El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, celebran los resultados. EFE/Javier Etxezarreta

Inés Arrimadas, una heroína en un reino hechizado

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Inés Arrimadas salva la cara política de la Constitución y demuestra que la parte de la sociedad que se siente catalana y española es capaz de ganar elecciones

Carlos Carnicero

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, celebran los resultados. EFE/Javier Etxezarreta

22 de diciembre de 2017 (08:52 CET)

Cuando asistimos a una gran tormenta no podemos despreciar el paraguas. Cataluña es la tormenta e Inés Arrimadas es nuestro paraguas, el paraguas de la Constitución Española. En medio de un universo hostil -en el que, a pesar de haber retrocedido en votos y escaños, los independentistas, si suman otra vez los cuatro escaños de la CUP, podrán formar una mayoría independentista- Arrimadas ha obtenido una de las victorias electorales más brillantes de la transición española.

La tentación. al observar la posible mayoría absoluta del secesionismo, es pensar que todo sigue igual que el día anterior a aplicar el 155 con el que comenzó la vuelta a la legalidad en Cataluña.

No es cierto.

Hagamos unas reflexiones de urgencia, cuando todavía no se han apagado los focos del espectáculo electoral.

Inés Arrimadas ha ganado las elecciones en número de votos y de escaños. La candidata de un partido que hace once años tenía tres escaños en el Parlament de Cataluña ha conseguido 37 diputados y casi y unos 1.102.099 votos. Doce diputados más de los que consiguió su partido en las elecciones de 2015. Un resultado esplendoroso que ha superado las expectativas más optimistas que reflejaban las encuestas. Inés Arrimadas ha cumplido. Ha aprobado con sobresaliente, dejando atrás la candidatura improvisada y personalista del prófugo Carles Puigdemont y al partido favorito, Esquerra Republicana de Catalunya.

Inés Arrimadas ha cumplido, dejando atrás la candidatura improvisada y personalista de Carles Puigdemont

Los demás partidos constitucionalistas no han cumplido.

El PP se ha desmoronado hasta el punto, cuya posibilidad adelantábamos en este periódico hace tan solo unos días, de no poder formar grupo parlamentario. De disfrutar de once escaños en las anteriores elecciones, ha coleccionado tres.  En consonancia con el surrealismo imperante en la política catalana, el partido que gobierna España compartirá el grupo mixto en el Parlament con los antisistema de la CUP. Imagínense el reparto de despachos y el uso común de la multicopista.

En ese mundo de contrastes marcados a fuego, el candidato socialista justifica haber conseguido un escaño más y cincuenta mil votos, lejos de las expectativas mínimas que se había propuesto. Ni la incorporación de los restos de la antigua Unió Democràtica de Catalunya ni la oferta de indulto para los golpistas presos y fugados le ha hecho ganar un solo voto. Nunca sabremos los que ha perdido con esas propuestas tan pintorescas.

A Iceta ni la incorporación de los restos de Unió ni la oferta de indulto para los golpistas presos le ha hecho ganar un solo voto

Viajemos a Bruselas. Pero no abandonemos la sombra de Dalí.

El expresident, miembro de un partido que se llama Pdecat, que es el camuflaje anticorrupción de la antigua Convergència i Unió, organizó a todo correr una mezcla de movimiento populista y de guardia pretoriana con la que le ha ganado la pugna por la hegemonía nacionalista a la que parecía todopoderosa Esquerra, que todavía no se ha recuperado de su asombro.

Además, como una demostración más de que no se puede apostar lo que no se está dispuesto a perder, Esquerra tendrá que cumplir su compromiso de hacer president al causante último de toda esta tragedia, Carles Puigdemont, siempre que viaje a España para ser detenido inmediatamente, en espera del permiso que le pudiera permitir ser investido en una sesión del Parlament. Siempre con permiso de la CUP, que pese a haber perdido seis escaños de los diez que disfrutaba, hará valer a precio de oro los cuatro escaños que ha salvado de su propio naufragio.

El Pdecat ha ganado la pugna por la hegemonía nacionalista a Esquerra

Volvamos al paraguas para encontrar protección en esta tormenta que pudiera parecer que amenaza en convertirse en huracán.

Para Ciudadanos su victoria es real y además cargada de simbolismo, que como se sabe es una de las más importantes armas políticas. Ha ganado y además ha evitado que un partido secesionista pudiera ser la lista más votada. Un valor de marca que es intangible, pero constituye un valiosísimo fondo de comercio político.

No solo ha salvado la cara política de la Constitución, sino que ha demostrado que la parte de la sociedad que es, se siente y quiere seguir siendo catalana y española, es capaz de ganar unas elecciones frente a símbolos tan importantes como es el victimismo que proporciona la cárcel y lo que pretenden como exilio. Una mujer joven, capaz de hacer una campaña espléndida, sin complejos ni concesiones, que es insultada cada vez que sale a la calle, ha ganado admirablemente unas elecciones regidas por una ley electoral que prima las áreas rurales en una desproporción inédita en el reparto de escaños diseñada desde hace cuarenta años para la victoria de los nacionalistas.

Arrimadas ha ganado unas elecciones regidas por una ley electoral que prima las áreas rurales

No es un mal punto de partida. Sobre todo, si convenimos que sigue vigente el postulado que hemos mantenido, que una situación tan compleja como la que existe en Cataluña no tiene soluciones instantáneas y requiere tiempo y finezza política.

