La estupidez política de los sabios a rabiar

02 de julio de 2016 (01:00 CET)

Un estúpido no es el que dice estupideces, sino el que se las cree. En política, un estúpido es también quien cree en las estupideces que escriben los "plumillas" que acostumbran a despotricar de los políticos sin ton ni son. Lo peor de un estúpido es que a menudo ni se da cuenta de que lo es hasta que se descubre que era uno de esos tontos útiles que enturbian las buenas causas y que son imprescindibles para dar apariencia de verdad a lo que en realidad es una mentira.

Digámoslo claro, la estupidez es dejación de la razón para librarse a la pasión, a lo irracional que emana del pensamiento mágico de los que no tienen nada que aportar. Les pongo un ejemplo. De un tiempo a esta parte, a algunos articulistas que antes andaban bajo las faldas del todopoderoso Lluís Prenafeta les ha dado por cargar las tintas contra el 9N y por ende contra Artur Mas.

Lo plantean casi como si el 9N hubiese sido una traición cometida con alevosía por Mas contra Cataluña y el independentismo. Movidos por un resentimiento político que se me antoja heredado, esos articulistas que ahora hacen gala de un republicanismo que no saben ni lo que es, se unen al Estado en la crítica a Artur Mas porque el otro día dijo en TV3 que la decisión del TSJC de llevar a juicio a Irene Rigau, Joana Ortega y a él mismo por la consulta del 9N tenía una clara intencionalidad política.

Es estúpido pensar que la decisión del magistrado Joan Manel Abril de desestimar la petición de sobreseimiento que habían solicitado las defensas y mantener la acusación contra los acusados por presunta desobediencia y prevaricación administrativa, no tiene carácter político. Lo tiene y lo que es de tontos de remate es que haya alguien que lo niegue por puro sectarismo político.

Que los unionistas se esfuercen por negar que el 9N fue una de las movilizaciones pacíficas más contundentes de la historia contemporánea de Cataluña y España, tiene sentido. Lo que no tiene ningún sentido es que esa tesis la suscriban presuntos independentistas para desacreditar a Mas y denunciar su "engaño" a los "indepes" de buena fe.

Si diésemos crédito a esa interpretación de los jóvenes bárbaros, Mas sería un fraude que merece que el Estado lo cueza a fuego lento y, a poder ser, que se pudra en la cárcel por miedica. Incluso hay algún indocumentado que hace comparaciones históricas estúpidas, de las que sin embargo no sabe ni media palabra, aunque les haya dedicado un librillo ilegible. En historia los comparaciones deben tener sentido. Comparar lo incomparable desacredita al autor de la comparación y no al ejemplo usado.

Ya es hora de que pongamos a todo el mundo en su sitio, no vaya a ser que al final pase como con los editores de Cafèambllet, una publicación especializada en sacar a la luz los trapos sucios de la sanidad catalana, cuyo principal informante fue -¡oh, sorpresa!- la Oficina Antifrau de Catalunya (OAC), dirigida por el magistrado Daniel de Alfonso, el que en las conversaciones con Jorge Fernández Díaz afirmó con desfachatez: "Les hemos dado en todos los morros con Ramon Bagó, les hemos destrozado el sistema sanitario, les hemos acusado, estamos jorobándoles el CTTI [Centre de Telecomunicacions i Tecnologies de la Informació]. En fin, yo soy español, lo tengo claro, pero estoy en una situación que tengo que bailar allí".  

Y allí estaba Albano-Dante Fachín, coeditor junto con su mujer de Cafèambllet, para difundir la información que le proporcionaba De Alfonso y "denunciar" el presunto caso Bagó. Ahora nos ha quedado claro que cuando a principios de enero de 2012 el actual diputado de Podemos por CSQP escribía sus reportajes-denuncia sobre la sanidad catalana, la OAC de De Alfonso le estaba utilizado para presentar al año siguiente un meticuloso informe en el que apreciaba conductas delictivas en la relación entre dos organismos públicos (Consell Comarcal del Maresme y Badalona Serveis Asistencials) y la empresa SEHRS.


En la presentación del informe, Daniel de Alfonso acusó a Ramon Bagó de favorecer a SEHRS desde su cargo directivo en el Consorcio Sanitario de Cataluña, incumpliendo la ley de incompatibilidades, que es lo que Cafèambllet certificó con la documentación proporcionada por la OAC con las intenciones que se descubren en las transcripciones publicadas por Público.

Por esta razón la OAC trasladó los resultados de su investigación a la Fiscalía Superior de Cataluña para que determinara si había hechos constitutivos de delito. Ésta trasladó el caso a la Fiscalía Anticorrupción de Barcelona y en marzo de 2014 el fiscal Emilio Sánchez Ulled archivó el caso.  

Cuando saltó la noticia sobre la conspiración de De Alfonso y Fernández Díaz contra el independentismo, Fachín escribió un lamentable artículo reivindicativo sin una sola línea de autocrítica, denunciando las condenas que había recibido en twitter. No se le ocurrió en ningún momento pedirle perdón a los catalanes por haber sido tan necio.


El estúpido es el que cree en las estupideces que difunden las personas con intenciones aviesas. Está claro ante el proceso político catalán que estamos viviendo desde 2012, cuando Artur Mas decidió escuchar el clamor popular secesionista que se expresaba en la calle, la estupidez prende entre los sectarios por su torpeza en comprender las cosas y, por encima de todo, porque son la presa fácil de los enemigos de la secesión. Dormir con el enemigo tiene una consecuencia kantiana: que si bien el sabio puede cambiar de opinión; por el contrario el estúpido –o el necio, que viene a ser lo mismo–, nunca lo hará.