El presidente Mariano Rajoy tiene la convicción de que el déficit tiene un límite y que se debe corregir cuanto antes. /EFE

La convicción del presidente y el conejo de Wittgenstein (II)

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La economía, aunque crece, también se debe analizar desde la perspectiva de los desequilibrios de renta, a pesar de la convicción del presidente Rajoy

Emili Ferrer

El presidente Mariano Rajoy tiene la convicción de que el déficit tiene un límite y que se debe corregir cuanto antes. /EFE

Barcelona, 01 de junio de 2017 (19:26 CET)

En el anterior artículo vimos la economía españoa desde la perspectiva del pato de Wittgenstein. Pero la perspectiva del ‘pato’ no es unívoca, caben otras formas de ver, de comprender la actualidad y de intuir el futuro.

Si lo vemos como un conejo: vemos que el paro es el doble de la media europea, la precariedad en el empleo constituye un riesgo para las generaciones futuras, la población atrapada en el riesgo de pobreza ha alcanzado límites antes desconocidos, somos el segundo país con más población en el umbral de la pobreza. Se pretende consolidar inaceptables niveles de desigualdad, de tal modo que los afectados por la crisis, jóvenes, parados de larga duración y mayores de 45 años, y los precarios, se están quedando atrapados de forma crónica en ella. Solo salen los que no han entrado.

La distribución de la riqueza desde esta perspectiva ofrece un aspecto muy diferente. Al 90% de población con menos riqueza le correspondía en 2014, el 44,4 % de la riqueza total, cuando esta proporción era del 48,2 % en 2008. La riqueza por persona adulta de esta franja de población ha disminuido: cada 100 euros de riqueza en 2008, medida en dólares US de valor constante, se han convertido en 96,2 en 2014 (Gráfico 1), porcentaje que puede aumentar en los niveles más bajos de riqueza. Sin embargo, para el 1% de la población más rica la evolución ha sido inversa, cada 100 € de riqueza en 2008 se han convertido en 126,5 € en 2014. Los datos proporcionan una perspectiva que no puede ser complaciente con el presente, y menos con el futuro.

Según la EPA del cuarto trimestre de 2016 la tasa de paro es del 19%, casi duplica la tasa media en la zona euro. Hay 2,5 millones de personas en paro desde hace más de un año, de los cuales 1,8 millones están en paro desde hace más de 2 años. Entre los menores de 24 años la tasa de paro es del 43% y 1,6 millones de parados son mayores de 45 años. Hay 1,5 millones menos de puestos de trabajo que en el año 2008. Sin embargo, el gasto público en fomento del empleo ha descendido del 0,7 % del PIB en el año 2008, al 0,4% en 2015. Guy Ryder, director general de La Organización Internacional del Trabajo (OIT), asegura que en materia de empleo "no estamos fuera de la crisis” y excepto que se modifiquen las políticas "en el mundo habrá cada vez más desempleadosi, es decir, más pobreza y desigualdad.

La precariedad laboral es alarmante. Los contratos a tiempo completo se han reducido en un 23% y los contratos a tiempo parcial han aumentado en un 25%, lo que ha situado la tasa de temporalidad en el 26,5% y la tasa de tiempo parcial en el 15,3%. Con relación al año 2008, los contratos a tiempo completo han descendió un 11% y los contratos a tiempo parcial han aumentado un 15,2% (Gráfico 3).

 

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El hecho de que cerca del 25% de los contratos tenga una duración inferior a una semana evidencia el nivel de precariedad generada por la desregulación laboral. Maite, Lali i Joan, tres personas entrevistadas el 28 de febrero de 2016 en el programa dela cadena SER 'A vivir que son dos días’, lo describen con crudeza: “Hemos perdido la dignidad.” “Antes el trabajo tenía un sentido, pero esto es cosa del pasado” “Ya no cuentan con nosotros”.

Como consecuencia de la devaluación salarial, entre 2008 y 2015 el coste salarial unitario (CLU) se ha reducido en el 4,2%. La reducción, por el efecto composición, ha afectado de forma diferente según los distintos niveles de retribución. Ha tenido un mayor impacto en las retribuciones más bajas. En 2014 el 13% de los asalariados (el 18,6 % de las mujeres y el 7,8 % de los hombres) percibían una retribución inferior al salario mínimo interprofesional, un 30 % más que en 2011, y la retribución del 44,3 % de los asalariados es inferior a 2 veces el salario mínimo interprofesional (El 54,9 % de las mujeres y el 36 % de los hombres)

La devaluación salarial se amplía con el incremento del índice de precios al consumo (IPC) que ha aumentado un 8,5% (Gráfico 4).

