Despidos masivos en el sector bancario (sálvese quien pueda)

01 de noviembre de 2016 (06:00 CET)

Estás despedido. Las dos palabras más temidas para cualquier trabajador. En estos momentos, especialmente temidas  para los empleados de banca. Lo que antes significaba trabajar en un sector estable ahora significa inseguridad. Trabajar en un banco ya no es sinónimo de protección, buenas condiciones o incluso inmunidad. A estas alturas, significa todo lo contrario.

Cada día que pasa estamos viendo la agresividad con la que el sector bancario está efectuando recortes. Sobre todo en lo que se refiere a personal. Solo en octubre, los bancos de todo el mundo han destruido más de 29.600 puestos de trabajo, Ing y Deutsche Bank a la cabeza.

Luego tenemos a Monte dei Paschi en Italia, que la pasada semana presentó su plan estratégico 2016-2019, en el cual incluye el despido de 2.600 empleados. Barclays planea recortar más de 30.000 puestos de trabajo durante los próximos dos años.

En nuestro país, desde 2008 el sector bancario ha destruido más de 75.000 empleos mediante distintas fórmulas que van de las prejubilaciones a los despidos incentivados. Ahora, tras las reestructuraciones de Caixa Bank, BBVA o Santander, estamos presenciando el ERE de Banco Popular cuyo propósito es despedir a uno de cada cinco empleados. Un total de 3000.

Para el sector bancario, los despidos y el cierre de sucursales parecen la única manera de abordar  la crisis crónica del sector y levantar su precio de la acciones. Aunque a ver quién levanta todo el talento que se va a perder en el camino. El sector tiene una dimensión excesiva, estamos de acuerdo. Sin embargo, esta situación presenta numerosos problemas.

Si estamos ante un modelo de trabajo en peligro de extinción ¿cuál es la alternativa para todos estos trabajadores? Por ejemplo, en el caso del Banco Popular ¿Se están llevando a cabo de forma estricta planes de recolocación, lo que se conoce como outplacement? Se echan en falta estadísticas y más información sobre este tipo de planes.

En segundo lugar, aquellos empleados que habían sobrevivido al ERE posiblemente realicen su trabajo en estado de inseguridad, sin saber cuándo se producirá la próxima reducción de plantilla. ¿Pueden los bancos garantizar la viabilidad de sus modelos de negocio? ¿Pueden ofrecer seguridad a los trabajadores que se quedan?

Esa debe ser su prioridad. Es importante manejar estas situaciones de forma adecuada, ofreciendo garantías y apoyo. Y por supuesto, no pretendiendo que se ocupen del trabajo de los que han sido despedidos. Porque, los planes de digitalización pendiente de los bancos, todavía están por ver, y puede que requieran más personal del que se están deshaciendo.

El hecho de que Banco Popular haya reculado y reducido la magnitud de su ERE, puede dar la sensación de falta de precisión. Estamos viendo una tendencia a acabar con el tejido productivo de las empresas a lo loco. No parece existir una cultura de gestión de crisis hasta que llegamos al límite. Los expedientes regulatorios de empleo deben hacerse de forma bien calculada. Los despidos masivos se deben en parte a cierta falta de previsión.

Los bancos a los que ahora les están entrando las prisas, podían haberse adaptado al fintech hacen tiempo, pero no lo veían como un reto. Creían tener el monopolio de los servicios financieros. Es cierto que la presión para que echen el cierre de gran parte sus sucursales viene también desde arriba, con el FMI metiendo caña y con la bajada de los tipos de interés.

Aun así, uno se pregunta cuáles son los planes de las principales entidades de nuestro país y hasta donde va a llegar. La sangría no va cesar. Ha estallado fuego y todos salen corriendo. Esto parece un sálvese quien pueda, más que de una reestructuración de un sector que tiene que modernizarse. Ojalá me equivoque.  

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