A Josep Lluís Bonet y otros

08 de noviembre de 2015 (00:00 CET)

La sociedad catalana, en su largo y tortuoso camino conocido como el procés, está cogiendo una serie de enfermedades cuyas secuelas permanentes aún es pronto para diagnosticar. Pero, sin duda, una de ellas será la del sectarismo, sinónimo de intransigencia, fanatismo, intolerancia, partidismo…

El Consejo Social de la Universidad Autónoma de Barcelona decidió días atrás conceder el premio Empresa-Universidad al presidente de Freixenet, Josep Lluís Bonet. El reconocimiento a este empresario, representante de una de las familias tradicionales catalanas y de una de sus marcas más señeras, se ha topado con una fuerte contestación en las redes sociales. ¿La razón? Sólo una: Bonet se ha manifestado siempre contrario a la independencia de Cataluña. Grave delito, al parecer.

Desde el profesor de Sociología de esa misma universidad y destacado activista, Salvador Cardús, pasando por la plataforma Ara o mai!, hasta el subvencionadísimo portal VilaWeb, los propagandistas del soberanismo no han perdido ni un minuto en incendiar las redes y cenáculos en los que se autosatisfacen, lamentándose de que la UAB premiara a "un antiindependentista". Vergüenza, escándalo… han repetido una y otra vez.

Poco han tenido en cuenta que Freixenet, la empresa que preside, sea hoy uno de los puntales de la industria agroalimentaria catalana, en el interior y en el exterior del país, y su marca una de las líderes de un producto tan catalán como el cava. Y mucho menos que Bonet haya sido uno de los hombres más comprometidos con la representación empresarial autóctona: entre otros muchos cargos que ocupa en organizaciones patronales, universidades, etc, Bonet es presidente del Salón Alimentaria, uno de los grandes de la Fira de Barcelona, cuyo consejo de administración también preside.

No. Nada de eso le ha valido. Su pecado imborrable ha consistido en no apoyar el independentismo; a partir de aquí, ya ha sido clasificado automáticamente en el bando de los otros, porque hoy en Cataluña una buena parte de los líderes del soberanismo están empeñados en dejar claro que los que no están a favor del procés están en contra del país. Así, sin más matices. O conmigo o contra mí.

Ya el propio líder del movimiento, el presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, cuando Economía Digital desveló que había tenido encuentros privados con Jordi Pujol, cuyos supuestos delitos, suyos y de su familia, no hace falta reseñar más, prefirió culpar al medio de participar en oscuras maniobras antes que disculparse políticamente del nuevo error cometido. Intolerancia, partidismo… Como señalo en el primer párrafo, antónimos de objetividad, comprensión…

Pobre sociedad la que se deja carcomer por el sectarismo y la intransigencia. Más allá de otros peligros, como la deriva hacia el autoritarismo, el defecto más visible que la invade es la pobreza intelectual, la ausencia de debate y, en definitiva, el declive.

Bonet habrá cometido muchos errores, por supuesto, pero uno de ellos no es, no puede ser, el de haber expresado libremente sus ideas y sentimientos. Y, desde luego, como aspirante a un premio en el que se reconozca el compromiso con el país y sus empresas, tendrá pocos rivales de mérito.

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