De izquierda a derecha, Carles Riera, Xavier Domènech, Roger Torrent, Jordi Turull, Inés Arrimadas,  Miquel Iceta y Xavier García-Albiol. Los candidatos del 21-D lanzaron más ataques que propuestas. /EFE/Quique García
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Elecciones catalanas: la economía prometida

Todos los partidos prometen el retorno de las empresas asustadas por la independencia salvo la CUP, con un programa para acabar con la economía catalana

Todos los programas electorales económicos, según me dicen quienes saben, son una proyección a futuro de la visión económica que cada partido tiene. En las elecciones de la semana que viene la economía proyectada catalana apunta hacia el mismo sitio, pero con diferente intensidad. Todos los programas prometen un gasto mucho mayor del actual, materializado en diferentes dádivas; muchos programas proponen bajadas de impuestos, mayor asimetría respecto a las demás comunidades autónomas, y desde luego, todos los partidos van a traer las empresas que se fueron de vuelta, van a acabar con el desempleo, van a promover el desarrollo tecnológico y la investigación, y solo falta la manada de unicornios sobrevolando la Sagrada Familia para que el cuadro esté completo.

¿Todos? No. Como si de la famosa aldea gala de Astérix se tratara, la CUP no habla una palabra del regreso de las empresas asustadas por la independencia. En realidad, es el único partido con un programa verdaderamente original, que haría las delicias de cualquier “comandante” revolucionario. Y, por esa razón, es el programa que hay que votar si uno quiere acabar para siempre con la economía catalana y hacer de esa región tan rica un erial, similar al de Venezuela.

La CUP propone la autogestión energética a la vez que quiere paralizar las grandes infraestructuras energéticas

Y no es una exageración. Fomento de las cooperativas; sustitución de la ganadería intensiva por la extensiva y promoción de una agricultura respetuosa con la naturaleza;  nacionalización de las empresas estratégicas (infraestructuras, energía, puertos y aeropuertos, telecomunicaciones y agua); creación de redes para la autogestión energética, de servicios y de alimentación; establecimiento de las bases de un modelo de planificación de producción, consumo y distribución; planificación del empleo público y políticas activas de empleo contra la “irregularidad sobrevenida”; y, por encima de todo eso, suspender inmediatamente el pago de la deuda con España y Europa, y decretar “el impago definitivo de la usura legalizada”.

Obviamente, es difícil encajar todas las piezas, porque mientras que propugnan la autogestión energética y promover un cambio en el modelo de consumo energético capitalista, también quieren paralizar los grandes proyectos de infraestructuras energéticas. Lo cual es lógico si pensamos que el objetivo es crear, de la nada, nuevos hábitos de consumo energético, pero si la generación de energía va a estar basada en renovables, va a ser autogestionada, va a estar en armonía con la naturaleza, no termino de imaginar si los catalanes van a acabar, literalmente, a dos velas.

La tasa turística es para la CUP la herramienta económica para compensar el daño del turismo. Del que quede, imagino.

Y todo esto en una sociedad en la que la relación entre la administración y el ciudadano sea digital, va a haber una e-ciudadanía que va a hacer todo mucho más fácil de controlar. Me cuesta entender el puzle entero. Me resulta mucho más sencillo imaginar la centralización económica: la redistribución, la expropiación, la nacionalización de telecomunicaciones e infraestructuras, la transferencia a dominio público de toda obra cultural que reciba dinero del Estado… todo eso está inventado, como las cooperativas y el control estatal de agricultura y ganadería.

La autogestión alimenticia y de servicios en España no es nueva. Y no olvidemos que han pensado en lo principal: lo va a financiar todo con lo que se ahorren del pago de la deuda y la “usura legalizada” y con la tasa turística, que va a ser una herramienta económica para compensar el daño del turismo. Del que quede, imagino.

Original, es. Al menos respecto a los demás, excepto Catalunya en Comú-Podem que es una versión aguada de la CUP, y ERC, que es un poquito menos agresiva. El resto de las formaciones políticas se centran casi todas en planes de desarrollo I+D+i, rebajas en los impuestos, al menos en la cuota autonómica, mucha promoción (mercados de barrio, leche y fruta en los colegios…), mucho potenciar, mucho plan de turismo, de energía, de todo en general, y cada cual apuntando a su “marca de la casa”.

Catalunya en Comú-Podem es la versión aguada de la CUP

El PPC, blandiendo la bandera europea para hacer retornar empresas y capitales, Ciudadanos insistiendo en la recuperación de la confianza, la eliminación de las restricciones lingüísticas, el PSC a mitad de camino de todos los partidos y, por resumir, todos prometiendo tantas cosas, que, a mitad de la lectura del informe de la empresa Estudio de Comunicación, es inevitable plantearse quién va a pagar esta orgía. Los economistas somos siempre aguafiestas y nos preocupamos por estos detalles.

Porque al final, el sueño político de la secesión nos va a imponer una factura económica enorme a todos. Y no nos hemos quitado de encima la “mosca” independentista, que aún hay juicios, algunos fugados y casi la mitad de la población catalana queriendo separarse. Y queda pasar el trago de la no-reforma de la Constitución, el episodio de primavera de este teatro político, y lo que venga. Como ya se preveía desde el anuncio del presidente Rajoy, las elecciones son muy importantes, pero no son más que un cierre en falso. Un cierre muy caro.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

María Blanco

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