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El soberanismo gesticula y apuesta por la propaganda, con un referéndum que sabe que no se realizará, un referéndum 'full'

Manel García Biel

El president Carles Puigdemont, el vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras, y el conseller de la presidencia, Jordi Turull, responsables directos del 1-O. EFE

Barcelona, 01 de septiembre de 2017 (18:11 CET)

La mayoría de la ciudadanía de Cataluña es partidaria de un referéndum que determine la relación con el conjunto del Estado. Esta es una demanda legítima después de la sentencia del TC que recortó la última reforma del Estatut que había sido legitimada en los ámbitos institucionales y refrendada por el conjunto del pueblo de Cataluña. Aquella situación provocó una desafección de la sociedad catalana respecto del Estado que sólo un nuevo referéndum puede ayudar a restablecer en una futura y nueva relación.

Pero es evidente que el 1-O no se celebrará ningún referéndum, sino un simulacro sin reglas ni garantías democráticas, que lo único que pretende es mantener la hoja de ruta de las fuerzas independentistas que después de cinco años de “proceso” nos están llevando a un callejón sin salida.

JxS, la CUP y las entidades que los apoyan no creen ni quieren realmente un referéndum real. Ellos ya lo dijeron en las últimas elecciones al Parlament, que calificaron de plebiscitarias, para ellos “el referéndum era una pantalla pasada”. Sólo recuperaron tácticamente la consulta después de que fracasara el supuesto plebiscito.

No hay duda que el PP con su denuncia del Estatut primero, y la actuación del Gobierno de Rajoy después no ha hecho más que incrementar los adeptos a la causa independentista, una gran parte de ellos son gente no independentista, pero que reaccionan por oposición a los agravios del PP hacia Cataluña.

Mantener la hoja de ruta después de cinco años nos lleva a un callejón sin salida

El PP nunca ha querido buscar una solución al problema catalán, sino que ha dejado pudrir el problema y crear división dentro de la propia sociedad catalana con la inestimable ayuda de C’s. La única posición del PP ha sido la respuesta puramente judicial a los desafíos de los independentistas. Nunca ha hecho ninguna oferta política para tratar de solventar el conflicto porque es una cuestión que piensa que lo beneficia electoralmente en el resto del estado.

Y los independentistas de JxS y la CUP han dado una continuada respuesta sectaria y equivocada y han ayudado a romper la unidad de la sociedad catalana contribuyendo a los deseos del PP. En ningún momento han impulsado una política que ayudara a unir a todos los catalanistas frente al PP. Lo que han trazado es una divisoria que obligara a la ciudadanía catalana a optar entre “o estáis con la independencia o estáis con el PP”. Y así en lugar de unificar la sociedad catalana no han hecho nada más que tratar de radicalizarla y polarizarla y lo que han provocado es ayudar a dividirla.

Esto se ha puesto en evidencia en la trayectoria y el recorrido del Pacto Nacional por el Referéndum que aglutinaba una parte importante de la sociedad catalana, de sus partidos, agentes sociales y entidades ciudadanas.

El objetivo del Pacto Nacional era tratar de conseguir un Referéndum legal, pactado y con garantías democráticas y reconocimiento internacional. Pero una vez comprobadas las primeras dificultades, las fuerzas independentistas optaron para congelar el Pacto Nacional y decidir ellos solos por un supuesto Referéndum Unilateral de Independencia, rompiendo la unidad conseguida en el Pacto Nacional.

Hay que rechazar la línea divisoria de los soberanistas entre independencia o PP

Y así ahora nos encontramos a un mes del falso referéndum sin ni siquiera tener las normas sobre las cuales se plantea, sin garantías democráticas y sin que nadie ni el Gobierno de la Generalitat ni las fuerzas que defienden “el proceso” puedan ni quieran establecer las mínimas garantías de un proceso que pueda denominarse “democrático”. Porque lo que ellos defienden, “el poner urnas”, no comporta en ninguna medida que sea un acto con garantías democráticas y esto es lo mínimo que hay que exigir en una sociedad democrática avanzada.

