Aterrador, ¡quieren velar por nuestros intereses!

23 de septiembre de 2016 (20:06 CET)

En esta semana, Elke König, presidente del SRB (la Junta de Resolución Única) ha levantado la bandera roja. La institución que dirige, creada como agencia independiente de la Unión Europea a comienzos del 2015, no dispone de banderas de otro color, ya que su tarea consiste en prevenir futuros bail-out en los territorios bajo la jurisdicción del MRU (Mecanismo de Resolución Único). Como ella misma afirma en la declaración de principios de esta institución, es una labor proactiva, no se trata de esperar a que lleguen los problemas sino que estudian el riesgo de los bancos más importantes de la UE y, en función de los mismos, aconsejan medidas a tomar.

König declaró que para evitar que una posible emergencia bancaria recayera sobre los hombros de los contribuyentes, los grandes bancos deberían destinar fondos equivalentes al doble de los requisitos mínimos de capital a medidas preventivas.

Leyendo su entrevista en el Wall Street Journal, uno se siente mucho mejor, ahora que tenemos un Mecanismo de Resolución Único, una Junta de Resolución Única y una Directiva para la Recuperación y Resolución Bancaria (BRRD) velando por nuestros intereses. König explica lo importante que es el cálculo casi instantáneo de pasivos y riesgos en el caso de una nueva crisis bancaria y que los principales obstáculos son, por supuesto, la obtención de datos (su organización solamente incluye los 142 bancos más grandes de la Unión Europea) y la diferente estructura bancaria de sus miembros. No habla de eliminar diferencias exactamente, pero me recorre un escalofrío por la espalda cuando leo su insistencia en armonizar en el sentido de unificar. Misma ley, misma jerarquía, contabilidad simétrica y una autoridad única que vele por nuestros intereses. Aterrador.

No es nada nuevo. Ya lo hacían los bancos centrales en el ámbito nacional y ahí está el resultado: fueron los principales prestamistas de los soberanos y sus guerras y desmanes y actualmente son los principales prestamistas de los gobiernos y sus guerras y desmanes.

¿Qué asegura que esa "armonización" va a ser diferente esta vez? La centralización presupone que hay unos funcionarios sabios, que tienen todos los datos relevantes y que deciden de manera completamente independiente a los políticos. Nada más lejos de la realidad. La misma König habla de la solución alemana, de la solución francesa, de las ideas presentadas por España y de la necesidad de llegar a soluciones colegiadas. ¿Qué imagina que hay detrás de cada una de esas propuestas sino intereses políticos, la mayoría de las veces alejadas de los de los ciudadanos?

Me pilla la noticia en Miami, en la reunión de la Mont Pelerin Society donde he tenido la oportunidad de escuchar entre otros a Charles Murray (American Enterprise Institute) y al profesor Richard Epstein.

Escuchando su tremenda preocupación por la deriva que la política estadounidense está tomando en los últimos años, experimento un sentimiento casi de ternura frente a su ingenuidad. No es que su preocupación no sea legítima y acertada, es que una vez nosotros los europeos estuvimos en ese punto y tomamos el camino de la hiper centralización.

Y allá vamos, alimentados por el miedo, iluminados por la idea de que podemos controlarlo todo, y completamente narcotizados por la irresponsabilidad que nos transporta a un estado de falso bienestar colectivo, como las drogas llevan a los adictos a orgías que acaban fatal.

Es cierto que la situación política en Estados Unidos es un callejón sin salida, pero creo que aún tienen un camino de retorno. Tanto los votantes demócratas como los republicanos son conscientes de lo que pasa y se plantean cómo han llegado a ese punto. Pero los europeos estamos encantados de habernos conocido y aplaudimos iniciativas como la existencia del Mecanismo Único, la Autoridad Única y esta mitificación de la política monomando europea.

Claro que hay riesgo bancario en Europa, y que las previsiones empeoran si contemplamos también los bancos medianos y pequeños, que son la mayoría. Pero la idea de que tomar medidas ahora salva a los contribuyentes presentes y futuros es falsa.

"No queremos confundir a los inversores" explica Elke König justificando su alarma. Está bien. Pero manipular las señales del mercado (por el bien de la galaxia) es confundir a los inversores. No hay que olvidar que, a pesar de la enorme propaganda a nivel internacional, los datos nos dicen que la crisis del 2008 no se debió a la falta de regulación sino a la mala regulación de los mercados financieros y al mal comportamiento de los bancos centrales (en España hay que añadir la corrupción en los bancos públicos, las cajas). ¿Hay que creerse el "ésta vez no va a ser lo mismo"?

Finalmente, una reflexión. La pesadilla de König es la libertad de los países a elegir su destino. Por ejemplo, Brexit. Piénsenlo dos veces. 
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