Petróleo y seguridad, ¿un negocio rentable?

03 de marzo de 2016 (20:16 CET)

Baja el precio del petróleo. Países importadores y consumidores lo ven con buenos ojos. Sus economías inicialmente se benefician facilitando un mayor crecimiento económico. El catalejo sólo permite ver una perspectiva y hasta determinada distancia.

En un mundo cada vez más convulso, sin un ordenamiento claro y con tendencias hacia la gravitación social, ¿están los líderes mundiales capacitados políticamente para gestionar las consecuencias de la bajada de los precios del petróleo? Echemos una pequeña mirada a lo que podría venir, y lo que ya está sucediendo.

La caída de los precios del petróleo desde el 2008 ha sido acuciante. En los últimos dos años ha descendido en picado, llegando a los 32 USD el barril de crudo Brent. El reciente acuerdo de Arabia Saudí y Rusia de congelación de la producción a los niveles de enero no ha tenido la respuesta esperada.

Ello representa para países como Rusia, Irán, Venezuela o Nigeria desafíos de diversa índole. Sus economías dependen en mayor medida de los ingresos del petróleo, y la estabilidad interna también. Algunos de estos países han perdido hasta el 50% de sus ingresos. A menos recursos financieros, menos políticas sociales, menos subsidios, decrecimiento de la economía e inestabilidad política.  

Por otro lado, medio oriente navega  entre frágiles equilibrios de poder y grandes problemas de seguridad. Los países de la península arábica con Arabia Saudí a la cabeza tienen menores costos de extracción del crudo que unido a grandes reservas financieras les permiten mantener por cierto tiempo sus políticas domésticas (e internacionales).

No obstante, su estabilidad política no está garantizada, como no lo está una transformación veloz de su economía para reducir su dependencia del petróleo. La primavera árabe, aún sin llegar a florecer, hizo  crecer un germen que aún perdura y amenaza la estabilidad en la zona.

En geopolítica, y sobre todo, en estabilidad política, ¿cómo se traduce esto? Difícil ecuación en la que expertos analistas, prominentes sociólogos y politólogos están entretenidos. Menos aquellos, claro está, de liliputiense visión que se entretienen en mirar hacia adentro y buscar el mal en tierra ajena. ¿Les suena?

La continua caída del precio del petróleo pone en jaque la geopolítica mundial, a la par que el maná negro pierde importancia estratégica a nivel global. Tal vez sea pronto para verlo de manera clara, pero los tiempos son los que son, y el nuevo camino ya está trazado. El cambio climático cada vez suscita más preocupación a nivel mundial.

La Cumbre de París del pasado diciembre supone un gran paso a nivel político en el intento de detener el calentamiento global derivado de las emisiones de gases. Al mismo tiempo un claro signo de hacia dónde los inversionistas deben mirar.

Regímenes autoritarios, democracias frágiles y estados sin condición política clara, pero con lucrativo objetivo, ven temblar los cimientos de su poder.  Su autoridad se ve cuestionada. En el pasado reciente la caída drástica de los precios del petróleo ha desencadenado disturbios y crisis políticas, y algún que otro cambio de régimen, aunque no a gran escala.

No obstante, los riesgos de una creciente inestabilidad política hoy día suponen un problema de seguridad de enorme trascendencia, posiblemente incluso más que los riesgos económicos derivados de los bajos precios del petróleo. A medida que las rentas provenientes del petróleo descienden es posible que ciertos gobiernos adopten reformas políticas y económicas.

En cualquier caso ello no garantiza una incidencia significativa en el ritmo de las transformaciones, y por consiguiente las demandas de cambio se verán fortalecidas haciendo que la inestabilidad política crezca.

Hay quien piensa que el impacto se sentiría localmente y que conflictos potenciales difícilmente podrían extenderse fuera de esas fronteras. En un mundo cada vez más interconectado y dependiente es difícil de vislumbrar tal aislamiento.

En Oriente Medio los regímenes, como Arabia Saudí, están yendo hacia comportamientos más agresivos y represivos. En otras regiones del mundo, como Venezuela, la crisis institucional y democrática se agrava cada día más extendiendo su impacto a países beneficiarios de sus políticas internacionalistas y vecinos de la región. Emile Cioran decía que "no hay obra que no se vuelva contra su autor….", cuestión de tiempo y de precios. Todo está por venir.
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