El titular de la prensa extranjera de los países de nuestro entorno, que suele ser en muchos casos más seria que mucha de la nuestra, habrá titulado a estas horas que Ciudadanos, un partido constitucionalista y respetuoso con la legalidad, ha ganado brillantemente las elecciones en Cataluña. Naturalmente habrá un subtítulo, “pese a que los partidos secesionistas con ayuda de un movimiento antisistema mantienen la posibilidad de construir una mayoría absoluta”.

Matemáticamente, Arrimadas no tiene posibilidad alguna de formar gobierno. Los secesionistas, si consiguen armar un grupo parlamentario con la presencia física de sus electos huidos y en prisión, podrían investir presidente a un prófugo que no está dispuesto a volver para tomar posesión de su cargo como president, previo paso por la cárcel, donde presumiblemente permanecería hasta la celebración de un juicio por delitos tan graves como sedición, rebelión y malversación. Disculpen, pero llegados a este punto tengo que aclararles que lo anterior no es sinopsis de una serie televisiva de ficción y de éxito.

Los secesionistas podrían investir presidente a un prófugo que no está dispuesto a volver

No parece que Puigdemont tenga intención de regresar en estas condiciones ineludibles e irremplazables.

Hay una dificultad añadida. Frente a la tentación anunciada, por lo menos por Esquerra, de renunciar a la unilateralidad y a la progresión del secesionismo fuera de la legalidad, la CUP pone como condición previa a cualquier apoyo que se prosiga inmediatamente con el camino emprendido para implementar la independencia, que ellos dan por proclamada.

Lo presumible es que hoy lunes, los notarios de Cataluña tengan que contratar personal añadido para tramitar las solicitudes de fuga de las empresas que todavía tienen sede social y fiscal en Cataluña.

Muchos catalanes presos de servidumbres emocionales tóxicas han desperdiciado la oportunidad de echar marcha atrás

Hay muchos catalanes presos de servidumbres emocionales tóxicas, que han desperdiciado la oportunidad que no tuvieron los ciudadanos británicos. Estos no pudieron echar marcha atrás en el Brexit porque conocieron sus consecuencias después de haber decidido aplicarlo. Por el contrario, los votantes de la progresión independentista fueron advertidos de las consecuencias del camino emprendido porque ya las empezaron a sufrir en el primer acto de esta tragedia. Pudiera decirse que han decido seguir con su plan de eutanasia económica y social después de haberse tomado la primera dosis de su pócima.

Empezamos una gestión muy compleja de esta tormenta.

Hagamos inventario de las dificultades y de algunas ventajas sobre la situación anterior.

La llave de los misiles constitucionales

Se ha demostrado que el Estado es fuerte y que dispone de medios legales y legítimos para reconducir un golpe contra la Constitución. Los que han conocido la cárcel y quienes les han visitado tendrán que decidir si están dispuestos a recibir una nueva dosis de esa medicina.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que tiene la llave de los misiles constitucionales para impedir que se vuelva a conculcar la ley, está en una situación de debilidad concorde con los tres diputados de que dispone su partido en el nuevo Parlament. Posee legitimidad y legalidad para actuar, pero está disminuido por la sombra de la irrelevancia cosechada en el día de ayer en Cataluña.

Y no solo en Cataluña. Albert Rivera, el jefe máximo de Ciudadanos, se acaba de convertir en una amenaza electoral para el PP en el conjunto de España. Y si un día estuvo condicionado por la sombra de un anticipo electoral en España, ha conseguido revertir esa situación. Está fuerte para negociar los apoyos parlamentarios imprescindibles para un gobierno debilitado.

Podría ocurrir que los partidos secesionistas lleguen a tener más diputados imputados o en prisión preventiva que en el hemiciclo

Los secesionistas no solo tienen problemas políticos y, podría decirse, existenciales. Si sucumben a la tentación y a las presiones de reincidir en la vía a la independencia, no solo les volverá a caer encima la Justicia, que además en los próximos días puede atender los nuevos informes de la policía judicial que ya le han puesto al magistrado Pablo Llarena pruebas para inculpar por lo menos a una docena más de responsables independentistas, la mayoría o muchos de ellos flamantes diputados electos. Pudiera ocurrir que los dos partidos secesionistas lleguen a tener más diputados imputados o en prisión preventiva que en el hemiciclo.

Además, con tres diputados en prisión y cinco fugados en Bruselas, su presencia en el Parlament para ejercer sus funciones y su voto no es precisamente fácil ni práctica.

Todas las confesiones de los errores cometidos en el procés, de la falta de posibilidades que tenía una república proclamada unilateralmente, son una sombra que dificulta repetir el engaño a sus seguidores, salvo como parece que ese sea su deseo. La catástrofe económica de la continuidad de la aventura es innegable e irreparable en corto plazo.

Y al frente de ese barco en rumbo de colisión está un iluminado que maneja la presidencia de la Generalitat en los mismos parámetros con los que un rey depuesto exige la restauración de la monarquía para proseguir en la destrucción de su país.

Demasiada reflexión para un plazo tan corto desde el cierre de los colegios. Son solo unas pistas para definir una situación tan compleja como apasionante para un periodista que ame su oficio.

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