad. Nada, pues, le impediría ungir a quien quiera. ¿Por qué no transferir la legitimidad a Artadi y transformarse en el primer president extracorpóreo de la Generalitat?

La otra nueva estrella del firmamento independentista es Elsa Artadi, jefa de campaña de Junts per Catalunya 

Artadi es exponente de las nuevas élites urbanas del independentismo. Economista por la UPF, doctorada en Harvard y exconsultora del Banco Mundial, antes de que Andreu Mas-Colell la fichara para la Generalitat, su barniz cosmopolita contrasta con la eurofobia reciente de Puigdemont y la comodidad con que se ha dejado acoger en Bélgica por la ultraderecha flamenca.

Marta Rovira (40), en cambio, es lo opuesto al cosmopolitismo. Su carrera está jalonada por los hitos de la profesionalización y el clientelismo. Su biografía hace solo una breve referencia a labores de abogada en Vic. Ingresó en ERC en 2005, pero alcanza la secretaría general cuando Oriol Junqueras asume la presidencia del partido en 2011. No ha sido concejal ni alcaldesa ni tiene experiencia administrativa. Junqueras le considera “el futuro de ERC”, pero ha sido una candidata floja que compensa su falta aptitud con un fervor patriótico desbordante.

Otros nuevos rostros de la vieja política responden a una descripción parecida. Hace apenas un año y medio, Marta Pascal (34) iba a librar a los convergentes del pujolismo, de la tacha del 3% y del olor a naftalina. Ahora, el ninguneo de Artur Mas, su imputación (igual que Rovira) por el Supremo, la competencia de Junts per Catalunya y el Caso Palau amenazan con llevarse por delante lo que resta del Pdecat. Y con ello, enterrar definitivamente el concepto de catalanismo moderado, arrollado por un ambiente que lo ha descontado como “pantalla superada”. 

Marta Rovira es lo opuesto al cosmopolitismo. Su carrera está jalonada por los hitos del clientelismo

Fuera del independentismo, el retrato genérico de la nueva generación de políticos presenta pocas diferencias. El PSC ha renovado los rostros que rodean a Miquel Iceta (57), como Salvador Illa (51) y Eva Granados (43). Salvo el paso de esta última por la multinacional francesa Alstom, ambos siguen el mismo patrón: una trayectoria dedicada –y dependiente— de cargos públicos vinculados a su militancia. O de la enseñanza (también pública), que suele ser lo más parecido a un empleo normal que han ejercido buena parte de los políticos españoles.

Quien ejerce la política como empleo tiende a perpetuarla. Esa concepción se combina con la disolución de la ideología en la que los principios sólidos, los valores permanentes y las certezas morales son un impedimento a la consecución rápida de resultados.

Los partidos soberanistas justifican con “la voluntad popular” el uso selectivo de la legalidad. Los partidos del cambio, por su lado, han hecho de la ambigüedad un valor. Ada Colau puede así coquetear con los nacionalistas para salvar sus presupuestos. E Inés Arrimadas, con su discurso anti nacionalista, consigue ser la política más votada porque un millón de votantes no le percibe como anticatalana.

Los partidos soberanistas justifican con “la voluntad popular” el uso selectivo de la legalidad

No deja de ser irónico que quien más irrita a los nacionalistas sea quien mejor cumple la definición pujoliana de catalán: “quien vive y trabaja en Cataluña y quiere serlo”. La líder de Ciudadanos ni nació ni se formó en Cataluña pero eligió ser catalana. Es algo que saca de sus casillas a los que tienen un concepto patrimonial de la identidad, por no usar un término más severo, como Nuria de Gispert: “¿por qué no te vuelves a Cádiz?”.

Uno sospecha que el éxito de Arrimadas fue algo más que el resultado del voto útil, del nacionalismo español o cualquiera otra de las deficiencias que le atribuye el soberanismo y ahora, también, el PP. Su formación –carrera, máster, idiomas– es parecida a la de muchos de sus compañeros de cohorte. Pero difiere, además de su origen y su discurso, en que ha pasado tantos años ganándose la vida en el mundo real (en empresas industriales y de servicios en Cataluña) como en la política.

Si Puigdemont es el decano de la nueva generación de políticos catalanes, el número uno de la promoción es Gabriel Rufián (35). La profundidad de su pensamiento solo es comparable a la velocidad de su Twitter, a pesar de los ocasionales incidentes de fuego amigo. El mejor resumen de su bagaje político, cívico e intelectual se refleja en la web de su propio partido, ERC. En las biografías que se facilitan de los diferentes dirigentes, se aprecia un esfuerzo por realzar sus respectivas trayectorias. La de Junqueras tiene 25 líneas; la de Rovira, 27; la de Alba Vergés, 29. La de Rufián tiene dos

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Carlos Lareau

Analista, Economía Digital

Carlos Lareau está especializado en comunicación corporativa y relaciones institucionales. Es socio director general de Conduit Market Engineers. Dedicó 12 años al periodismo de trinchera en El Diario Vasco, El Correo Español, PRISA y EFE.

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