Ana Mato y la salud como negocio

27 de noviembre de 2014 (12:41 CET)

Apenas cuatro meses después de llegar al poder en Madrid, el nuevo gobierno del Partido Popular aprobó dos leyes de fuerte contenido ideológico neoliberal en materia de educación y de sanidad pública. Esta última la firmó la ahora dimitida ministra del ramo, Ana Mato. Pero no era una ley suya. Era una ley del Gobierno de Rajoy, avalada y defendida con firmeza por el presidente, por el Consejo de Ministros y por el Partido Popular.

Los procesos privatizadores habían comenzado ya antes en comunidades gobernadas por el PP, pero alcanzaron su punto álgido con el desembarco de Mato en el Ministerio de Sanidad. “Su” real decreto de abril de 2012 –torneado a conciencia antes de ganar las elecciones– acabó con el derecho universal a la sanidad, dejó fuera a los simpapeles y a una parte de la juventud, introdujo el copago de medicamentos por los pensionistas y el copago en los medicamentos hospitalarios (que ni los propios consejeros de Sanidad populares se han atrevido a aplicar), troceó la cartera de servicios de la sanidad pública para abrirle grandes nichos de negocio a las aseguradoras y paralizó la ley de dependencia, entre otras medidas.

Acaba de publicarse el libro “La salud como negocio”, coordinado por el doctor Pablo Vaamonde, que deja al desnudo las vergüenzas privatizadoras del PP de Ana Mato, para el conjunto de España, y del gabinete de Feijoo para Galicia. Se están poniendo en manos de empresas privadas (ergo, con afán de lucro) servicios estrictamente sanitarios. No ya los de cafetería, limpieza o seguridad, sino otros relacionados con laboratorios, esterilización o alta tecnología, por poner algunos ejemplos.

Los autores de este recomendable texto, riguroso y abundante en información (“una mina”, dice su prologuista, el prestigioso economista Vicenç Navarro) han elaborado un significativo retrato. Bajo el pretexto de la urgencia por causa de la crisis, se despliega una verdadera ofensiva neoliberal. Con silenciador, eso sí, pero reveladora de que, como dice Vaamonde, la auspician gentes que no creen que las personas con más recursos tengan que financiar la sanidad de las que tienen menos.

Coinciden todos los medios y analistas políticos: la trama corrupta de la Gurtel tumba a Ana Mato. Una cuestión de cara dura. Rajoy la deja caer, ahora sí, para salvar la cara en el debate sobre la corrupción. Al contrario que en el caso de Gallardón, nada tiene que ver esta dimisión con un giro en la política gubernamental. Ni siquiera con la impresentable gestión de la crisis del ébola.

Quien sustituya a Ana Mato recogerá la antorcha ideológica, porque nadie dentro del Partido Popular ha cuestionado esa línea. No cabe esperar otra cosa. Dijeron falsamente que no tocarían ni la educación, ni la sanidad, y vaya si la han magreado. Una cosa es que coexistan sanidad pública y sanidad privada y otra, bien diferente, es privatizar la pública. Cargas de profundidad contra el estado del bienestar.

Porque, para más inri, España es, como recuerda Navarro en “La salud como negocio”, uno de los países de la UE-15 con más bajo gasto público social per capita.