Manifestantes en contra del

¿Qué va a pasar con el talento tras el brexit?

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El divorcio del Reino Unido replantearía la migración de profesionales de alta calificación. Y España podría beneficiarse de las futuras trabas británicas

María Blanco

Manifestantes en contra del "brexit" en el centro de Londres, el 2 de julio de 2016. REUTERS/Paul Hackett

Barcelona, 02 de abril de 2017 (05:00 CET)

El pasado 29 de marzo la Unión Europea y el Reino Unido emprendieron juntos el camino de su separación. Las ventajas y desventajas para cada una de las partes de este proceso aún son interrogantes por desvelar. Uno de ellos, sin duda, se refiere a los trabajadores más cualificados. Esas mentes con talento que, como miembros de la Unión Europea, tienen la posibilidad de estudiar y formarse allá donde mejor se acomoden sus necesidades con los recursos de los diferentes centros de capacitación e investigación. Al menos hasta ahora.

Porque el divorcio que viene también implica un cambio en el equilibrio de poder entre los oferentes de esta formación de alto standing y los cerebros demandantes de la misma. Todo ello, con el objetivo de que Europa siga siendo uno de los líderes mundiales en la producción de trabajo de alta cualificación como actualmente es.

En un reciente estudio publicado en el Journal of the Royal Society, se analizan los flujos de cerebros y el impacto del Brexit en el statu quo de la demanda y la oferta de la alta cualificación y la investigación.

En él se identifican tres centros de actividad principales que reciben talento de otros países, lo que se conoce como brain gain: el Reino Unido a donde acuden ciudadanos de los países mediterráneos como España, Italia y Portugal, de países recién incorporados a la Unión Europea, como Malta, Rumanía y Bulgaria, y donde también acuden ciudadanos de países vecinos afines como Irlanda; otro centro sería Alemania, a donde acudirían principalmente ciudadanos de su zona de influencia; y, finalmente, Noruega, que sería la plataforma para los países nórdicos.

Hay que ver si el no poder estudiar en universidades tan prestigiosas como Oxford o Cambridge actúa como elemento disuasorio

Los países exportadores de talento más importantes de la Unión Europea son Lituania, Estonia, Rumanía y Bulgaria y los principales receptores son Gran Bretaña, Suiza, Luxemburgo, Noruega y Chipre. De estos resultados no hay que interpretar que nuestro talento se aprovecha en nuestro país necesariamente. Hay que recordar que España ocupa el puesto 54 de un total de 61, en dominio de idiomas de acuerdo con el índice publicado por IMD World Competitiveness Center.

Lamentablemente, para los españoles el idioma aún es una barrera en la carrera investigadora. En ese mismo índice ocupamos el 5º puesto en ingenieros cualificados. Se da la paradoja de que recibimos estudiantes de ingeniería pero exportamos ingenieros, ya que el nivel de desempleo no permite la correcta asignación de nuestros recursos.

Sin duda, la libertad de movimiento de personas actúa, también en el caso de las mentes más potentes, como motor redistribuidor no coactivo. Y los talentos de quienes viven en países sin una estructura económica adecuada no se desperdicia. Esta afirmación se sustenta en el enorme flujo desde el Este de Europa al Oeste, cuando antes de su incorporación en el 2004, era inexistente.

Los países exportadores de talento más importantes son Lituania, Estonia, Rumanía y Bulgaria

Pero ¿cómo va a quedar este equilibrio tras el Brexit? Lógicamente, los demandantes de formación altamente cualificada se verán obligados a encontrar su sitio en los otros tres centros de actividad. Así, inicialmente, todos los países menos aquellos de gran influencia británica como Chipre, mejorarían, es decir retendrían talento, tanto si se trata de un Brexit duro como si se elige finalmente un camino más amable. Y las cifras son notables, en torno a un 20% en el caso de España hasta rondar el 40% en países como Austria o Bélgica.

Eso se debe a que los demandantes de alta cualificación que ya no pueden formarse en el Reino Unido desistirían y estudiarían en su país o bien, se verían forzados a cambiar su destino. Por ejemplo, según el estudio mencionado, los mediterráneos (España, Portugal e Italia) se quedarían en su mayoría en la zona de Benelux; Alemania y Noruega mantendrían su poder, y aquellos ciudadanos provenientes de países de reciente incorporación de redistribuirían en eso tres epicentros.

 Se da la paradoja de que recibimos estudiantes de ingeniería pero exportamos ingenieros

Hay un factor extra a largo plazo a tener en cuenta. Se trata de la decisión sobre qué carrera elegir. Tomando los estudiantes brillantes que quieren dedicarse a profesiones relacionadas con la alta tecnología y la investigación, hay que ver si el no poder estudiar en universidades tan prestigiosas como Oxford o Cambridge actuará como elemento disuasorio. Y es en este punto donde el sistema de educación superior español, si no fuera tan ineficiente, podría encontrar una ventana de oportunidad para ofrecer a nuestros jóvenes alternativas viables.

 Incluso si no cambia el modelo productivo y seguimos exportando ingenieros, la creación de talento y la mejora del capital humano es el primer paso para acabar con el desempleo y para hacer de nuestro país un centro de estudios de calidad. Las leyes que estructuran la oferta educativa a día de hoy son incompatibles con esta posibilidad. Tal vez es hora de abrir el mercado educativo y exponernos a la competencia.