La agenda catalana

02/02/2017 - 05:00h

Tras una semana difícil para el gobierno de la Generalitat, el programa televisivo con las veinticuatro preguntas de los ciudadanos a Puigdemont, la conferencia de Bruselas y la dimisión del senador Santi Vidal, antes deseado y ahora repudiado, llegó el fin de semana que trajo consigo el sí por parte de la CUP a los presupuestos de la Generalitat.

Un sí que algunos entienden como positivo, pues supone que habrá referéndum sí o sí, y otros como negativo, pues demostrará que nunca ha habido intención o capacidad para realizarlo. Sólo ha habido, dicen, cálculo político para llegar con las espaldas cubiertas y no perder el favor independentista de cara a las próximas elecciones autonómicas o constituyentes.

Una semana ganada o perdida, según cómo y desde dónde se mire. Una semana que desprende el aroma de un principio que encierra, como todo principio, un final pero al que hay sumar una intensidad, en nuestro caso política, hasta ahora nunca vista después de más de treinta años de democracia. La semana certifica la vía del referéndum impulsada por Puigdemont, que Oriol Junqueras debe culminar como quedó establecido por el Presidente de la Generalitat en sede parlamentaria.

También pone en marcha las manifestaciones de apoyo a favor del ex presidente de la Generalitat, Artur Mas, de la ex consejera Irene Rigau y la ex vicepresidenta Joana Ortega. Manifestaciones que deben mostrar que toda Cataluña está de parte de los acusados y contra el Estado español. Implica el inicio de las hostilidades judiciales entre el Gobierno de la Generalitat, que pretende impulsar un referéndum, y el Gobierno Español, que quiere evitarlo.

Mientras todo ello ocurre, veremos cómo los partidos se preparan para las elecciones de octubre. Unas elecciones marcadas por el juicio del caso Palau de la Música, la construcción de un nuevo liderazgo en el PDCat y el intento de reeditar un nuevo Junts pel Si, esta vez con el peso político invertido, donde ERC ocupará el lugar de Convergència.

Como podemos observar, la semana pasada abrió todos estos frentes, en la medida de que el sí a los presupuestos pone en manos del Gobierno de la Generalitat estimular la iniciativa, que estaba coja por la presión de la CUP y la auto exigencia de Junts pel Si. Sin la aceptación de los presupuestos, hubiera sido preciso convocar elecciones y no se podría celebrar el irrenunciable referéndum. Mientras toda la maquinaria política avanza sobre este terreno inestable, dejamos de estar atentos a las próximas elecciones catalanas, que es lo único que sabemos con certeza que realmente se celebrará.

En todo caso,  se va a llegar a las elecciones sin la alternativa clara de un partido catalán de centro derecha o moderado. Sólo concurrirán fuerzas de izquierda, que van desde la CUP al PSC, pasando por ERC y Barcelona en Comú. Incluso parece difícil que el PDECat, una vez que la CUP ha dado apoyo a Junts pel Si, pueda volver al eje ideológico izquierda/derecha, quedando atrapado en el eje independentismo/constitucionalismo.

Mientras todos miramos la fuerza de la ola, no nos percatamos hacia dónde se dirige la nave. Nave que, a paso lento, nos llevará a unas elecciones sin ninguna  oferta electoral que ocupe el espacio sociológico que una vez ocupó Convergència i Unió.