Terror en Alemania y duradero

23 de julio de 2016 (18:13 CET)

La pasada semana tuvieron lugar en Alemania una serie de sangrientos episodios que han sumido a la población germana en un estado de miedo, pánico, angustia e incertidumbre. El período de terror se inició el pasado lunes 18 de julio cuando un refugiado afgano hirió con un hacha a varios pasajeros de un tren regional, acción que fue asumida por ISIS al día siguiente, el relato aterrador siguió con los asesinatos ocurridos en el centro comercial Olympia de Múnich el viernes de la misma semana, y acabó el pasado domingo cuando por un lado un refugiado sirio mató con un machete a una mujer embarazada e hirió a otras dos personas en Reutlingen, y por otro lado en la ciudad bávara de Ansbach un emigrante sirio detonó una mochila con explosivos que provocó su propia muerte y heridas a 12 personas en una acción reivindicada por ISIS.

En relación al atentado de Múnich es importante destacar todas las conjeturas que se plantearon nada más conocerse el ataque. Las primeras hipótesis apuntaban a que estábamos delante de un ataque yihadista de características similares como los perpetrados en Niza, Estambul, París, Bagdad, Dacca o Magnanville. El lugar escogido, el día de la semana, los objetivos blandos, el modus operandi y sobre todo que Alemania está desde hace algún tiempo bajo el punto de mira de los terroristas hacían plausible esa posibilidad.

A todo ello se sumaba la sangrienta ofensiva que está llevando a cabo ISIS por todo el mundo y que busca de alguna manera contrarrestar la pérdida de territorio del Califato. Desde los territorios que todavía controlan, los principales líderes de la organización terrorista de Al-Bagdadi coordinan los ataques, sobre todo, vía online con las células locales compuestas la mayoría de las veces por combatientes extranjeros ( Foreign Terrorist Fighters), es decir aquellos nacionales que fueron a luchar sobre el terreno de Siria-Iraq y que han regresado a sus países de origen con una buena formación militar ( en el caso alemán sus servicios de inteligencia estiman en unos 800 los que han marchado a Siria e Iraq a combatir y unos 70 los que han vuelto a casa con experiencia militar de combate) o bien animando a los que de manera individual han jurado lealtad a ISIS para que lleven a cabo atentados donde puedan y con los medios que tengan a su alcance ya sean armas de fuego, blancas, camiones, estrangulamientos, etcétera.

Estos últimos ataques llevados a cabo por "lobos solitarios" están generando una preocupación añadida entre los servicios de inteligencia por su rápida radicalización y por la ausencia de conexión con organizaciones mayores lo que hace más difícil su detección y posterior control. Ese quebradero de cabeza que suponen los terroristas individuales para la Policía no debe hacernos olvidar que la letalidad siempre será mayor cuando los atentados sean ejecutados por células que actúan con un mayor número de integrantes, con una gran coordinación y con adiestramiento en los campos de entrenamiento o en el propio campo de batalla, como sucedió con los comandos que llevaron a cabo los atentados en París el 26 de noviembre de 2015 o en el Aeropuerto de Estambul el pasado 29 de junio.

Una cuestión también importante es que en el trágico episodio vivido en la ciudad bávara las primeras informaciones apuntaban en la línea de que el joven quizá gritó " Allahu Akbar", Alá es el más grande, pero la grabación de su acción y el suicidio posterior ya generaban dudas sobre la etiología yihadista del ataque, esa incertidumbre va quedando despejada con la investigación de la Fiscalía de Múnich que señala que el tiroteo protagonizado por el joven germano-iraquí fue un acto de locura, producto del trastorno depresivo que sufría.

En esas pesquisas no se debe preterir que las operaciones de los terroristas suicidas difieren de otro tipo de acciones terroristas porque la propia muerte del ejecutor asegura el cumplimiento de los objetivos previamente establecidos; esto es, los terroristas se disponen a morir ellos mismos para asegurar la muerte de otros cosa que no ocurrió con el joven muniqués, pero sí parece ser que ha sucedido en el caso del terrorista de Ansbach.

En este punto es preciso recordar lo sucedido en el piso de Leganés en el que se ocultaban siete de los autores del atentado terrorista perpetrado el 11 de marzo de 2004 en Madrid y donde los terroristas se inmolaron para provocar el mayor número de muertes entre los policías que los rodeaban.

De lo que por desgracia no hay duda, dejando al margen lo ocurrido la pasada semana en Alemania, es que la amenaza yihadista no es ni nueva ni pasajera, que será duradera en el tiempo y que hemos de afrontarla y acometerla con las armas que nos confiere el Estado de Derecho.