La trilateral del 'procés'

Artur Mas (i) y Carles Puigdemont (d) se dirigen a los periodistas después de reunirse en Waterloo (Bélgica) hace un año. /EFE/ Olivier Hoslet

La trilateral del 'procés'

Era un secreto a voces que las investigaciones iniciadas por diferentes jueces iban a acabar con detenciones o, en todo caso, interrogatorios muy concretos

Una de las cuestiones que más me asombran como observador minucioso del denominado procés es que los seguidores del movimiento piensen que ha sido financiado por sus bolsillos privados y no por una mano oculta. La reflexión es tan inocente y pueril que explica el rumbo que, en muchas ocasiones, ha acabado adquiriendo el colectivo.

Tenía que pasar. Era un secreto a voces que las investigaciones iniciadas por diferentes jueces iban a acabar con detenciones o, en todo caso, interrogatorios muy concretos.

Y es que, a pesar de que las nuevas tecnologías propicien el abaratamiento de una campaña de comunicación para movilizar a mucha a gente en la frontera de La Jonquera, por ejemplo, como ocurriera hace un tiempo a favor de los presos y demás, el gasto que representa la parte logística precisa de dinero y mucho.

La presunción de inocencia siempre debe ir por delante. Es la única forma de analizar las detenciones de David Madí, Xavier Vendrell u Oriol Soler. ¿Y por qué estos nombres? De alguna forma trazan los ejes del triángulo que todo movimiento político y de agitación debe tener. La financiera, la logística y la comunicativa.

Madí es un viejo amigo del mundo político catalán con puentes en todos los espacios económicos del país. Me refiero a los catalanes y del resto de España. Sólo así se puede ser miembro de diferentes consejos asesores de grandes corporaciones como Endesa o Telefónica.

El dinero de la familia le viene de la loción Floïd, de venta en toda España, y su olfato político siempre fue innato.

Alguien tiene que pagar el casoplón de Puigdemont en Waterloo y los recursos escasean

En un libro que publicó cuando abandonó la política institucional (la otra no la ha abandonado nunca), Democràcia a sang freda (Democracia a sangre fría) de Edicions 62, explicaba la facilidad con la que se podía manipular a la prensa y, de paso, a los ciudadanos. Este último comentario lo añade quien suscribe.

Esa facilidad para convencer la utilizó en su paso por los diversos equipos de los gobiernos de la Generalitat, principalmente con Artur Mas, sobre todo cuando dirigió la secretaria de comunicación y estrategia.

Xavier Vendrell siempre ha tenido una mente preclara. En la época del primer tripartito, y siendo secretario de organización de ERC, obligó a todos los contratados por las consellerias en manos de Esquerra a apuntarse al partido y así pagar cuotas.

La información tuvo un gran revuelo ya que no todos los empleados que rondaban la órbita del partido querían pertenecer a la formación independentista, pero sí evidencio la mente clara de Vendrell a la hora de lograr recursos para el partido. La misma metodología que implantó en su colaboración con el Tsumani Democràtic: operatividad y pragmatismo.

Oriol Soler fue una de las personas que se dedicó a convencer a unos cuantos empresarios que era el momento para invertir en un periódico de perfil independentista como el diario Ara. Hombre habilidoso con las formas

Conocedor a la perfección de lo que seduce a una parte de la sociedad catalana, siempre más proclive a impulsar cooperativas que sociedades anónimas, aunque sea un defensor de lo privado.

El nacionalismo ha sido siempre habilidoso para encontrar recursos de dinero público

Es uno de los constructores del relato independentista y su interlocución con las redes sociales. Hombre de comunicación, aunque, curiosamente, se le ha relacionado en exceso con activista de la desinformación.

Para resumirlo de forma sucinta, alguien tiene que pagar el casoplón de Carles Puigdemont en Waterloo y los recursos escasean. La causa puede reunir muchos pequeños donativos y hasta importantes aportaciones. Pero los mecenas también se cansan.

El nacionalismo ha sido siempre habilidoso para encontrar recursos de dinero público. Llámese 3% o, en este caso, Diputació de Barcelona, en su época en manos de CiU, a través de la Plataforma Pro Seleccions Esportives Catalanes.

La respuesta que dio Artur Mas al conocer la noticia fue sucinta. Aseguró que se trata del típico show espectacular al que ya “nos tienen acostumbrados” y animó a los jueces a ir a ver los expedientes de esas subvenciones antes de hacer detenciones. Así de sencillo.

Y ahí es donde debe estar la cuestión. Porque una cosa es un documento donde describa dónde deba ir acabar una subvención y la otra que el subvencionado use el dinero público en lo que debe.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Álex Sàlmon

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