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La idea de cerrar España con un proyecto sólido, definido, va en contra de las preferencias de los españoles, que buscan un proyecto en desarrollo

El primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez | EP

Barcelona, 13 de abril de 2017 (09:29 CET)

Suárez el proyecto de España

Una encuesta en El País preguntaba: si fuera posible ¿A quién preferiría tener como presidente del gobierno español en estos momentos?, y la respuesta arrojó el triunfo de Adolf Suárez con un 35%, seguido por Felipe González con el 17%, Zapatero con un 13%, Rajoy con un 10% y Aznar con un 8%.

La encuesta indica que muy pocas veces la gente vota lo que dice preferir. Cuando opina, se siente inclinada hacia la moderación pero, a la hora de votar, el miedo puede más y vota a partidos que le quiten la ansiedad y las dudas. Se orienta a los extremos, porque cada vez más gente vota por decantación y no por ideología o desde la convicción.

Sin embargo, no es menos cierto que la preferencia por Adolfo Suárez, figura clave de la transición española, es resultado de considerar imperativo que España disponga de un proyecto ilusionante, tras la defunción del espíritu de la transición señalada, con dedo acusador,  por Podemos, sus  confluencias o de los partidos independentistas catalanes.

La preferencia de los españoles por Suárez se debe a la idea del buen gobierno

La transición incomoda a estos partidos, mientras que la población añora su espíritu conciliador y, sobre todo, el proyecto ilusionante que tenía entonces España. Suárez certifica el cambio de régimen de una dictadura a una democracia parlamentaria, con una monarquía alejada del poder directo y más centrada en su representación, con la legalización del partido comunista, la llegada de Tarradellas al Gobierno de la Generalitat y  su contribución a abortar el 23 F. En la misma medida que Suárez iba perdiendo la memoria, tras ser diagnosticado el alzhéimer que padecía, aumentaba el interés político y social por extender su legado.

Era un tiempo en que la calle vivía una contienda civil alimentada por el miedo al comunismo, la violencia de ETA y las demandas sociales de los sindicatos. 

Para atajar el miedo, Suárez contrapuso reformas desarrollando y propiciando consensos. Su gran obra política fue crear los pactos de la Moncloa el 25 de octubre de 1977 entre los partidos políticos y los representantes sindicales, para conseguir la estabilidad del proceso de transición político y económico. La encuesta de El País  expresa un síntoma inequívoco de que los encuestados no desean tanto el retorno del espíritu de Suárez como un proyecto oportuno para España. La transición, a pesar de ser tan criticada, sigue siendo un lugar común para muchos españoles para señalar que es posible el buen gobierno España.

Aznar, demasiado proyecto para España

El menos valorado ha sido Aznar. Siempre ha sido Aznar el más vilipendiando por la izquierda y el más sufrido por la derecha en el poder. Su legado ha sido sintetizado en la imagen en que aparece junto a George Bush, con los pies sobre una mesa de cristal, para mostrar la sintonía entre ambos países.

Era demasiado el proyecto de Aznar para los españoles, que querían menos gaullisme

La visión de España de Aznar se basó en propiciar la recuperación de la autoestima de la derecha frente a la izquierda moral; construir una economía fuerte por la vía de la austeridad y la disciplina económica [a pesar de que su ministro de economía, Rodrigo Rato, no aplicara dichos objetivos para sí mismo]; situar a España a nivel de política internacional en el eje atlántico; abrir el melón del proyecto territorial para evitar las duplicidades de competencias; poner freno a las demandas de catalanes y vascos; y promover un discurso de buenos y malos españoles sobre la base del "patriotismo constitucional".

La derrota moral y legal en la guerra de Irak del bando Bush, Blair y Aznar, la gestión de los atentados de Atocha del 11-M y la cada vez más difícil relación institucional entre el estado español y Cataluña dejaron sin aire su proyecto superador de la transición para fundar una idea de España más orientada hacia la derecha española de siempre. Era demasiado proyecto para un país que necesitaba menos gaullisme y más transición hacia un modelo de convivencia donde el pasado no se impusiera al presente, como ocurrió con la llegada de Zapatero, que abrió el debate de la recuperación de la memoria colectiva.

Cuanto menos vertebrada sea España, más sólida será su convivencia

La enseñanza

Cuanto menos vertebrada sea España, más sólida será su convivencia; cuanto más acabada, más difícil será conducirla.

Cuando sus proyectos de reformas sirven para salir de una situación, mejor para España;  cuando las reformas sirven para entrar en una nueva situación, peor. Suárez representa el proyecto de España para salir de la historia española y entrar en la historia de los españoles. El proyecto de Aznar es de nuevo el proyecto de España, aunque vaya en contra de una parte de los españoles. Tal vez por ello el reflejo instintivo de los encuestados sea celebrar una España siempre en desarrollo y no una España acabada.

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