Barcelona se mantiene como la ciudad más visitada de España, pese al descenso de turistas. EFE/Quique García

Salvad al turismo, idiotas

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Los barceloneses no tienen la percepción de que haya mejorado el impacto negativo del turismo tras dos años de gestión “común”

Juan García

Economía Digital

Barcelona se mantiene como la ciudad más visitada de España, pese al descenso de turistas. EFE/Quique García

Barcelona, 11 de julio de 2017 (12:15 CET)

Recientemente, el barómetro semestral del Ayuntamiento de Barcelona publicó los resultados de su último estudio de opinión. Una de las conclusiones más contundentes afecta al turismo: la preocupación por este fenómeno se ha cuadriplicado en apenas dos años: era del 5,3% en junio de 2015 y ahora, del 19%.

El equipo de Ada Colau presentó las cifras con un punto de satisfacción. Poco le faltó para decir el típico “me alegra que me haga usted esa pregunta...”. La ciudadanía, explicaron desde el Ejecutivo local, se alinea con la gestión municipal de poner en cuarentena y bajo los focos más severos al sector. No pongo en duda la validez de este barómetro, o la pongo en la misma medida que otras encuestas. En realidad, salvo las del CIS, las suelo seguir con escepticismo.

Turismo en Barcelona: la preocupación de los vecinos se multiplica por cuatro, según los barómetros

Pero estarán de acuerdo conmigo en que ese resultado tiene al menos dos posibles lecturas. Una coincide con la de la alcaldesa. La creciente desazón de los barceloneses ante el turismo justifica la política de Barcelona en Comú y aláteres. Hay que frenar, reconducir y, finalmente, meter en cintura a las hordas que asolan la ciudad. Barcelona para los barceloneses.

La otra va en un sentido diferente. Tras dos años de gestión “común”, los barceloneses no tienen la percepción de que haya mejorado el impacto negativo del turismo, sino más bien todo lo contrario. No estaríamos precisamente ante un éxito del equipo que lidera Colau, mejor habría que hablar de su fracaso. Tal vez haya una tercera interpretación y es la de que la actitud negativa del consistorio barcelonés hacia el turismo está penetrando en la ciudadanía, que empieza a asumir antes las tesis alarmistas de sus próceres.

Hagan su cóctel y cojan la porción que prefieran de cada uno de sus argumentos o incluso de otros si conocen, el resultado, de ser correcta la encuesta, es que el turismo es observado cada vez más como una amenaza para el bienestar de los barceloneses. Y eso es un error. Un grave error.

Turismo en Barcelona: no estaríamos ante un éxito de Colau, mejor habría que hablar de su fracaso

Primero porque el turismo es uno de los grandes motores económicos de la economía actual y, por tanto, generador de riqueza para miles de las personas que viven en la capital catalana. Segundo, porque estamos confundiendo el rábano con las hojas: una cosa es el turismo creciente y otra la incapacidad para gestionarlo. Son dos problemas distintos.

Y tercero, porque el turismo es un fenómeno mundial que tiene que ver con la curiosidad humana por conocer más allá de sus fronteras iniciales, con la necesidad de entablar relación contras culturas y hábitats, que promueve la interacción de gentes de procedencia y orígenes muy diversos. Frenarlo es como poner puertas al campo. Dejen ya, por favor, de demonizarlo.

Barbaridades

He llegado a leer barbaridades como identificar “gentrification” (otro fenómeno maldito) con la turistización. ¡Qué horror! La “gentrification”, tan denostada actualmente por muchos de nuestros políticos, es un fenómeno natural que se produce en las ciudades más vivas según el cual sectores de profesionales y capas medias se trasladan de un barrio, generalmente por el aumento del coste de la vida, a otro más barato provocando la salida hacia otros barrios de la gente que vivía allí anteriormente.

Es verdad que como consecuencia hay personas que deben mudarse, pero también lo es que ese éxodo espontáneo revitaliza las zonas menos favorecidas. ¿El turismo provoca aumento de los alquileres y encarecimiento de determinadas áreas urbanas? Seguramente, pero quizá también que hay una oferta insuficiente de alquileres.

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