 

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Esta reducción de las rentas salariales ha contribuido a la recuperación de los excedentes empresariales, tal como refleja la reducción de la parte correspondiente a salarios en la renta nacional, que disminuye, entre 2008 y 2015, del 51,6% al 47,7%. (Gráfico 2)

La combinación de paro, precariedad laboral, y devaluación salarial conduce al aumento de la pobreza y de la desigualdad. Según el informe de Eurostat de 17 de octubre de 2016, el porcentaje de población en riesgo de pobreza ha ascendido en España, entre 2008 y 2015, del 23,8% al 28,6%. El porcentaje de población en situación de privación material severa se ha duplicado, pasando del 3,6% al 6,4%, y el porcentaje de hogares con menos del 20% de capacidad de trabajo (ejemplo: unidad familiar con 5 personas en edad de trabajar y solo 1 tiene empleo) es más del doble, y ha aumentado del 6,6% al 15,4% de la población (Gráfico 5). Entre los países de la UE ordenados de mayor a menor riesgo de pobreza, entre 2008 y 2016, España ha pasado del puesto 15 al segundo puesto, solo superada por Grecia.

El gasto público en protección social a las familias, la infancia y la vivienda (excluyendo las pensiones de jubilación y las prestaciones por desempleo) ha crecido durante estos ocho años solo un 1,9% para hacer frente a un incremento del riesgo de pobreza de 20,2 %. Encuestas realizadas en el Área Metropolitana de Barcelona, muestran como en el 60% de estas familias en ingreso básico procede de una persona mayor de 65 años, con las consecuencias que ello implica en términos de futuro y de inversión del sentido de la solidaridad intergeneracional.

El peligro para estas familias se agrava con los recortes en los servicios públicos esenciales como sanidad y educación. El gasto sanitario público por habitante se ha reducido de 1.526 euros en 2009 a 1.331,8 euros en 2014, lo que equivale a una disminución del 13,3 %. Durante el mismo período el gasto público en educación por habitante ha descendido de 1.132,4 euros a 964,2 euros, una reducción del 17,3 %.

El 60% de las familias en el área de BCN se sustentan gracias a una persona mayor de 65 años

La brecha entre la visión del ‘pato’ y la visión del ‘conejo’ muestra en primer lugar la dimensión de la desigualdad generada por las políticas de austeridad, por los imposibles ajustes fiscales, y por la desregulación. Su resultado ha sido una escandalosa concentración de la riqueza en grupos muy reducidos de población y el intolerable aumento de la población en riego de pobreza. En segundo lugar, este proceso, que se ha sustentado en la laminación de los derechos laborales, el desmantelamiento de la concertación, y la devaluación salarial, ha expandido de forma alarmante la precariedad laboral y ha destruido la cohesión social. Dejando tras de sí, una crisis económica transformada en crisis social y política.

Nos quieren dar ‘pato’ por ‘conejo’. Sobre las consecuencias las políticas de austeridad ya alertaron en 2013 Olivier Blanchard y Daniel Leigh del FMI, al detectar el ajuste fiscal impulsado por el FMI generaba en realidad efectos negativos en el crecimiento económico y el empleo. Un año después, en 2014, el propio FMI confirmó, en un estudio que realizó entre 173 países, que en todos aquellos en los que se aplicaron políticas de ajuste fiscal y de austeridad, se causó el mismo resultado: recesión económica y aumento del paro. Un modelo de supuesta austeridad expansiva que resulto ser de austeridad recesiva, cuyos efectos persisten, incluso en contextos de crecimiento económico, al excluir de la recuperación a gran parte de la población dejándola al albur de una dramática incertidumbre.

En los años treinta del siglo pasado encontramos antecedentes del actual debate sobre las consecuencias de los ajustes fiscales y de la austeridad. Aunque la descripción de este trayecto no corresponda aquí, si puede ser ilustrativo citar al economista Lionel Robbins, que en 1930 estaba enfrentado a JM Keynes en el seno del Comité Macmillan de Finanzas e Industria. Cuarenta años después, de su enfrentamiento con Keynes en el seno del Comité Macmillan de Finanzas e Industria y de haber sostenido la necesidad de drásticos ajustes, incluso con el riesgo de provocar recesión, Robbins, reconocía su error en su autobiografía Autobiography of an Economist : “las propuestas eran tan poco adecuadas como negar mantas y estimulantes a un alcohólico que ha caído en un estanque helado, sobre la base de que su problema original era de exceso de calor”.

Se situaba así en las posiciones de Keynes, que el 11 de enero de 1932 proponía, en un debate radiofónico con Josiah Stamp: “cuiden del paro, y el presupuesto se cuidará él mismo” y “debemos ahorrar cuando el gasto goza de buena salud, y debemos gastar cuando el ahorro goza de buena salud. La confrontación ha perdurado, con diversas formas, hasta nuestros días.

