Los nuevos políticos y la experiencia necesaria

08 de marzo de 2016 (19:56 CET)

La irrupción de los políticos denominados del "cambio" ha supuesto una renovación profunda de un sistema político, el del bipartidismo imperfecto, que había entrado en una fase degenerativa.

La entrada de nuevas formas de hacer política, de nuevas personalidades de fuerte impronta, en definitiva de savia nueva, ha sido positiva y ha provocado una profunda recomposición del marco y de las formas, no siempre favorables, de hacer política.

No hay duda de que en la política, como en toda actividad, hace falta un periodo de aprendizaje práctico. Los nuevos políticos tienen una base clara de pensamiento político pero en todo caso precisan comprobar como su planteamiento teórico se contrasta con la realidad de la práctica política. No es el mismo reivindicar la solución de un problema que resolverlo.

En casi todos los casos hemos visto como los primeros contactos con la realidad han comportado la necesidad de hacer nuevos planteamientos por parte de los nuevos responsables políticos.

Está claro que no es justo valorar las actuaciones de los nuevos políticos y sus errores de iniciación, pero también es cierto que cuando alguien se postula para una responsabilidad lo hace desde la seguridad de que será capaz de hacer frente a la problemática que esta le plantea.

Muchos políticos han pasado desde  movimientos reivindicativos o de estados de reflexión teórica a tener que lidiar con la práctica política y es evidente que esto  les ha comportado nuevos retos.

Hemos visto como la alcaldesa de Barcelona Ada Colau que al inicio se solidarizaba con cualquier movimiento reivindicativo ahora tiene que hacer frente desde su responsabilidad a las reivindicaciones de los trabajadores que dependen de ella. Y no siempre con acierto.

Incluso ha llegado a hacer declaraciones parecidas a las de ciertos elementos empresariales que descartan toda negociación ante una convocatoria de huelga. Es evidente que la virginidad y la pureza ideológica en los cargos institucionales o en la calle tienen aspectos diferenciados.

Y todo esto a pesar del acierto inteligente de la alcaldesa de encomendar las Áreas de más gestión a gente proveniente de una organización con fuerte raíz y experiencia municipalista cómo es ICV.

Lo hemos visto también en la evolución de Podemos y de sus principales representantes los cuales han pasado de hablar con despecho de la transición a reconocer el paso que significó; han pasado de atacar al sindicalismo de clase al que calificaban de "casta sindical", en parte debido a su proximidad al sindicalismo minoritario, a mantener una relación estrecha y con voluntad de colaboración permanente.

También hemos podido comprobar errores en la estrategia de negociación con el PSOE de la gente de Pablo Iglesias. No hay duda que la lógica de Podemos es acertada, los socialistas no pueden negociar a dos bandas a la vez sino que tienen que escoger entre hacerlo con la derecha que significa C's o con las fuerzas de izquierda. Pero no ha sido políticamente conveniente su negativa a negociar.

Otras fuerzas de izquierda como IU o Compromís con mayor veteranía parlamentaria han tenido una actuación más correcta, no negarse a negociar y decir claramente que al final los programas demostrarán las incompatibilidades.

A Podemos le ha fallado el deseo y la prisa no disimulada de negociar desde la hegemonía, presionando e incluso haciendo un cierto chantaje a Pedro Sánchez.

Podemos tiene toda la razón al plantear  que los socialistas no son fiables y que por eso lo tienen que vigilar desde el gobierno mismo, y ni aun así,  pero no hay que dar espectáculos públicos donde la reclamación de sillas puede prevalecer sobre la validez de su planteamiento. Hay una imagen de demasiada prisa especialmente en el caso de Pablo Iglesias que puede ser contraproducente. Cómo hemos señalado antes, otros como IU y Compromís han actuado de forma más política, en el buen sentido de la palabra, para llegar al mismo final.

A los electos de Podemos no les falta en muchos temas la razón, pero tienen carencias en su planteamiento y se les y nota mucho su carencia de experiencia. Posiblemente su éxito sorpresivo, los ha llevado demasiado pronto y poco experimentados al ámbito de la política institucional.

Y ahora hace falta que vean que los próximos pasos no se pueden conseguir a la misma velocidad. Incluso les podría ir bien pasar un breve periodo haciendo de oposición mientras efectúan este aprendizaje necesario para poder acceder a la gestión del gobierno.

Los nuevos políticos carecen de la experiencia que sólo se puede conseguir desde la actividad práctica y el conocimiento del mundo institucional y de su gestión. Cómo diría algún viejo marxista para conseguir cambiar un mundo sucio es imposible hacerlo sin ensuciarse las manos. El cambio político nunca es puro y lo que hace falta es mantener las raíces fundamentales de su política.

Al respecto de varios problemas o errores en el Ayuntamiento de Madrid, la alcaldesa Manuela Carmena lo resumió muy claramente al decir que sus regidores eran jóvenes y habían pasado de golpe de los movimientos reivindicativos a tener que gestionar la institución y que se debía que ser comprensivo con ello.

Sería preciso que el aprendizaje político y con él un poco de rebaja del "ego" de algunos de los actuales nuevos líderes, junto con una consolidación organizativa que comporte una dirección sin "caudillismos" permita un camino más serio para conseguir un cambio real y con perspectivas.

Y en este sentido estaría bien que los nuevos actores políticos no despreciaran ni minusvaloraran la experiencia que otros compañeros de viaje pueden poseer y que fuera bueno compartir desde un trato de igualdad y cooperación.