La conciliación es cosa de todos

23 de junio de 2016 (01:00 CET)

Cuando se entrevista a una mujer política es habitual que se le pregunte sobre la conciliación laboral y familiar, algo que no suele suceder cuando el entrevistado es un político. De la misma manera, cuando se realiza un debate o algún acto político solo de mujeres, siempre se le dedica mucho tiempo al mismo tema. ¿Por qué sucede esto? ¿Sólo tienen que conciliar las mujeres? ¿Acaso los hombres ya vienen conciliados de casa?

Hay dos razones fundamentales para ello. La primera son los estereotipos de género según los cuales, todo lo que tiene que ver con el hogar y el cuidado de la familia pertenece a la mujer y, con un poco de suerte, su pareja "ayuda en casa". La segunda es que, desgraciadamente, esto es así en la mayoría de los casos.

Es evidente que en los últimos años se ha avanzado mucho con respecto a este tema y la vida de la mayoría de mujeres actuales no tiene mucho que ver con la de nuestras abuelas, pero estamos todavía muy lejos de alcanzar la igualdad real.

Para cambiar los estereotipos y las ideas preconcebidas de lo que es ser hombre o ser mujer es fundamental incidir en la educación ya que pensamos que es ahí donde radica la clave de un cambio a mejor. Las escuelas, además de enseñar conocimientos y competencias son una fuente fundamental de transmisión de valores.

Así, desde la educación inicial es importante que los alumnos sepan que no hay una sola manera de ser mujer o de ser hombre, que no hay unos colores o unos juegos para niños y otros para niñas y, más adelante, que tampoco hay unas carreras femeninas y otras masculinas. Y es que, actualmente, la desproporción de género que nos encontramos en facultades de Educación o de Ingeniería no se corresponde con una sociedad que pretenda ser igualitaria.

Por otra parte, para que las tareas domésticas o el cuidado de los niños dejen de ser tareas que recaigan de forma mayoritaria sobre la mujer, es necesario fomentar la corresponsabilidad y para ello son necesarias medidas como por ejemplo tender a la igualación de las bajas de paternidad y maternidad siguiendo los modelos de los países del norte de Europa. Se trata de un cambio de paradigma imprescindible que debe afrontar el nuevo Gobierno en sus primeros cien días de mandato.

Esta medida ayudaría, además, a disminuir la tremenda brecha salarial entre hombres y mujeres que se agranda, especialmente, en la franja de edad en la que las mujeres deciden ser madres. Tenemos que acabar de una vez por todas con la pregunta de si "¿piensas tener hijos?" en las entrevistas de trabajo.

Para fomentar la conciliación familiar y laboral es necesario también racionalizar nuestros horarios, que son una excepción en todo el mundo. Durante la dictadura franquista, la precariedad de una gran parte de las familias españolas obligaba a los hombres a tener dos empleos. Y digo los hombres porque las mujeres se dedicaban, fundamentalmente, al cuidado de las familias y si tenían trabajo solía ser considerado de menor importancia que el del marido. Esos dos empleos los llevaban a comer a las tres de la tarde por lo que la hora de la cena se retrasaba considerablemente.

Eso, unido a las horas de sol hasta muy tarde por haber adoptado el horario de Alemania da como resultado unos horarios que dificultan la conciliación. Además, en España pasamos más tiempo en nuestros lugares de trabajo que el resto de nuestros países vecinos. Para acabar con esta anomalía proponemos acortar el tiempo dedicado a la comida, acumular horas en un banco de tiempo para poder trabajar menos los días que lo necesitemos y potenciar el teletrabajo.

Estas medidas son positivas para las mujeres y también para los hombres ya que acabar con los estereotipos es liberador tanto para unas como para otros y qué decir tiene de la mejor conciliación y la racionalización de horarios. Además, hay que potenciar el talento allí donde esté y, por desgracia, todavía hay demasiadas mujeres que se ven obligadas a tener que elegir entre la maternidad y su carrera profesional. Y es que, en definitiva, trabajar por una sociedad más igualitaria es trabajar por un mundo mejor.
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