El propio FMI alertó sobre las políticas de austeridad aplicadas en los últimos años

Actualmente son las mismas instituciones y organismos económicos internacionales que han promovido la prioridad de extremos ajustes fiscales, las que recomiendan suavizar el mantra de la reducción del déficit. Temen a los resultados de la aplicación de sus propias recetas. Las consecuencias negativas de las desigualdades amenazan a sus expectativas económicas inmediatas. Este temor es inquietante, por lo que implica, de una ralentización posible de la economía, o de una tercera recesión (la financiera, la de austeridad y finalmente la de desigualdad) que acumularía sus efectos sobre las consecuencias de las dos anteriores. En palabras de Arias y Costas, “el capitalismo sin límites es el peor enemigo de sí mismo”, pero aún son posibles los límites, todavía hay tiempo para la política, para nuevas políticas.

Sin embargo, no existen constataciones suficientes para alterar las creencias del Presidente del Gobierno que, inaccesible al desaliento, sostiene que “el límite del déficit público es una obligación, pero sobre todo una convicción. Basta contemplar los resultados” (Congreso de los diputados, 31 de agosto de 2016).

¿Se refiere a los resultados antes descritos? ¿O quizá nos habla con ‘post-verdades’ de ‘hechos alternativos’? Pero no es el único en celebrar la brecha entre el ‘pato’ y el ‘conejo’, también se apunta el Ministro de Hacienda, para el que estas políticas son las que ” garantizan a través del empleo, la equidad y la distribución justa de la riqueza económica que estamos generando” (Congreso de los Diputados, 25 de agosto de 2015). Posiciones que concuerdan con las declaraciones de la presidenta del FMI Christine Lagarde sobre España: “misión cumplida” y prescripción de más “reforma laboral” (El País, 17 abril de 2017).

Rajoy sostiene que el límite del déficit público es una obligación, pero sobre todo una convicción

Tony Judt consideraba que las políticas de austeridad son ‘corrosivas’: destruyen la cohesión social, el ascensor social solo funciona hacia abajo, se corrompe los sentimientos y se derrumba la moral: “actualmente nos sentimos orgullosos de ser suficientemente duros como para infligir dolor a los otros. Si aún estuviera vigente el uso más antiguo, en virtud del cual ser duro consistía en soportar el dolor, no en imponerlo a los otros, quizás lo pensarían dos veces antes de valorar insensiblemente la eficacia por encima de la compasión”. Es el material que nutre el actual individualismo, y la doble irresponsabilidad de pedir austeridad para financiar concentración de la riqueza, y recortar el gasto social al mismo tiempo que mostrar tolerancia ante la corrupción.

La consecuencia inevitable de esta pérdida de principios y valores es la deslegitimación y el desprestigio de la política que pervierte la democracia. Es una quiebra moral y de la condición de ciudadano. Carlos Manera, a partir del principio de que la economía ha de servir para alcanzar el bienestar de los ciudadanos, “si la economía como disciplina no piensa en el bien común, será también muy común que las personas se acaben alejando, no de la economía, sino de la política” que nos conduciría a la ruptura del pacto social sobre el que se ha asentado el estado del bienestar creado en Europa en la segunda mitad del siglo pasado. Para evitarlo, es necesario reconstruir la concertación social, en tanto que expresión de política democrática. Solo fortaleciendo y profundizado en la democracia se pueden construir alternativas sostenibles e integradoras.

De la confrontación entre los mercados y la democracia, esta debe prevalecer. La salida es factible con la política y con amplios acuerdos que hagan posible la recuperación de la cohesión social. La renovación de la socialdemocracia, históricamente impulsora de estas políticas, es determinante para una nueva política económica.

En primer término, sea capaz de corregir las desigualdades sociales, atajando sus efectos: el paro, la desregulación laboral, la precariedad, y el riesgo de una sociedad dual, fortaleciendo la igualdad de oportunidades

En segundo lugar, persiga activar el circulo virtuoso del crecimiento. Un crecimiento inclusivo, que combata las desigualdades y no deje a nadie por el camino; sostenible e integrador, que sea equitativo y socialmente justo. Un crecimiento con una utilización de los recursos eficaz que prime el uso sobre el consumo en línea con la estrategia Europa 2020.

Y finalmente, una nueva política económica que posibilite articular un marco de concertación social que constituya un ámbito eficaz para reducir los extremos de la brecha que antes se han descrito. Una concertación, entre el gobierno y los agentes sociales, basada en el diálogo, la negociación y el pacto. Principios que son comunes tanto en ámbito de la socialdemocracia, como en la política federal.

La pretensión de estas reflexiones no son otras que las que hay detrás de la pregunta de Mr Skimpole, personaje de Charles Dickens en la novela ‘Casa desolada’(1853): “Señora ¿Qué hacéis subida tan alto? Sacando las telarañas del cielo para que corra el aire”.

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