Petróleo bajo y hacia la descarbonización, ¡preparénse!

01 de febrero de 2016 (01:00 CET)

Repsol acaba de provisionar 2.900 millones de euros con cargo al ejercicio de 2015, y la mayoría de las empresas petrolíferas (Shell, Statoil, BP) están haciendo lo mismo. La cotización en bolsa de Repsol ha pasado de los 20 euros a los 8,8 euros acción en el último año y medio, y el valor de la compañía se ha reducido a menos de 13.000 millones de euros.

La caída del precio del crudo ha sido más rápida y profunda de lo esperado lo que ha provocado, lógicamente, un deterioro muy importante de las reservas.

En los últimos 18 meses el precio del crudo ha caído un 75% de los 110 dólares barril a los 27 dólares. A veces recuerda el crash del petróleo de 1975, pero en sentido inverso. Por un lado, los países, para sus industrias importadoras de crudo, la mayor parte de las economías europeas, el nuevo contexto les es muy favorable. España en particular.

De hecho, en la industria se calcula que una caída del precio del petróleo del 10% "empuja" el crecimiento en 0,1-0,5 puntos. Otro efecto indirecto en que las empresas con participaciones en industrias del petróleo están teniendo que provisionar sus activos en la misma línea que aquellos.

Por otro lado, se han dejado sentir en los mercados, como no podía ser de otra manera, las turbulencias en los precios de una industria con efectos hacia delante y hacia atrás.

Las bolsas no han dejado de caer, quizá por otras razones, entre ellas la matizada debilidad de la economía china y la más acusada de los países emergentes, pero, es evidente, también por el fuerte impacto de la caída de los precios del petróleo. Consecuentemente, el mercado de bonos también se ha visto afectado.

Sería muy necesario poder conocer la evolución futura del precio del crudo, pero quizá lo sería más saber cómo, de verdad, se forman los precios. A corto plazo, parece evidente, que a más oferta y con contención de la demanda los precios tenderán a caer, con más fuerza cuanto más es la 'nueva' oferta y menos el crecimiento mundial.

En realidad es lo que está sucediendo. Estados Unidos esta colocando nueve millones de barriles día de shell gas (cinco millones en 2008), y Arabia Saudita, con los precios de extracción más baratos, continúa sin rebajar sus niveles de producción (los motivos son otros).

Los países emergentes no pueden dejar de poner las máximas cantidades en el mercado debido a sus problemas presupuestarios y de crecimiento, y, además, están preparados para entrar entre tres y cuatro millones de barriles al día de Irán.

Frente a esta potente oferta, China, el gran demandante, modera su ritmo de crecimiento. Parece que se trata de un ajuste profundo, pero, aparte del impacto en el corto plazo, podemos pensar que hay algo más profundo que un mero ajuste entre oferta y demanda, y que, después de un cierto tiempo, volverán a un punto de equilibrio, ¿pongamos a 50 dólares por barril? Algunos analistas empiezan a poner en duda algunas constantes en los mercados energéticos.

Dos nuevos factores van apareciendo con fuerza creciente. Uno es la cada vez mayor conciencia del cambio climático en la población, y entre las élites más formadas, especialmente en Europa. Esta presión ambientalista ya no es minoritaria, es intergeneracional y cada vez mejor informada, con argumentos mejor razonados.

La última cumbre de París lo confirma, a pesar de sus insuficientes resultados. La tendencia de fondo hacia la descarbonización será cada día más pujante. El segundo factor es el cambio tecnológico que está teniendo lugar.

Se trata de un profundo cambio hacia la mayor electrificación en detrimento de los productos del carbono. Se está dando especialmente en la movilidad. Más motos y coches eléctricos y menos con motores de explosión. En cuanto el progreso tecnológico profundice en baterías, sistemas de almacenamiento y conexión a redes, el cambio será imparable.

Y si las Administraciones Públicas son sensibles, todavía más.

Observemos a Arabia Saudita; frente a un primer impacto del petróleo no convencional, aumentó la producción y ahora, si se confirma que llevarán a Aramco a cotizar, indican que van a salirse del negocio tradicional.

Este movimiento sugiere que no están tan seguros de la verdadera valoración de las reservas probadas en sus balances. ¿De verdad podrían extraer estos barriles probados si avanzan las políticas contra el cambio climático? ¿Habrá demanda para estos productos?

Estos dos factores serían suficientes para dar el gran salto hacia una sociedad descarbonizada, pero nuestro sistema tiene otro problema añadido (o intrínseco, depende como se mire) que acelerará el cambio.

Una vez se vea claro que la industria del petróleo no tendrá el predominio del que goza ahora, que existen industrias sustitutivas, el sistema de precios baratos no será suficiente para mantener la demanda mundial de crudo a los niveles actuales.

Y en este panorama, las reservas, a cualquier precio, perderán valor; porque todos los productores tratarán, en estampida, de desprenderse cuanto antes de ellas, bajo el temor de que pierdan definitivamente todo su valor. Los propios productores propiciarán, con su ansiedad, la desvalorización de su propia riqueza.

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