stop

Las altas temperaturas, españolas y catalanas, impiden ver que el diálogo que se pide puede acabar siendo un espacio de indefinición que no permite avanzar

Fèlix Riera

La Diada de este año, con el 1-O a pocas semanas, está claro que nada será como antes, a la espera de cómo evolucione el posible referéndum..
La Diada de este año, con el 1-O a pocas semanas, está claro que nada será como antes, a la espera de cómo evolucione el posible referéndum..

Barcelona, 27 de julio de 2017 (08:55 CET)

Atrapados en el cambio climático, negando aún sus efectos nocivos, no es de extrañar que neguemos el cambio político al que nos dirigimos. La fuerte humedad de Barcelona unida a las altas temperaturas tiene el efecto de convertir en agua incluso lo que pensamos, y no es la mejor forma de afrontar el controvertido 1 de octubre.

Para los más optimistas contrarios a la deriva independentista impulsada por el Gobierno de la Generalitat, el 1 de octubre sólo es un gran acto electoral del independentismo con el propósito de crear las mejores condiciones para afrontar con éxito las próximas elecciones autonómicas, que ellos denominarán constituyentes. Para los más pesimistas vamos hacia un choque de trenes, si o si, que tendrá nefastas consecuencias para Cataluña y para España.

Para el Gobierno catalán estamos ante el big bang que creará un nuevo universo político favorable a Cataluña. Para el Gobierno español, como decía el otro día un alto cargo del PP en Barcelona, “veremos un choque de tren contra el muro de la ley”. La temperatura política se irá elevando gracias a las “convicciones" del nuevo gobierno de Cataluña y la apelación a la “responsabilidad" del gobierno español.

Para el Gobierno español se trata de un choque de tren contra el muro de la ley

Hace unos días, en un encuentro en la Fundación Botín, pude oír una sabia observación de Roberto Toscano, que fue embajador italiano en Irán, advirtiendo en su ponencia sobre los beneficios de la diplomacia cultural que “no podemos pelearnos por los camarotes mientras no sepamos cuál es el rumbo del barco”. Una observación que se antoja acertada para afrontar la alta temperatura política en la que nos encontramos inmersos.

La visión del PP y del gobierno español sobre la situación que vive España se podría resumir así: “ahora que todo se va arreglando la recuperación económica, la lucha contra la corrupción, el fortalecimiento del papel internacional de España y la estabilidad presupuestaria gracias al PNV, no podemos estropearlo por culpa del desafío catalán”.

El independentismo está organizando para el 1-O un gran acto electoral para las próximas elecciones autonómicas

La visión del Gobierno catalán podría resumirse en cambio así: “vivimos en manos de la clavaguera de l'estat que todo lo corrompe. Estamos ante el miedo a descubrir que el diálogo que todos demandan sólo sea un espacio de indefinición que no permita avanzar. Los días de el peix al cova han dejado paso al todo o nada. Nos adentramos, sudorosos, al penúltimo acto de un proceso que, bien tenderá a evaporarse como el agua en contacto con el fuego, bien a prender como un incendio de verano en el bosque en que se ha convertido la política catalana.

Como imagen final recuerdo una leyenda urbana, que cuenta el hecho de que, tras un incendio, se encontró el cuerpo de un submarinista calcinado en el bosque. Lo encontraron en pleno verano, con su traje de neopreno, mascarilla, botellas de oxígeno y pies de rana. La leyenda urbana cuenta que fue absorbido por un avión que transportaba agua del océano para apagar el fuego que incendiaba el bosque. Algo parecido a lo que puede ocurrir el 1 de octubre con los votantes.

 

 

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad