El precio a pagar

Rajoy junto a Cospedal en la reunión del Comité de Dirección del Partido Popular / EFE

El precio a pagar

Investir a Puigdemont es una burla que el gobierno quiere impedir, pero la forma de hacerlo puede repercutir en el estado

Rubalcaba avisó que el estado iba apagar un precio. No por someter al independentismo sino por los procedimientos usados. Sobre el qué se extiende un amplísimo consenso. Ya que no ha sido posible echar el guante al cabecilla de la rebelión catalana, debe impedirse por lo menos la burla de su investidura. Que disponga de mayoría no es un obstáculo insalvable, ya que cuando el fin es de capital importancia suelen justifican algunos medios poco ortodoxos.

¿Pero cuál es el fin? Hay que dejar claro quien manda aquí, bajo pena de sufrir un grave descalabro en materia de honor. Dado que España estima tanto la honra que hasta la prefiere al cumplimiento de sus propias normas, no hay otro remedio que flexibilizarlas un poquitín, para que surjan efecto sin que se note mucho el cuidado.

En términos económicos, el coste del Proceso es significativo pero no grave. En términos sociales, aumenta la polarización

Ahí, precisamente sobre el cómo, aparecen las divergencias. Varapalo del Consejo de Estado por una cuestión de procedimiento. Incomodidad del Constitucional, forzado a dictar medidas cautelares de reglamento autonómico que no le corresponden. Quienes acusan a la mano derecha de Rajoy de haber errado se abstienen de proponer medidas alternativas, ya que como todo el mundo sabe esta puerta no puede cerrarse sin forzar engranajes. El estado debe pagar un precio.

Así que la conclusión es obvia, las críticas no son otra cosa que brotes de una campaña contra Rajoy que, habiéndose prohibido sus huestes usar la corrupción como palanca para moverle, aprovecha cualquier resquicio. Me refiero a las críticas ‘afines’, ya que las de los contrarios al régimen del 78 son irrelevantes. Por mucho que se fundamenten en la defensa del derecho vigente, no hacen mella en la armadura del sistema.

En términos económicos, el coste del Proceso, sumado al del contraproceso, es significativo pero no grave. La industria se reafirma como motor económico de Cataluña. Las previsiones de crecimiento son casi deslumbrantes. Por el contrario, en términos sociales, aumenta la polarización. Muchos españoles se han descubierto anticatalanes sin a penas matices.

No pocos catalanes, que al principio votaron independencia a fin de forzar una negociación de corte federal, sienten un rechazo indiscriminado hacia esta y cualquier otra España. Eso tiene arreglo, no en un futuro inmediato, pero sí en cuanto se alcance un pacto. Los siglos de historia y los lazos familiares no se borran de un plumazo, ni siquiera de un encontronazo.

El descrédito español es un inconveniente que no se traduce en desventaja competitiva. Bajos salarios, precariedad, y a crecer

Lo que tiene poco arreglo pertenece al campo de los intangibles. A ojos de sus socios europeos y occidentales, España ya dejó de ser admirada por la modélica transición y el formidable crecimiento de alumno aventajado. Pero ahora acaba de ingresar en el club de las democracias jóvenes que sucumben a sus viejas pulsiones autoritarias. Polonia al este, España al Oeste.

Visto lo visto en la cúpula de la primera y unas de las más sólidas democracias del mundo, léase Trump, el descrédito español es un inconveniente que no se traduce en desventaja competitiva. Bajos salarios, precariedad, y a crecer. En cambio, en el seno de la sociedad española puede estar formándose una corriente de creciente desagrado por la deriva hacia valores poco ejemplares. A la desfachatez ante la corrupción se suma ahora la unanimidad del “a por ellos” y la unicidad institucional, incluyendo la mediática.

Democracia es sinónimo de pluralismo, de  forcejeo entre distintos poderes en permanente equilibrio inestable. La concentración y el blindaje de un solo poder no puede dar buen resultado. Tampoco la demonización del otro. La ausencia de debate por deslegitimización inquisitorial de la discrepancia sí es un precio. Y ya se está pagando.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Xavier Bru de Sala

Analista, Economía Digital

De Xavier Bru de Sala recordamos su aclamado Fot-li, que som catalans (2005) y la vuelta de tuerca Fot-li encara més que som catalans (2006). Su producción literaria ha logrado varios premios. Además de con Economía Digital, colabora en El Periódico.

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