Hegemonía centralista

Albert Rivera

Hegemonía centralista

La tradicional perspectiva izquierda-derecha amplía sus diferencias en torno a un reclamo que nunca desaparece, el centralismo

Rosa Luxemburgo denunció a las feministas que no era de izquierdas por su falta de visión estratégica, al tiempo que acusaba de ausencia de profundidad a los de izquierdas que no eran feministas. No se asusten. La cita es de aplicación universal a todas las parejas de ideas, o ideales, o incluso propósitos, utopías o tonterías que convenga emparejar.

Para el caso y en España: “quien es de derechas y no es centralista carece de estrategia, quien es centralista y no es de derechas carece de profundidad”. Parecida simetría se podría aplicar, pongamos por caso, a catolicismo y conservadurismo, a cristianismo e igualitarismo, progresismo y ecologismo, etc. Incluso pueden probar con inteligente y desalmado. El resultado les sorprenderá.

La derecha avanza gracias al éxito de su mayor reclamo, llamado centralismo

Una cosa es el sentido de las palabra y otra el contraste con los hechos. Aunque las reivindicaciones feministas encontraron mayor eco en las izquierdas biempensantes, el comunismo real no fue feminista ni mucho menos. Pero resulta que, en España, lo del centralismo y la derecha no solo proviene de la noche de los tiempos sino que, tras el paréntesis abierto con la transición, vuelve por sus fueros con renovado ímpetu.

El último sondeo electoral del CIS, que muchos han interpretado, según sus preferencias, como una amenaza más o menos seria al PP de Mariano Rajoy, es apabullante al respeto. Observado según la tradicional perspectiva derecha-izquierda, y en relación a las elecciones del 2016, el PSOE sube unas insignificantes pero valiosas cuatro décimas mientras Podemos desciende dos puntos, aunque parece que frena la caída.

De cumplirse el pronóstico del CIS, Podemos pasaría de tercera a cuarta fuerza. Pedro Sánchez se difumina a ojos vistas. Malas noticias para la izquierda, que afloja aunque aumente la desigualdad mientras la derecha avanza gracias al éxito de su banderín de enganche. Un banderín, o más bien banderón, llamado centralismo.

Los de Albert Rivera son aún más centralistas por necesidad que por convicción

El centralismo, al ser ancestral y tendencial, avanzaría por su cuenta, así que figúrense si es empujado por más de un partido. El gran fenómeno de la política española se llama Ciudadanos. Su líder, Albert Rivera, es el mejor valorado. La atracción por lo desconocido es una vieja, y nueva, compañera de las crisis de confianza entre la sociedad y sus políticos.

Sin el atractivo de lo insólito, ni Macron ni Trump estarían donde están. De lo cual, y a la vista de que la corrupción seguirá apestando y dado que los efectos del crecimiento tardarán en llegar, si es que llegan, a la inmensa mayoría de hogares, cabe deducir una consolidación del C’s como primer beneficiario de la próxima cosecha electoral.

¿Y eso qué tiene que ver con el centralismo? Aunque la preocupación por la independencia de Catalunya haya caído en picado –y pueden apostar a que seguirá cayendo—, por mucho que Ciudadanos procure desprenderse a toda prisa de su origen catalán, siempre sospechoso, y el PP le recuerde con mala saña la amargura de su victoria del 21-D, los de Albert Rivera son aún más centralistas por necesidad que por convicción, y cuidado que la convicción es firme.

Las tendencias  reveladas por el CIS indican que ni el nacionalismo vasco ni el catalán serán necesarios para gobernar

A diferencia de PP y PSOE, C’s juega con la ventaja de no tener barones territoriales que consideren la recentralización como una pérdida de poder en sus taifas. De seguir ascendiendo, Rivera subirá por el tronco, no por las ramas autonómicas.

Esta es una poderosa razón de partido de un partido que, incluso sin ella, podría disputar al PP su pureza de ADN centralista. Por si fuera poco, las tendencias  reveladas por el CIS indican que ni el nacionalismo vasco, aún queriendo, ni el catalán, aún si querer, serán necesarios para gobernar, ya que PP y C’s, o C’s y PP, sumarían mayoría absoluta. Un freno menos.

Si no eres centralista no puedes ser de derechas. Si eres de centro, acentúa tu centralismo desplazándote hacia la derecha. Si te va el federalismo y no eres de extrema izquierda, disimula. Disimula, o échate a temblar.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

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