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El 1 de octubre ofrece diferentes interpretaciones, pero todos se deben enfrentar a la idea de recuperar a los militantes-soldados soberanistas en ciudadanos

Fèlix Riera

1-O: La Policía Nacional forcejea con los ciudadanos en las afueras de un centro de votación en Lleida. Foto: EFE/AR

Barcelona, 04 de octubre de 2017 (19:19 CET)

En Los caracteres el moralista francés Jean de La Bruyère advierte: “cuando un pueblo se pone en movimiento, no se comprende por dónde podría volver la calma; y cuando está tranquilo, no se ve cómo sería posible hacerle salir de su tranquilidad”. Una vez activado el frente independentista armado de razones que cierran cualquier vía de diálogo, el estado español se pregunta cómo volver a la calma. ¿Cómo volver a convertir a los militantes / soldados independentistas, en el argot del PDCat, en ciudadanos? ¿Cómo devolver la respiración lenta y saludable a un estado excitado y desbordado por acontecimientos que ya no tienen capacidad de neutralizar con las herramientas del estado de derecho?

Decía el presidente del Òmnium: “Debemos poner en marcha una movilización permanente” que León Trotski llamaba “Revolución permanente”. Y mientras el estado persigue devolver la calma al pueblo catalán, el gobierno independentista busca mantenerlo en perpetuo estado de agitación.

¿Cómo volver a convertir a los militantes/soldados independentistas en ciudadanos?

La izquierda francesa de Comité invisible y de Jacques Rancière ha planteado, desde hace años y en distintos tonos de movilización social, que “hace falta un teatro sin espectadores, en los que los concurrentes aprendan en lugar de quedar seducidos por las imágenes, en el que se conviertan en participantes activos en lugar de ser voyeurs pasivos”. Se trata pues de que la política se quede sin ciudadanos y que éstos sean los protagonistas, los participantes de los cambios.

Todas las interpretaciones quedan desbordadas por la indignación provocada por la violencia policial. El único resultado posible es el retorno al diálogo que nunca debió abandonarse.

Algunas interpretaciones:

Opción uno: victoria rotunda del Sí por un amplio margen. El rotundo Sí hace inexcusable, sino se quiere traicionar el movimiento independentista, declarar unilateralmente la independencia de Cataluña.

Opción dos: derrota sin paliativos del No. Un referéndum ilegal acaba diluyendo todas las garantías hasta el extremo de diluir también todas las opciones de voto.

Opción tres: victoria de los que no han acudido a votar. De los más de 5.300.000 de ciudadanos todo inicia que han votado 2.300.000. La Cataluña” ya lo decía yo que esto acabaría mal ” se ha impuesto, evidenciando, no el miedo , sino la falta de un proyecto político capaz de recoger sus aspiraciones.

Opción cuatro: no ha habido referéndum, ha sido derrotado el bloque independentista. El estado pensando que todavía controla la dinámica social que se vive en Cataluña.

Lo que se prevé es un triunfo de las medias revoluciones, donde lo nuevo no acaba de desplazar a lo viejo

Opción cinco: unos y otros han ganado. Rajoy impidiendo el referéndum ilegal por la fuerza y la ley y de las fuerzas policiales y Puigdemont llevando hasta sus últimas consecuencias la opción de celebrarlo. Los antagonismos victoriosos que vuelven a cabalgar al margen de la política.

Opción seis: DUI, elecciones, más movilizaciones, huelgas o simplemente la vuelta a a normalidad. Todo apunta que todo se producirá y nada se realizará con todas sus consecuencias. Es el triunfo de la medías revoluciones, donde lo nuevo no acaba de desplazar a lo viejo y lo viejo ya no puede avanzar sin lo nuevo.

… así hasta el infinito de las interpretaciones que nada tienen que ver con lo que ha ocurrido. 

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