Sánchez rompe el hielo con Cataluña y Rajoy apoya a Barberá

15 de marzo de 2016 (19:56 CET)

Pedro Sánchez le ha cogido gusto al escenario. Ocupó los focos el día que aceptó el encargo del Rey de intentar su investidura y lo ha seguido ocupando por inacción de sus competidores.

Resulta asombroso que se considere una iniciativa de audacia y de riesgo que el líder de los socialistas españoles viaje a Cataluña para entrevistarse con el president de la Generalitat, como si la guerra fría instalada entre las autoridades del estado y las de la autonomía Cataluña no permitiera el menor contacto entre los partidos constitucionalistas y el jefe del proceso independentista.

Pedro Sánchez ha viajado a Cataluña y no se ha producido ninguna hecatombe. Se han abierto puentes desde la constatación de dos posiciones enfrentadas. Pero ha sido un gesto políticamente rentable para Sánchez que han puesto en valor sus detractores.

No ha asumido ningún compromiso y no ha movido ni una ceja sobre la demanda del "derecho a decidir". Incluso la sobreactuación de Ciudadanos, recordándole el compromiso de ambos sobre el tema catalán, ha resultado innecesario.

El PP ha seguido el guión echándose las manos a la cabeza por la iniciativa de Sánchez. Ha conseguido que quede más clara la falta de cualquier iniciativa política de quien todavía está en el Gobierno. Estamos en vísperas del primer choque institucional de importancia de la reciente historia política española.

El gobierno en funciones desde hace más de dos meses se niega a someterse al control parlamentario con el peregrino argumento de que este congreso no le dio la investidura.

Pretende el contrasentido de que un gobierno en funciones, en transitoriedad, puede ejercer sus limitadas funciones sin tener que dar cuentas al poder legislativo.

Desde un punto de vista constitucional, la posición no se sostiene. Pero además, no se entiende que ventajas puede tener confirmar la sensación de que Mariano Rajoy ha renunciado a cualquier iniciativa política distinta de la dejar pasar el tiempo.

En espera de ver si el rey le encarga a Rajoy un intento de investidura que tanto ha reclamado el líder del PP, no se atisba en el horizonte a nadie que quiera pactar con el presidente de Gobierno en funciones.

Lo que ocurre estos días son maniobras de distracción para dejar pasar el tiempo hasta el domingo de resurrección.

En el PP, la iniciativa la tiene Rita Barberá. En una oferta inusual y hasta cierto punto sorprendente, el juez instructor ha invitado a la senadora del PP a declarar voluntariamente. No va ser interrogada ni a comparecer en condición de investigada, sino a declarar lo que ella quiera. Sin preguntas del fiscal. 

Barberá, en una comparecencia pública en tono retador, ha informado su disposición a colaborar pero en ningún caso a dimitir. Después, dos hechos sorprendentes.

El presidente en funciones se ha mostrado complacido por las manifestaciones de Rita Barberá mientras que dos dirigentes del mismo partido manifestaban sin disimulos su contrariedad e insatisfacción por lo declarado por la senadora del PP. Mar de leva en el PP que amenaza con seguir erosionando el liderazgo de Mariano Rajoy.

Hay dos cosas que están empezando a generar consenso. La primera que los más perjudicados por una nueva cita electoral serían Podemos y el PP. El primero hace la digestión de su crisis interna. Por primera vez está a la defensiva.

Habla incluso de la utilización de la policía para "destruir el bello sueño" de esta formación política que está siendo investigada por sus finanzas.  Unas nuevas elecciones serían un calvario para quien tiene tantos frentes abiertos con sus franquicias y sus luchas internas.

El Partido Popular no crece en las encuestas. No recupera los sesenta escaños que perdió el 20 de Diciembre y está amenazado por el crecimiento de Ciudadanos.

El segundo asunto que genera consenso es la sensación es que una gran coalición no tiene recorrido. Los resultados de las elecciones parciales alemanas han castigado a los dos grandes partidos con un alarmante crecimiento de la extrema derecha. Poco motivador para un PSOE que ya no se siente amenazado por una nueva consulta electoral.

Recomiendo a los lectores que esta semana, más que nunca, no se crean nada de lo que lean porque hay muchos fuegos de artificio en espera de que el tiempo apremie, cuando llegue el domingo de resurrección y solo quede poco más de treinta días para que se cumpla el plazo que obligue a convocar elecciones. En realidad, políticamente, la semana santa ya ha empezado.

PD. Cuando termino de escribir el artículo, la dirección del PP ha abierto expediente a Rita Barberá. Mariano Rajoy ha sido puesto en ridículo por su propio partido. Se ha quedado solo apoyando a la senadora que ingresa en la condición de "apestada" por su partido.