El "gran hombre" Pedro Sánchez

09 de marzo de 2016 (17:00 CET)

Dos meses es lo que nos separan de un gobierno complejo o de unas nuevas elecciones que, para muchos, supone caer en el abismo. El primero que ha intentado avanzar en un gobierno complejo, que ha determinado las urnas, ha sido Pedro Sánchez.

Sánchez ha sido el primero en comprender que el gobierno resultante de los pactos debe aceptar, desde el primer momento, que sólo desgastándose hasta el extremo es posible ponerlo en marcha. Se trata de ir creando tensiones, presión entre todos los actores, para conseguir tejer un complejo equilibrio político.

El NO de Podemos, Dil, ERC, Izquierda Unida y PNV es un SI condicionado, posible pero improbable. Del mismo modo que el SI de Ciudadanos y la imposible abstención del PP son un NO aritmético pero, tal vez, posible, si de repetirse las elecciones sigue el mismo o parecido dibujo parlamentario.

Aunque, como todos sabemos, la política tiende a crear soluciones donde todo eran problemas y, por lo tanto, a conseguir que todo sea posible.    

Sánchez, en su primer intento, se ha mostrado como "Gran Hombre" que es el status que se otorga a los que gobiernan la sociedad melanesia tradicional. Es un cargo que recae en aquellos que se han ganado la confianza de la comunidad gracias a su capacidad de repartir entre los miembros de la tribu, alimentos, conchas que son utilizadas como dinero, y otros recursos.

Sin embargo, este cargo de confianza tiene como contrapartida que el "Gran Hombre" debe estar constantemente en alerta, pues siempre hay alguien que le intenta disputar su autoridad. Sin recursos que repartir, pierde su aura de líder y deviene su caída. Sánchez ha hecho el primer intento por conseguir la confianza de la tribu, que le ha dicho no.

En su primer intento no había suficientes conchas a repartir. Véase Referéndum en Cataluña, más cesiones el País Vasco, más políticas de izquierdas con repartición de carteras ministeriales para Podemos o, en el otro eje de la gobernabilidad, dejar que Rajoy sea investido " Gran Hombre " con el apoyo de Ciudadanos y PSOE. Como en la Melanesia, los votantes no votan programas políticos, no apoyan a un partido que no sea liderado por un " Gran Hombre ".  

Sánchez, a diferencia de Rajoy que se escuda en la defensa de su programa electoral y en el hecho de ser la candidatura más votada, ha comprendido que lo que está en juego es ir probando y provocando complicidades para obtener una mínima base de confianza para llevar adelante un gobierno. Un planteamiento político que, aunque tiene mucho de supervivencia política, ha permitido aflorar el posicionamiento de cada partido, sus límites y cálculos.

Esta primera votación permite no socavar la legitimidad de la democracia, basada en la obligación de cercar consensos, acuerdos y opciones, para no colapsar las instituciones. En los próximos dos meses, veremos cuántos líderes políticos buscan, con acuerdos, ser investidos como "Gran Hombre" de la tribu.