No nos equivoquemos. Lo que se dilucidará el 1-O no será un Referéndum sobre “Independencia Sí o NO” sino una cosa mucho más simple si “Es un Referéndum”, que los convocantes saben perfectamente que no lo será. Y después vendrán las gesticulaciones victimistas y seguramente nos convocarán a unas nuevas elecciones al Parlament que igual quieren denominar como “Constituyentes” para continuar con una farsa que dura desde septiembre del 2012.

El debate fundamental del 1-O no está en el debate de la independencia de Cataluña, sino en si nos encontramos ante un referéndum de verdad, publicitado, aceptado de forma mayoritaria con garantías en los colegios electorales, con debates democráticos, con neutralidad de los medios de comunicación, especialmente los públicos, y a estas alturas no sabemos nada sobre el tema. Sólo sabemos que se ha gestado de forma casi clandestina, sin el más mínimo debate político, cuando estamos a un mes de la supuesta fecha referencial.

Lo que sabemos es que no cumplirá los parámetros ni las garantías establecidas por la Comisión de Venecia, órgano consultivo del Consejo de Europa, formado por expertos independientes en el campo del Derecho Constitucional, para casos como el que se plantea del supuesto referéndum a efectuar en Catalunya.

Lo más grave es que saben que el falso referéndum no se celebrará y todo es pura gesticulación

Y lo más grave es que los convocantes del 1-O saben que el falso referéndum no se celebrará, y que todo es pura gesticulación y propaganda. Sabemos que el Gobierno central lo impedirá, y es por eso que hoy no sabemos nada del censo, ni de cómo se podrán presentar reclamaciones al mismo; ni sabemos nada de las mesas electorales ni de quienes las compondrán; ni de qué funcionarios se encargarán de garantizar el proceso de votación; ni de qué campaña institucional se efectuará; ni de qué regulación se efectuará para que los medios públicos garanticen su neutralidad. Hoy en día no se sabe nada, porque sabemos que no habrá ningún referéndum.

Es por eso que mucha gente que ha conocido o que se reconoce en la trayectoria de la lucha por la recuperación de las libertades democráticas y nacionales de Cataluña contra la dictadura hará de la abstención su posición ante la farsa del 1-O.

Y no vale decir como dice alguna gente de los “comunes” u otros como Podemos, que reconocen que no es un referéndum pero que hay que reconvertirlo en un acto de protesta contra las políticas del PP. Porque eso comporta participar en la farsa unilateral de los “procesistas” puesto que no es una convocatoria consensuada, sino un punto más de la hoja de ruta de los independentistas de JxS y la CUP. No se puede caer más en el seguidismo de este falso debate de “Independencia o PP”, ya es hora de decir “ni unos ni los otros”.

El camino del independentismo sólo lleva al fracaso y al enfrentamiento interno en la sociedad catalana

Hay que recordar como en la lucha contra la dictadura en Cataluña y bajo la hegemonía del PSUC la oposición creó la Asamblea de Catalunya un organismo amplio y unitario con unos objetivos comunes, asumidos por todos y recogidos en el lema “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”, y su fuerza era la Unidad.

Ahora, al contrario que en aquellos momentos, JxS y la CUP y la autodenominada Asamblea Nacional (ANC) han preferido anteponer sus propuestas propias por delante de la unidad de todos los que quieren un cambio real y profundo en Cataluña y por qué no en el Estado.

Pero después de cinco años continuamos por un camino que sólo lleva al fracaso y al enfrentamiento interno en la sociedad catalana. Porque sólo con la unidad se podrá conseguir los objetivos de un reconocimiento pleno de los derechos nacionales de Cataluña. La división y el sectarismo existente hoy sólo llevan a la derrota, al resentimiento y la frustración sociales.

Hay que esperar que en el mejor de los casos, y hay que decirlo que con pocas esperanzas, el 2-O se abra una nueva etapa donde el realismo se imponga y se emprenda un nuevo camino político con mayúsculas, basado en la unidad y el máximo común denominador de quien se reconoce en la defensa de una Cataluña con un reconocimiento nacional pleno, pero también más democrática y más social, todo ello sin olvidar su carácter solidario con el resto de pueblos del Estado, de Europa y del mundo.

Y por ello huyendo del aislamiento, buscando la unidad dentro de Cataluña y la complicidad de otros actores políticos y sociales de todo el Estado.

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