Podemos 2017

05 de enero de 2017 (06:00 CET)

La carta de Pablo Iglesias leída a sus compañeros de partido, donde se disculpaba por abrir, de par en par, las disputas entre su facción Robespierre y la facción Danton de Íñigo Errejón, tiene más de disimulo, o de estrategia, que de honda tristeza. Lágrimas de cocodrilo antes de hincar sus fauces a quien le dispute el liderazgo.

Y si Danton sucumbió antes que Robespierre a la dulce guillotina, fue porque su intento de reconducir la revolución llegó tarde. La crítica a la tolerancia con el PSOE que se atribuye a Errejón es la misma que acusaba a Danton de ser indulgente con los enemigos de la Revolución. Todas las caídas desde la cúspide del poder quedan asociadas a leyendas o rumores de la historia que le confieren más densidad a ésta.

Cuentan que, cuando Robespierre, en el momento de prestar declaración al ser acusado de dictadura y tiranía en la Convención, se quedó sin habla, se colapsó; lo que motivó que un diputado le increpase "¡La sangre de Danton te ahoga!".

La "vergüenza" declarada por Iglesias pretende, no tanto restablecer la paz interna, sino intentar situar el campo de batalla lejos de los focos mediáticos. Nada debilita más a la causa bélica que un exceso de exposición pública en el que se vaya dando el parte de los caídos en combate. La senda que pretende iniciar Podemos en el 2017 es lade un ascenso hacia su idealizada pureza ideológica. Aunque en ese ascenso cueste respirar, es preferible a un descenso que les lleve a descubrirse a sí mismos.

La estrategia se basa en señalar que sólo se puede conquistar el poder con el espíritu del 15 M y no tonteando con posiciones más centradas. Si cae Errejón, habrá culminado la caída de Pedro Sánchez, al evaporarse cualquier acercamiento entre las posiciones centradas de Podemos y las más anti PP del PSOE. El 2017 certificará el retorno del bipartidismo en España. Ciudadanos se quedará sin aliento, al ver reducido todavía más su espacio político, provocado por el poder del PP  y el retorno a las calles de Podemos, que lo alejan de una oposición constructiva y lo posicionan en la lógica estética y marginal de Izquierda Unida anterior a la irrupción de Podemos y Ciudadanos en la política española.

El final político de la opción de Errejón es una buena noticia para PP y el PSOE, que podrían haberse sentido amenazados por un Podemos más dialogante y, consecuentemente, más proclive a establecer  amplios acuerdos con la izquierda, que hubiera afectado notoriamente a la aritmética parlamentaria que hoy domina el PP. La propuesta de Iglesia estriba en confiar que la legislatura no sea muy larga. Pasa por mantener la pureza del partido sin pactos ambiguos ni concesiones parlamentarias.

Confía llegar a las elecciones no contaminado con la gobernabilidad de España y pensando en unas elecciones municipales donde sólo ellos estén en condiciones de poder criticar la acción del gobierno del PP. Podemos 2017 será más Podemos y, muy probablemente, con Errejón y sus seguidores decapitados políticamente; eso sí, en la más absoluta intimidad.