Referéndum en el espejo de Madrid

29/12/2016 - 06:00h

Un paseo por el parque del Retiro de Madrid, sometido a un sol de invierno a la vez cálido y frío, abre el apetito de pensar, con paso lento, en qué punto nos encontramos para que se pueda, o no se pueda, impulsar un referéndum legal. Se dice y se destaca en la capital de España, que a ratos es ciudad y a ratos es estado, que aquello que pacte la vicepresidenta del gobierno en el diálogo iniciado con los catalanes será la clave porque se concretará.

La vicepresidenta tiene el peso de que las decisiones pactadas por ella se cumplan. Detenta el poder suficiente para llevar el diálogo a regiones hasta ahora inexploradas por el Gobierno de España.

Protegido por la sombra de un árbol, en concreto la sombra de su tronco desnudo, mis amigos madrileños me hacen ver que el referéndum legal está lejos, muy lejos, de poder darse y que, en cambio, se está muy cerca de avanzar en puntos concretos que garanticen permitir abrir el proceso de diálogo. Lo que se pretende es hacer ver a todas las partes que es mejor garantizar acuerdos en cuestiones concretas, destinadas con sabia pedagogía a contentar a la opinión pública catalana, que continuar con el objetivo unilateral, que siempre lo carga el diablo, de celebrar un referéndum (obsérvese los fracasos en Bolivia, Escocia, Italia o el Brexit de Gran Bretaña). La estrategia que parece desprenderse es mostrar que se puede pactar todo excepto el referéndum y que lo que se acuerde se podrá realizar.

Nos vamos adentrando en el corazón del parque del Retiro donde el ruido de la calle ha sido derrotado por el orden viejo del tiempo, que corre a la misma velocidad que nuestros pasos. Las urgencias parecen disolverse, tan sólo contemplando las copas de los árboles, observando la robustez de sus troncos, árboles que siguen ahí, donde los dejaron nuestros mayores. El acuerdo del derecho a decidir, alcanzado por el Pacto Nacional para volver a dar protagonismo al referéndum legal, muestra hasta qué punto una ordenada utilización del tiempo permite saber con claridad aquellas cuestiones que anteceden o preceden a otras. Ganar tiempo implica saberlo utilizar correctamente y, en ese sentido, el retorno al referéndum legal permite situar la discusión en el punto justo en que el gobierno español pueda empezar a clarificar su posición. La posición del gobierno español es clara: no habrá referéndum.

Sin embargo, no es lo mismo decirlo a la opinión pública que tener que argumentar el No política y jurídicamente para hacerlo de forma oficial. Un No que va a apoyar todo el frente constitucionalista, tanto PP como PSOE y Ciudadanos. Un No que obligará al espacio político de Ada Colau a tener que clarificar su posición contraria a un referéndum no legal.

Un No que situará a Junts pel Sí y a la CUP en la difícil decisión de intentar realizar el referéndum ilegal sin garantías jurídicas, sin el concurso político internacional y con una parte muy importante de los catalanes que no están de acuerdo y se pronunciarán no acudiendo a las urnas. En definitiva, según observa mi compañero de paseo y divagaciones, es mejor apostar por el poder real, concreto y aplicable del diálogo impulsado por la vicepresidenta del gobierno que avanzar hacia un referéndum que no se realizará.

El paseo/diálogo termina cundo el ruido ensordecedor del tráfico ahoga lo que decimos pero, sobre todo, cuando impide oír los argumentos del otro. Puede ser una buena recomendación que una parte de la política española y catalana pasee más por los espacios abiertos del parque del Retiro y no se limite a los espacios cerrados del congreso de los diputados.