Palomas y animalismo

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, durante la presentación del "Pacto por Barcelona", el 21 de julio de 2020 | EFE/EF/Archivo

Palomas y animalismo

En un nuevo acto de fundamentalismo animalista, Barcelona prescinde de datos científicos que ayudarían al tratamiento correcto del problema de las palomas

No hace falta ser un entendido en dinámica poblacional para darse cuenta que en la ciudad de Barcelona hay un exceso de palomas y posiblemente su crecimiento esté descontrolado. Basta pasearse por nuestras calles, lo que permitirá ver además que son frecuentes los ejemplares enfermos o con malformaciones.

En estas situaciones lo que suele proceder es llevar a cabo un control de la especie problema, para limitar su crecimiento o incluso interrumpirlo. Tradicionalmente eso implicaba la captura y sacrificio de los especímenes que un estudio previo aconsejara.

Ahora bien, dado el entusiasmo con que el paradigma animalista ha sido adoptado por el grupo mayoritario de nuestro consistorio, me temo mucho que esa solución ha dejado de contemplarse. Pero por supuesto que el problema existe y algo habrá que hacer. La cuestión es ¿qué? Porque es probable que un problema semejante se planteará a corto plazo con las cotorras. De hecho, en Madrid, el debate ya está abierto.

Hace unas semanas un amigo me pidió mi opinión, como biólogo, de un trabajo que había llegado a sus manos, firmado por cuatro autores pertenecientes a la plantilla del Museu de Ciéncies Naturals y a la Agència de Salut Pública, en ambos casos de Barcelona.

Vaya por delante la aclaración que dicho artículo había sido publicado en una revista internacional de alto estándar, Pest Management Science, lo que supone, entre otras cosas, que había pasado por un proceso de filtrado, conocido en el ámbito científico como “peer review”; es decir, unos revisores, normalmente anónimos, habían considerado que el manuscrito tenía la suficiente calidad como para ser aceptado.

El artículo en cuestión analizaba el efecto que tenía sobre las palomas de Barcelona el uso de un producto químico, la nicarbazina, utilizado como contraceptivo, mezclado con alimento habitual para dichas aves. El Ayuntamiento de Barcelona habría optado por ese sistema para evitar la proliferación de la especie en cuestión.

De nuevo fundamentalismo animalista, como en el caso del Zoo

Partiendo de lo que es, a mi parecer, un sofisticado diseño experimental, los resultados expuestos en dicho artículo son concluyentes: no solo el método no habría conseguido mermar el número de ejemplares, sino que se habría observado un aumento de un 10% en el período en el que se llevó a cabo la recogida de datos (2017-2018).

Para el lector interesado en conocer la fuente, doy la referencia del artículo: Senar et. al. (2020), Nicarbazin has no effect on reducing feral pigeon populations in Barcelona, Pest Manag. Sci. (doi:10.1002/ps.6000, publicado “on line” el 11 de julio).

Entiendo que si se inició la investigación, sufragada por el Comissionat d’Ecologia del consistorio barcelonés, tal y como consta en los agradecimientos, fue porque había serias dudas sobre la utilidad del método de la nicarbazina, por experiencias previas en otras ciudades.

Al llegar a este punto el lector habrá llegado lógicamente a la conclusión que se habrán tenido en cuenta los resultados de la investigación reseñada, para replantearse cómo controlar la población barcelonesa de palomas. Craso error. El mismo amigo que me puso al corriente del artículo me envió una noticia, difundida por Betevé, del todo triunfalista, que afirmaba textualmente: “La población de palomas se reduce por el método anticonceptivo”.

Esa noticia se dio en setiembre, sin duda destinada a contrarrestar la posible difusión del artículo publicado en Pest Manag. Sci. En otras palabras, como los resultados no cuadraban con lo que se considera políticamente correcto, se les dio carpetazo por parte de los que gestionan el tema en nuestro ayuntamiento.

De nuevo fundamentalismo animalista, como en el caso del Zoo. Unas veces se hurta la cuestión al debate ciudadano; otras se prescinde de datos científicos que ayudarían a un tratamiento correcto de un problema. Que conste que no soy el primero en denunciar el hecho, que no dudo en calificar de escandaloso. TOTBarcelona ya lo hizo el 8 de agosto.

Los resultados no se ajustaban a lo que se deseaba oír

Pero el desaguisado no se detiene ahí. Por otros canales me ha llegado la nueva de que, a pesar de los pesares, los responsables de la historia en el Ayuntamiento (Agenda 2030, Transició Digital i Esports) han firmado una renovación de contrato con la empresa Zooethics Ethical Animal Projects S.L. para seguir con el jueguecito de la nicarbazina, por la sustanciosa cantidad de unos 100.000 euros.

Que aparezca por dos veces el vocablo “ética” en el contrato suena como mínimo a ironía.

Pregunta: hacer caso omiso de una investigación científica seria, pagada además con fondos municipales, por la muy probable razón que los resultados no se ajustaban a lo que se deseaba oír, ¿forma parte de la política de trasparencia de la que presume la señora Ada Colau?

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

Adrià Casinos

Profesor de Biología y Ecología (UB)

Profesor de Biología (UB)

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